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En el teatro del pueblo

Martín Sánchez Treviño

Puntual llegó a la cita, cuando apenas se preparaba para subir la escalinata del Teatro Juárez, el más antiguo de la ciudad, del que más tarde habló de su remodelación, fue aclamado por profesores y estudiantes de la facultad de Odontología de Tampico. Tamboras, sonajas hechizas se escuchaban a la vez, una gran manta en su honor no mayor a la algarabía de los jóvenes vestidos color naranja con birretes en cabeza y tenis en los pies.

Era el mediodía, el sol ya había calentado, la mayoría de sus invitados permanecían en las butacas, la plaza Hidalgo estaba ocupada, era una fiesta. Había invitados, la mayoría vestían ropa de gala, el más cual menos vestía decoroso, hasta quienes cargaban los tambores mal no se veían. Había más sonajas que con los candidatos más populacheros.

En el atrio del Teatro lo espera la prensa, sin prisa, sereno y pausado les dio un saludo formal con sabor a bienvenida a cada uno de los reporteros que andan en la tramoya, permitió y contestó todos cuestionamientos. Cuando había concluido su encuentro con las cámaras y los micrófonos, se acomodo de nuevo porque pensaba que le seguirían preguntando, pero los reporteros buscaban una selfie.

Recorrió el atrio, saludo a mujeres y varones, la toma de selfies parecían interminables, pero seguía apapachando a sus invitados. A todos veía de frente, los palmeaba, a algunos los abrazaba, busco una salida alterna del atrio, descendió por la escalinata del nueve Morelos.

Al minuto fue abordado por Diódoro Guerra Rodríguez, secretario de Educación, para la salutación, después llegaron y llegaron invitados. De pronto se despejó la acera, de un convoy de camionetas blancas descendió el gobernador Egidio Torre Cantú y su esposa.

Enrique Carlos Etienne Pérez del Río fue a su encuentro acompañado de su esposa, le dio la bienvenida a su invitado principal, se abrazaron y avanzaron juntos a un mismo paso hacia la escalinata principal.

Las tamboras sonaron más fuerte, las sonajas hechizas también, las primeras porras fueron para Enrique, las demás para Egidio, a quien no dejar de aclamar hasta entrar al lobby del Teatro del Pueblo.

Adentro un locutor que desde las diez de la mañana no dejaba de exaltar los alcances y logros del segundo año de rectoría de Enrique Carlos, mostraba expresiones nuevas para el contingente de mesa principal.

Sin más palabrería el maestro de ceremonias le dio voz al secretario universitario Juan Salinas y este a su vez desahogo el siguiente punto del orden del día, para llamar a Enrique Carlos a presentar su examen.

La moderna tecnología universitaria empezó el rodaje del segundo informe. La cinta bien gravada con excelente resolución enumeró los logros en cada uno de los campus que la universidad tamaulipeca tiene en las ciudades más importantes de la entidad, donde cubre las demandas de los estudiantes de educación superior.

También destacó acciones relacionadas con la vinculación universitaria, el intercambio de docentes y alumnos con universidades de países en desarrollo y de países emergentes. El video-informe mostró la dinámica universitaria, en los terrenos del saber, del deporte, de la ciencia, de la tecnología, de la ecología pero sobre todo en el mundo de investigación, tarea que en décadas había quedado a deber a los jóvenes universitarios.

Pero sin aliento quedo el auditorio, cuando Enrique Etienne tomó la tribuna y le dijo a la concurrencia que los universitarios ya tienen escrituras de los campus Tampico y Victoria. Presumió la exportación de docentes a universidades extranjeras. Habló un cluster de materias vinculadas con el tema energético.

Y cuando daba la impresión de presentar un informe intrascendente, soñador e idealista y de papel, el otro yo de Enrique lo sorprendió desde la pantalla para cuestionarlo, respecto a cómo construiría la universidad de las próximas décadas.

Era parte de la logística del segundo informe. Etienne aseguró que tocará no una sino diez puertas para edificar la universidad del futuro y multiplicará la fuerza universitaria.

Su invitado principal, Egidio Torre, dijo: “Quise ser el mejor aliado universitario, hay resultados, no he dudado en apoyarlos”.

La tambora y las sonajas no cejaron de alegrar, Egidio se despidió, Enrique también. Ambos salieron por la puerta del oriente del legendario Teatro Juárez, la nube de invitados se disipo a las 14:30 horas.

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