BALCÓN DEL PENSAMIENTO

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El privilegio de saber compartir

Alicia Caballero Galindo

Compartir es más difícil que dar, porque significa mermar un bien del que no queremos! prescindir.

 

Una –jovencita con dos bolsas de plástico repletas de prendas de vestir que no usaba, pregunta a su madre:

– ¿Qué hago con esta ropa que ya no quiero?

– Pues regálala, a alguien le puede servir hijita; está en buen estado, solamente revisa que esté limpia y vamos a llevarla a la Iglesia o a un albergue de jóvenes. Puedes regalárselo a la señora que nos ayuda, ella tiene hijas…

La muchacha asintiendo se sintió satisfecha de deshacerse de una ropa que ocupaba espacio en su guardarropa y que no usaba y serviría a alguien más; tomada la decisión, se dispuso a llevarla a su destino.

No cabe duda que el dar, siempre causa satisfacción; vivimos inmersos en una sociedad consumista y de grandes contrastes; es bueno pensar en obsequiar lo que no nos es útil; a otras personas les vendría de maravilla. En cuanto a los alimentos ¡cuántas veces quedan guisos preparados que se guardan en el refrigerador y no se consumen! Es triste que terminen en la basura o en el plato del perro por no compartirlos o regalarlos a tiempo.  A nuestro alrededor hay niños que en la noche se van a dormir con hambre, por la precaria situación de sus padres y sueñan con …algo rico, como los pequeños depósitos con comida que quedan en algunos refrigeradores de casas. Cada vez que un niño se niega a comer lo que se le preparó para cenar, o protesta porque su cobija preferida está en el lavadero y no quiere otra, no aprecia los bienes tan preciados producto de una vida confortable y estable. Es de vital importancia, enseñarles el valor de lo que poseen y concientizarlos que tal vez, en su misma ciudad, o tal vez en su mismo barrio, puede haber niños con hambre y frío, esas prendas o comidas que desprecian, serían un tesoro para otros… hay qué dar gracias a Dios por los bienes que poseemos y aprender a compartir con quienes son menos afortunados; esa es una maravillosa manera de agradecer. A veces temo fastidiarlos con una aseveración repetitiva pero MUY CIERTA QUE DEBEMOS ASIMILAR; el mejor modo de transmitir una enseñanza es con el ejemplo; los niños y jóvenes inconscientemente, tienden a repetir en su vida las conductas de sus mayores, por lo tanto, el diario quehacer de los adultos, debe estar encaminado a adoctrinar a los hijos.

Una de las enseñanzas más valiosas es el aprecio y respeto por los bienes que se poseen y entender que existen personas que carecen de lo más indispensable. Aprender a compartir con otro da al individuo mayor calidad humana. Compartir y dar no es lo mismo, generalmente damos cosas que no nos son útiles; en lugar de tirarlos, se regalan; es bueno para el que los recibe, pero para el que los da es deshacerse de un estorbo,  por lo tanto, su valor ético es relativo.

Es necesario aprender a compartir; si vamos por la calle y vemos a un niño o un anciano, un discapacitado o cualquier individuo que tiene frío y nos quitamos el saco, suéter o abrigo que traemos puesto para aliviar al que no tiene, ¡estamos compartiendo! Si estamos en un restaurante e invitamos a un indigente a comer a nuestra mesa, estamos compartiendo; no es lo mismo que regalarle a la salida las papas o el pollo que no nos comimos. Compartir, es desprendernos de algo valioso que apreciamos o que nos es útil para que sirva a alguien que lo necesita. Compartir es experimentar un gozo interior en partir el único mendrugo de pan que tenemos y paladearlo con alguien que tiene hambre. Si traemos en la bolsa sólo diez pesos y compartimos la mitad, con alguien, disfrutamos nuestra acción aunque nos recorte nuestras posibilidades ¡eso es compartir! El ser humano por naturaleza es gregario y solidario no podemos permitir que la hostilidad de un mundo moderno donde priva la inseguridad y la deshumanización, destruya una de las cualidades más hermosas y satisfactorias que mantienen viva la esperanza y la fe; debemos conservar esa luz que un día Jesús trajo a la tierra cuando multiplicó y compartió el pan, los peces y el vino con los pescadores. Ese hermoso y profundo mensaje de amor, nos indica que Dios le multiplica los bienes a quienes comparten con amor y por convicción; es algo que debemos tener presente, practicarlo y difundirlo con nuestras acciones. No podemos pasar por alto el hecho indiscutible que todos necesitamos de todos.

 

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