Plaza de Almas

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Catón

“Estoy en medio de un triángulo, sin solución, ni siquiera justificación. Me enamoré cuando la vi por primera vez, sabiéndola un imposible”. Recordé hoy esa canción. Un cierto amigo mío la escuchaba y sostenía la tesis de que no hay mujer imposible. Así como cada hombre tiene su talón de Aquiles, cada mujer tiene lo que podría llamarse su talón de Helena. Algunas lo tienen en el corazón, otras en diferente parte, pero en todas hay un punto débil que, conocido por un varón experto, le abrirá la puerta de esa fortaleza en apariencia inexpugnable. Reconozco que el punto de vista de mi amigo es sumamente cínico, y no hace honor a la virtud proverbial del sexo femenino.

 

Continuará en su versión impresa…

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