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Las fobias de Obrador

Martín Sánchez Treviño

 

Ayer estuvo aquí Andrés Manuel López Obrador, su discurso fue el mismo. La mafia del poder, la corrupción, el mal uso de los recursos de los gobernantes. Las alianzas naturales de quienes parten y reparten en este país. La Morena que creó. En fin, un discurso es el mismo tono. Pero con la novedad que el contenido no dista del reclamo de los mexicanos y los tamaulipecos.

Pareciera que escuchas al mismo “loco” que repite las mismas gesticulaciones, que viste la misma guayabera, el mismo pantalón de mezclilla, los zapatos ortopédicos color negro, el pelo encanecido. Su tono cansado y sus trilladas muletillas.

Sin embargo, escucharlo remonta a la fabula de aquel predicador que durante generaciones había gritado sus doctrinas y al paso de los años, un joven lo cuestiona, respecto a cuántos ha convencido en sus años de predica. Y a lo que el hombre le responde que ya no busca convencer, sino que no lo convenzan a él.

Quizá la temática de Obrador sigue vigente porque el país y sus regiones, se instalaron en un confort, en el que sus actores se resisten a cambiar. Y aunque pareciera que buscan impulsar un cambio, hay inercias que les impiden evolucionar.

Y en ese mismo orden las sociedades y las nuevas generaciones repiten los mismo círculos, las mismas rutinas y a esto habría que agregar que por naturaleza el hombre es cíclico. Es una justificación más para que la historia se detenga.

Aunque entonces entraríamos en un nuevo dilema, porque una historia es parte del tiempo y el tiempo es parte del movimiento y la sociedad la componen los hombres y no han surgido todavía los creadores de la máquina del tiempo.

Difícil de entender, pero sin caer en  el mundo de las justificaciones. Esa es la naturaleza de las personas de estos tiempos, de esta era. Y los reclamos difícilmente cejaran, porque conforme la sociedad crezca, son mayores las demandas y menores los recursos en todos los órdenes.

La tendencia es que la nueva historia la construyan quienes tengan más habilidades y destrezas, no precisamente los más inteligentes, los más dotados. Lo cual también es contradictorio.

Quizá por ese motivo, a los puestos de mando llegue quienes menos meritos poseen, pero sin perder la perspectiva del creador de la Morena, que parece iluminado con sus postulados de honestidad, se contraponen.

Más allá de que sea o no un líder en ese orden de planteamientos, si representan un contrapeso, que incomoda a más de uno de los hombres de su tiempo. Por eso resulta no menos importante, que aunque en el supuesto de que no represente una opción electoral él y sus seguidores. Es un foco que no deja de brillar.

Ante todo, porque aunque la temática de su discurso resulta cansada y reiterativa, sigue vigente, porque incomoda a los contrarios. Y el choque de contrarios es elemental en la dialectis, para una sociedad que anhela un cambio, una nueva historia. Con nuevos retos y desafíos diferentes.

Más allá de fobias y pasiones, lo que Obrador plantea, además de incomodar el confort, reúne los ideales del hombre de todos los tiempos, que busca la perfección, en un escenario de descomposición. Que lo más seguro no llegara, al menos ahora.

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