De política y cosas peores

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Catón

Una señora le comentó a su vecina: “¡Qué frío hacía anoche! Salí, y tardé casi media hora en lograr que arrancara mi automóvil”. “Sí que hacía frío -confirmó la otra-. Yo no salí, y tardé más de una hora en lograr que arrancara mi marido”. El conferencista hablaba acerca de las antiguas costumbres en algunos países de oriente. “Cuando un hombre moría -dijo- su viuda era quemada viva en la hoguera funeral para que lo acompañara por toda la eternidad”. Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, exclamó sinceramente conmovido: “¡Pobre cabrón!”. Sonó el timbre de la puerta y la abrió doña Jodoncia, la esposa de don Martiriano. Le dijo el que había llamado: “Soy exterminador de insectos”. Preguntó doña Jodoncia: “¿Y viene por mi marido?”. El zoológico del pueblo recibió un canguro. Como sabía que esos marsupiales dan saltos muy elevados el director hizo ponerle una cerca de tres metros de altura. Al día siguiente el canguro fue encontrado vagando por el parque. Lo regresaron a su lugar y le pusieron una cerca de cinco metros de alto. Por la mañana el canguro andaba otra vez afuera, muy feliz. El director ordenó que la cerca fuera de diez metros. Inútil: de nuevo el canguro se escapó. Desesperado el encargado llamó a un especialista en canguros. Le preguntó: “Cuántos metros de altura debe tener la cerca para que el canguro no se salga?”.

Continuará en su versión impresa…

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