Orbe

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¿Monumentos de confianza o alucinaciones?

Ma. Teresa Medina Marroquín

Dos escenarios políticos son los que más influyen en Tamaulipas para que los “futurólogos” hagan sus apuestas.

El primero tiene que ver con el abanderado del PRI a la Gubernatura, Baltazar Hinojosa Ochoa, que dentro del período de precampañas demostró a sus adversarios la musculatura de miles y miles de asistentes a sus eventos.

Algunos señalan que este matamorense alcanzó impresionantes concentraciones que oscilaron entre diez y 14 mil simpatizantes dispuestos al “más vale viejo por conocido, que nuevo por conocer”.

Lo que la oposición encabezada por Francisco García Cabeza de Vaca no ha reflejado ni por asomo, excepto comentarios de que las muchedumbres “ahí están, pero no se ven” (¡ah caray!).

Abstracción que no tiene punto de comparación (pues lo que se ve no se juzga) con la tarea del priismo de ir más allá de su acostumbrada “estructura”, buscando más y mayores núcleos sociales con una oferta política más elaborada y viable a la hora de gobernar.

En cambio el otro escenario que presenta la oposición sostiene estrategias muy gastadas sino hasta deprimentes con las que supone se posicionará en el ánimo del electorado, dejando de lado las opciones que subrayan lo que la gente espera.

Vaya usted a saber si esa táctica de críticas y golpeteos resulte un éxito electoral en tiempos de alta competencia política. Un fenómeno que varios partidos opositores no han podido superar y donde evidentemente se han anclado durante la mayor parte de los procesos comiciales registrados por la historia contemporánea.

La reflexión ignorada, en ese sentido, parece ser la de utilizar a la sociedad como carne de la diatriba, y cuya percepción quizá no se interprete tal y como se define por la nobleza de la población, aunque tampoco se soslayan los intentos de manipulación.

Ahora bien, nadie puede ignorar que el actual proceso electoral sea un lecho de rosas y campo fértil para un partido o candidatos en especial, ni que los fervores del pueblo estén volcados desde ahora a favor de unos o de otros.

Pero las experiencias públicas en el poder, al menos en Tamaulipas, revelan un gobierno, el de Egidio Torre Cantú, de esfuerzos enormes de desarrollo económico, social y de infraestructura, incluido el espinoso tema de la seguridad pública.

Un esfuerzo que, dicho con mucha claridad, a veces no es reconocido por la ignorancia propiciada por la ausencia de información precisa (o simplemente por la mala fe), pues además ningún gobierno sale ileso del enrarecido entorno internacional.

Obviamente la oposición hace fiesta de esto, aunque no debe olvidarse que la mayoría de sus gobiernos federales, estatales y municipales no han sido exitosos ni de fiar como para asumir el derecho de erigirse en críticos revestidos de autoridad moral.

Surge así la pregunta: ¿Con qué derecho el PAN, hablándolo claro, pretende a estas alturas levantar ante la población sendos monumentos de confianza si sus gobiernos fueron (todos lo sabemos) un completo fracaso?

A eso se le llama cinismo, que se recrudece con nombres y malas famas que no pasan las mínimas pruebas y exámenes populares.

¿Cómo pueden pedirle a la gente que crean en sus promesas si antes no han dado una explicación cierta y pormenorizada de sus actos de gobierno?

Y es que el acto de gobernar implica no sólo hacerlo y largarse, confiando en que la memoria social no recordará los males que hicieron en la escena pública. También tiene que ver con el reconocimiento de sus errores y en la obligada disculpa.

¿No es ahí por donde deben empezar y despejarse de sus alucinaciones? Qué pena es contemplar a un partido político que juzga a otro, porque quien debe ejercer ese juicio es el pueblo, finalmente usuario de los servicios políticos.

 

SECCIÓN 30, UNA ORGANIZACIÓN PLURAL

Muy claros son los conceptos que maneja Rafael Méndez Salas, líder de la Sección 30 del SNTE, cuando define al gremio magisterial como una entidad plural, donde todos sus integrantes son libres de militar en el partido que deseen, lo que le confiere credibilidad y fortaleza a su liderazgo.

En ese sentido nadie puede insistir en que las decisiones de los profesores sean manipulables; educadores que por cierto han aceptado de buena gana las reformas, sin que por ello sus derechos se violenten frente a cambios necesarios y a favor de todos.

¡Buen día y feliz miércoles!

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columnaorbe.wordpress.com

 

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