REFLEXIÓN DOMINICAL

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REFLEXIÓN DOMINICAL

Antonio González Sánchez

En el ritmo de la liturgia de la Iglesia católica hoy se celebra el tercer domingo de Cuaresma. Y el texto del Evangelio, Lc 13, 1– 9, lleva a hacer la siguiente reflexión:

Hoy, como en tiempos de Jesús, se pueden comentar sucesos dramáticos de los que somos testigos… y Jesús dirá: ¿Piensan ustedes que esas personas eran más pecadoras que ustedes? ¿Qué eso lo tenían merecido? Jesús quiere dejar claro que no hay relación directa entre infortunio y pecado personal, como tampoco entre fortuna y virtud. Lo que sí hay es una invitación a que a no creernos seguros y confiados en nosotros mismos, y volvernos a Dios con arrepentimiento.

Después de comentar estos tristes sucesos de la matanza de los galileos que ofrecían sus sacrificios y de aquellos que murieron aplastados por la torre de Siloé, Jesús cuenta la parábola de la higuera que no da frutos. Con este ejemplo, Jesús dice de algún modo: ustedes se sienten seguros porque ven que su higuera está frondosa y tiene buenas raíces, pero se han olvidado que desde hace años no ha dado fruto alguno”. La higuera no es sólo una planta para dar sombra, está llamada a dar fruto. Cuando ésta no produce fruto, lo lógico sería cortarla para que no ocupe inútilmente la tierra. Sin embargo la lógica de Jesús es diferente. Él sigue creyendo en el hombre y espera algo bueno de nosotros. Por eso dice, como el viñador: “Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no el año que viene la cortaré”.

No dejemos pasar este tiempo de Cuaresma para aflojar y abonar la tierra de nuestra vida, de nuestra persona y así poder dar frutos de conversión en la familia, en el trabajo, en la escuela en todos los que están a nuestro alrededor y esperan de nosotros algo más que una buena sombra.

Se puede orar con palabras del Salmo 102: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia”.

Que la paz y el amor del buen Padre Dios les acompañe siempre.

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