Catón

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De política y cosas peores

Catón

El señor llegó a su casa y encontró a su esposa en la cama, sin ropa -la esposa, no la cama-, toda revuelta -la cama, no la esposa- y mostrando las señas de un fragoroso episodio de erotismo (la esposa y la cama). Al lado de la señora un individuo fumaba con toda calma recargado en la cabecera del lecho. Antes de que el estupefacto marido pudiera pronunciar palabra le dijo su mujer, llorosa: “Y esto no es todo, viejo. ¡También me vendió una enciclopedia!”. El antropólogo le preguntó al beduino: “¿Practican ustedes el sexo seguro?”. “Claro -contestó el hombre-. Marcamos a los camellos que patean”. Los requisitos para obtener el empleo de secretaria incluían presentar tres cartas de recomendación. Don Algón se dirigió a la curvilínea aspirante: “¿Tiene usted tres recomendaciones?”. “Sí -respondió ella con sonrisa insinuativa-. 90-60-90”. Quisiera yo tener la sapiencia cinematográfica de don José de la Colina, a quien admiro sin conocerlo, o del crítico Rodulfo Seyes, a quien conozco sin admirarlo. Si supiera lo que ellos saben, si poseyera el infinito conocimiento que del cine tiene el talentoso Alejandro Pelayo, director de la Cineteca Nacional, podría dar una opinión autorizada sobre la reciente entrega del Oscar. Creo, sin embargo, que el hecho de no saber nada acerca de la técnica del cine ayuda a disfrutarlo más, igual que se goza con mayor intensidad el cuerpo femenino si no sabes nada de ginecología

 

Continuará en su versión impresa…

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