Lili Saldivar

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Fue un 16 de septiembre!

 Sabiduría en palabras: “Quienes esperan cosechar las bondades de la libertad, deben soportar la fatiga de defenderla”.

(Thomas Paine)

 

Lilia García Saldívar

Mañanita húmeda, luminosa por un sol que vacilaba en alzarse en el horizonte. –Todo el día anterior había llovido, los arroyos llevaban agua y alegremente cantaban una canción, la libertad de correr por entre las piedras, invadir los prados, y gritar alegremente que venían a cubrir los surcos, dar buena cosecha mientras cantaban una canción de libertad.

– Juan uncía los bueyes y se preparaba casi al amanecer a preparar los surcos, con esta ya serían dos cosechas anuales que iría a recoger, María preparaba las tortillas, y freía ya hechas unos deliciosos tacos de huevo que comerían dentro de un rato, cuando los surcos recién hechos y las semillas sembradas por ella, con sus diestros pies, sólo esperarían unos cinco días, en que el maíz sembrado, apuntara su hojita verde, eso pensaba ella, mientras hacía un itacate con los tacos y salía detrás de Juan que ya llevaba uncidos los bueyes y llegaron al campo ya desyerbado unos días antes, eran pobres, pero el amor los unía, entonces dijo Juan

– ¿Oye María, podrás tú echar el agua en los surcos cuando yo me vaya?…

– ¡Pos pa donde vas a ir Juan!…

– Pos mira, el “pagresito” Miguel, quiere que nos juntemos los hombres del pueblo, y dice que hay que rebelarnos contra los “siñores” españoles que nos tienen la pata en el pescuezo, nos pagan lo que quieren, nos maltratan, y el Gobierno no tiene ni un mexicano como nosotros, así es que a lo mejor nos levantemos en armas como dice el pagresito y…

– ¿Oye Juan, y tu cuál arma tienes?

– ¡Mi machete! Y mi hacha pues… ¡María!

– ¡Pero ellos traen pistolas Juan!

– ¡“Pos” yo no sé, el pagresito dijo que cualquier arma, hasta las palas y el azadón!

En esa plática estaban, cuando oyeron que la campana de la iglesia del pueblo de Dolores, repiqueteaba con fuerza, llamando a todo el pueblo y Juan dijo…

– ¿Oyites María? Es el pagresito que nos está ya juntando, ya me voy, ay llévate la yunta al corral, te mando decir luego onde estoy…

– ¡Oye Juan, no me dejes sola aquí, ya me dio miedo que te vayas nomás así, y no me digas ni dionde te busque!

– Mira María, yo te mando decir, ahora déjame darte un abrazo de despedida, y cuidas mucho la casa, los animales… ¡Yo te aviso mujer! ¡Échame la bendición y pídele al siñor Jesús “guelva” pronto!

Y María se quedó azorada, con miedo, y volviéndose hacia la yunta, emprendió el regreso pa su casita, por el camino vio a Lencho su primo que corría “pal pueblo” y llevaba su machete y la pica de los bueyes, vio a muchos rancheros del lugar que corrían hacia aquella iglesia que los llamaba, llegó a su casa, les quitó la coyunda a los bueyes y los echó “pal” corral, les dio de comer a las gallinas y se asomó a la ventanilla del jacal, la gente alborotada corría, ella en un impulso, se lió el rebozo y salió pa la iglesia, que ya rebozaba de gente, la campana seguía vibrando, y ella corrió como los demás, al llegar oyó la voz del padrecito Miguel que decía…

– ¡Mexicanos, esta es nuestra tierra, nuestro país!, afuera los españoles, vayan a sus casas y traigan cualquier cosa que sirva de arma… ¡Todo es bueno! Un hacha un machete, un azadón, una pica… todo ¡Viva México! ¡Mueran los españoles!

– ¡Viva, viva! Gritaban todos, rebosantes de alegría, el yugo español, los tenía empobrecidos, maltratados y muy infelices, todos se daban ánimo y formaron una larga fila de hombres campesinos en su mayoría, y encendidos por las palabras del padre Miguel, quien formó un ejército en la plaza, y de allí irían a Atotonilco donde reunirían más hombres, y de la iglesia de ese pueblo sacarían una imagen de la Virgen de Guadalupe que fue su Bandera, y animados por las palabras del cura Miguel, salió el primer batallón, gritando envalentonados… ¡“Viva México, mueran los gachupines! Y así recorrieron pueblos, ciudades juntando cada vez más gente.

El Grito de Independencia se oyó en todo México, tuvieron grandes encuentros con el ejército Español, a él se fueron agregando militares como Allende, Los hermanos Bravo, Matamoros y muchos más que hicieron un ejército más ordenado, batallas perdieron otras ganaron, la fatiga el desaliento cuando perdían, era mucha, hubo en sus filas muchos militares que hicieron de aquel ejército de campesinos, militares, pero el ansia de la libertad los hizo luchar, una lucha sin cuartel que duró once años donde por fin se vieron coronados los esfuerzos de Miguel, quien sucumbió en un trayecto de Coahuila, llamando Acatita de Baján, antes de cumplir el primer año de lucha.

Mientras duró la guerra de Independencia muchas mujeres tuvieron que sembrar, cosechar, hacer personas de bien a sus hijos, darles escuela y amor a la Patria, muchos hombres y mujeres contribuyeron a la libertad de la patria, y hoy los recordamos con agradecimiento por haber sido tan valientes; España perdió el territorio descubierto por Colón, y hoy nos hermanamos con dicho país, que entre las cosas que nos dejaron buenas, fue conocer a Cristo Jesús, el hermoso idioma, y los actuales mexicanos, somos una mezcla de españoles e indígenas.

16 de septiembre, fecha que nosotros llevamos en el corazón por haberse dado el grito de Libertad, no somos ni indígenas ni españoles, somos la mezcla que Dios quería… ¡Mexicanos!.

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