Conceptos vigentes

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Francisco de P. Arreola del Toro

Tito Reséndez Treviño

 

1°- MAESTRO VICTORENSE DISTINGUIDO.- La escritora Marisa Avilés Arreola narra la historia de su ilustre abuelo:

Mi abuelo era un señor habitado por palabras. Las estudiaba, las pensabas, las decía, las enseñaba. Las tenía protegidas en los cientos de libros de su Biblioteca personal. Volando libros en la lectura, naciendo apenas en su máquina de escribir, cambiantes en todos los papeles que cubrían su escritorio, y sobre todo, muy bien organizadas en su memoria.

El lenguaje fue su principal recurso, su herramienta de trabajo como periodista, maestro y poeta en un tiempo de revolución, de cambios y revueltas; su manera de contribuir con la nación que se estaba conformando. Su manera de participar en la construcción de la Patria a través de la educación y del desarrollo del ser humano, del impulso de la identidad regional y del orgullo nacional.

Creía en el lenguaje como medio de trasformación de las personas. En la docencia, para enseñar a conocerlo, apreciarlo, utilizarlo para el pensamiento y la expresión, como medio de comunicación de ideas de progreso, y como espacio poético para promover valores cívicos y morales.

Nació en la Ciudad de México un dos de abril de 1892, sus padres eran de Jalisco. A los 16 años inició sus actividades  literarias, publicó artículos y sus primeros poemas en periódicos y revistas. Viajo por el país y colaboró con periódicos de Tampico, de Reynosa y fue corresponsal de varios diarios nacionales, como el Universal y el Excélsior; escribió durante más de 21 años en los periódicos Novedades y El Nacional. Apenas tenía 20 años cuando fue profesor en la Escuela Nacional Preparatoria en la Ciudad de México, luego en la Escuela Antonio Álzate.

A los treinta años de edad se estableció en Ciudad Victoria, se casó con Esperanza Loperena Cobos y tuvieron dos hijas y siete hijos.

En Ciudad Victoria se le conoce como “El Profesor Arreola”, pues durante muchos años impartió clases en la Escuela Secundaria, Normal y Preparatoria del Estado, impartiendo materias relacionadas con el lenguaje: Español, Literatura, Filología, Literatura mexicana, Etimología grecolatina y Lógica.

Fue periodista durante toda su vida, cubriendo todos los géneros: desde la columna, el reportaje, el artículo de opinión, hasta la crónica taurina y deportiva y la crítica de cine y de teatro. Bajo el seudónimo de “Mariola” escribió en el periódico Noticias, valientes e implacables críticas políticas y sociales. Después, con la firma PAF analizaba problemas de la comunidad, planteaba propuestas de solución y también reconocía los valiosos merecimientos y los destacables logros de funcionarios y de ciudadanos. Durante muchos años colaboró en el periódico El Diario de Ciudad Victoria.

Sabía de memorias poemas de casi todos los grandes escritores clásicos, de los mexicanos de principios del siglo XX, como Amado Nervo, Luis G. Urbina, Manuel Acuña; y de extranjeros como el español Gustavo Adolfo Bécquer y el nicaragüense Rubén Darío.

Le gustaba declamar en actos cívicos y sociales y tenía un especial talento para improvisar discursos. Exigía de sus familiares y alumnos precisión en el vocabulario, clara dicción y corrección en el manejo del idioma.

La defensa del idioma español fue su principal cusa, para este fin se valió, además de la docencia, de la Columna Alfabetizando publicada en El Diario de Ciudad Victoria. En ella exponía las fallas y errores comunes en el manejo del lenguaje y explicaba con argumentos que era lo correcto. Esta lo identificó como El Señor de la Lectura.

Comprometido con la causa de hacer que la educación universitaria fuera accesible para todos los tamaulipecos, con el lema “La Universidad de Tamaulipas en Ciudad Victoria”, especialmente en la década de los años 60, con pasión apoyo la descentralización de la UAT y la instalación de la sede de la Universidad Autónoma de Tamaulipas en Ciudad Victoria, la creación de nuevas Facultades y de la Escuela de Derecho y su incorporaciones a la UAT. Son múltiples de columnas que publicó en varios periódicos a favor de esta causa, e intenso el cabildeo que realizó por esta causa.

Apoyó la formación de círculos de creación literaria. En 1970 fundó en Ciudad Victoria, con la señora María de los Ángeles Guillén de Haces la Sociedad Cultural Bellas Letras Bellas Artes, de las que fue asesor durante 15 años.

En 1971 fue nombrado Oficial del Registro Civil en Ciudad Victoria, puesto en el que trabajo, hasta diciembre de 1986.

El representa para mí la figura del humanista de principios del siglo XX: un hombre avocado a apoyar y trabajar por las mejores causas sociales, por enriquecer la educación y la cultura de su comunidad. Periodista, escritor, educador, poeta, cuya valiosa contribución fue reconocida al otorgársele en – la máxima presea “Pedro José Méndez” al Mérito que otorgo el Estado de Tamaulipas.

En que poquitas letras, pero de tan grandes logros literarios se puede narrar la vida de un respetado y admirado maestro, como lo fue Francisco de P. Arreola del Toro (nota del autor de la columna)

Lo mejor para este día.

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