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El que perdona se traiciona

Martín Sánchez Treviño

 

 

Demasiado se ha dicho sobre la excusa del presidente priista Enrique Peña Nieto, una práctica usual en los políticos priistas, aunque hay sus excepciones. El gesto del presidente Peña lo han relacionado los analistas nacionales con aquel del ex presidente José López Portillo, quien en su último informe presidencial pidió perdón a los mexicanos luego de justificar la devaluación que sucedió a su gestión presidencial, en la que argumentó que había defendido el peso mexicano como un “perro”.

A la postre, es decir, meses después los mexicanos confirmaron que el gesto de perdón Lopezportillista fue un buen ejercicio de la demagogia tricolor. Lo que también dio pie al lema del siguiente presidente mexicano como fue Miguel de la Madrid Hurtado, quien presentó la renovación moral como su slogan gubernamental.

El perdón, como decía el difunto bien recordado por los victorenses, Padre Chayo, de feliz memoria, se da en la Iglesia, así se lo refirió a un compañero de juego de damas chinas, cuando éste provocó que lo derrotaran él y al Padre Cesáreo, con una gran bota, como se dice en el léxico de los jugadores de esa disciplina.

¡Perdóneme Padre Chayo! Exclamo el jugador. A lo que el clérigo respondió –Allá te perdono, señalando la Catedral, porque la partida se desarrollaba frente a la Santa Iglesia Catedral de Ciudad Victoria. Otras “jaculatorias” le dijo a su pareja de damas chinas. Para darle vuela a la fichas e iniciar un nueva corrida.

Las críticas de la prensa nacional han sido contundentes y combativas en contra del Presidente priista. Más agudas que las pronunciadas en contra de los presidentes de origen panista, que incurrieron en otras trivias y que también fueron inquilinos de Los Pinos, pero que el recato fue una de sus prácticas puntuales. Aunque no hay que ignorar la disolución de sus respectivos matrimonios, de Vicente y Martha, situación ante la cual la Iglesia Católica fue permisiva y ningún impacto tuvo en el terreno electoral o político. Quizá porque la doble moral es propia de la mayoría de los mexicanos.

En el terreno de lo civil y lo político el perdón ha sido siempre un sinónimo de debilidad y de flaqueza. Pero en otras culturas tiene un sentido más amplio. Como es el caso de los norteamericanos. Porque para ellos es más importante el arrepentimiento y la disculpa pública. Quizá porque en los acuerdos ancestrales que dieron origen al país anglosajón, la religión y perdón divino ocupan un lugar privilegiado a cambio de confesar la verdad. Por lo mismo se encomiendan a Dios lo mismo para hacer el bien que para invadir y matar.

Pero hay quienes en el mundo de los liberales consideran que quien perdona se traiciona, porque entienden el perdón como una negación del ser como una negación del hombre. Visión antropológica que se agudiza antes de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo en el mundo europeo con la influencia francesa y alemana.

El que perdona se traiciona, es una expresión de los neoliberales en México y como se consideran incapaces de perdonar quizá también su insuficiencia los lleva tener un gesto de no sometimiento al escrutinio de la sociedad. Y por lo mismo ver una expresión en una figura política, pareciera ridícula y falta de credibilidad.

¿Se está anticipando el presidente Peña en su gesto de despedida o es acaso una expresión para recuperar la confianza de los mexicanos, de cara a una nueva elección presidencial, a la que su partido llega debilitado y con medio país entregado al partido de enfrente y el resto a la anarquía?.

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