Conceptos Vigentes

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Cuentos y reflexiones

Tito Reséndez Treviño

1°- EL MÉDICO Y EL MECÁNICO.- Un mecánico estaba desmontando la cabeza de un cilindro de un motor perteneciente a un carro último modelo, cuando vio a un conocido y afamado cirujano del corazón entrar a su garaje que estaba esperando ser atendido por el jefe de servicio.

El mecánico le gritó al cirujano: hey doctor, ¿puede venir hacia acá que le quiero hacer una pregunta?

El cirujano, un poco sorprendido, caminó hacia el mecánico. Éste, limpiándose la grasa de sus manos con una toalla, le lanzó la siguiente pregunta:

Vea doctor, échele una mirada a este motor. ¿No entiende mucho verdad? Le abrí su corazón, le saqué las válvulas y el árbol de levas, las arreglé, las volví a instalar y cuando terminé, el motor funcionó como nuevo. No cualquiera puede hacer este trabajo, se necesita ser muy bueno. ¿Usted podría haberlo hecho?

No, realmente no, es un trabajo muy arduo que requiere gran conocimiento.

¿Lo ve? ¿Cuán importante es un auto para usted doctor?

Sumamente importante, la vida de mucha gente depende de que llegue a tiempo a la operación, y para eso siempre usó mi auto.

¿Se da cuenta? ¡El auto es fundamental y yo sé cómo arreglarlo! Entonces, ¿Por qué yo recibo un salario pequeño mientras que usted obtiene un montón de dinero, cuando ambos hacemos básicamente el mismo trabajo?

El cirujano pensativo, se inclinó pausadamente sobre el mecánico y le dijo, casi susurrándole al oído:

“Trata de hacerlo con el motor en marcha”.

2°- EL PROBLEMA.- Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos para escoger a quien tendría ese honor”.

Voy a presentarles un problema —dijo—. Aquél que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre éste un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló: “Este es el problema”.

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados. Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el florero con determinación y lo tiró al suelo.

“Usted es el nuevo guardián —le dijo el gran maestro, y explicó—: Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema.

No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos. Puede tratarse de un florero de porcelana muy raro, un bello amor que ya no tiene sentido, un camino que debemos abandonar pero que insistimos en recorrer porque nos trae comodidades.

Sólo existe una forma de lidiar con los problemas: atacarlos de frente. En esos momentos no podemos tener piedad, ni dejarnos tentar por el lado fascinante que cualquier conflicto llevan consigo”.

Los problemas tienen un raro efecto sobre la mayoría de nosotros: nos gusta contemplarlos, analizarlos, darles vuelta, comentarlos…

Sucede con frecuencia que comparamos nuestros problemas con los de los demás y decimos: “Su problema no es nada… ¡espere a que le cuente el mío!” Se ha dado en llamar “parálisis por análisis” a este proceso de contemplación e inacción. ¡Busca la solución a los problemas, no nos contemples y sácalos de tu camino!

Por hoy es todo y no nos resta más que desearles un bonito fin de semana en compañía de su familia.

 

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