Lili Saldívar

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¡Un niño cambia su pensamiento!

Palabras Sabias: “Hay que decir a los hijos toda la verdad, si se les engaña diciéndoles que no les va a doler la inyección cómo podrían creernos después cuando les digamos que las drogas y el alcohol perjudican”

(Stan y Jan Berenstain)

 

Lilia García Saldívar

 

¡Como sufrió Arturín por la garganta! no era solo el invierno cuando se enfermaba, en plena primavera y verano era lo mismo, y por supuesto Claudia su mamá siempre estaba pendiente, a Fernando su hermano casi le pasaba lo mismo y entonces Claudia se convertía en su enfermera; inyecciones, vaporub, trapitos calientes, masajes en cuello, en fin, todos los tratamientos que se le ocurrían a ella para bajarle aquel par de bolas enrojecidas en la garganta, luego seguían las inyecciones, el doctor, los tratamientos, pero cada vez que esos niños veían las jeringas para inyectarlos, protestaban ¡No mamá, inyección no, me va a doler mucho! Hijo, es infección hay que controlarla y ayer me dijo el doctor que había llegado el momento de la inyección, solo así se te quitará, pero es un solo piquetito, como si te hubiera picado una hormiguita. ¡Ándale! ¡La hormiguita ya está lista! Voltéate y bájate la piyama; y obedientes a la voz de su madre, medios llorosos, volteando la cabeza para ver el movimiento de la mano de Claudia, la aguja penetraba en la pompis y empezaba a mandar el líquido verdoso o a veces claro de la medicina, casi siempre penicilina. ¡Ya, ya se va a terminar!, decía Claudia si tú supieras que esta medicina es maravillosa, ni te quejarías! Un médico famoso la inventó en 1942, cuando la Segunda Guerra Mundial, pues al ver que tanto soldado se moría de heridas curables, inventó los elementos que tendría esta maravilla para el mundo y toda la humanidad, y hasta para curar heridas en los animales fue buena. ¡Con esto para mañana ya podrás ir a la escuela, y el lloroso niño miraba el piquete y más fuerte lloraba!. Arturín se desquitaba dando gritos y estrujando la sábana de la cama, pero siempre había de parte de Claudia alguna sabrosa respuesta, le daba un beso y le decía… ¡Hay hijito, lo hago por tu bien, para que ya no faltes a la escuela! ¡Pues eso es lo que yo quería faltar a la escuela! ¡Vamos, vamos no digas tonterías, los exámenes finales son este mes, y no quiero que te reprueben! Pero mira lo que nos dice la televisión, que más jóvenes se mueren por drogas y alcohol, que por anginas inflamadas, eso es lo que debes tú valorar, tienes vida, una escuela súper, hermanos, papá y mamá que te quieren tanto y lo que queremos es que te alivies, que pases los exámenes y en las vacaciones nos iremos a donde ustedes elijan, ¿a ti, qué te gustaría? Pues ir a los juegos de pelota, no se aún quién gane los juegos de hoy, pero si la ganan los Sultanes vamos a Monterrey, ¿qué dices mamá? -Me parece muy bien, así podré comprarme algo mientras ustedes van al juego-. Y la plática continuaba, el dolor del piquete ya se había ido y ahora hacían planes, pero en el pensamiento de Arturín habían quedado dos cosas importantes “No drogas” “No borracheras” y estudiar para trabajar y vivir bien, ir de vacaciones a ver deporte una de las cosas que más se necesitan para tener salud. ¡Fuera de mi vida la penicilina!

Su mamá bajó a hacer la cena y Arturín pensando en el divertido viaje ¡Dos cosas perfectas que hacen bien! ¡Deportes y Viajes!, ¡Viva, viva! Gritó el jovencito… la penicilina empezaba a hacer efecto y el niño pensó… ¡Qué buena es la penicilina! Su pensamiento había cambiado ¡Sentirse bien es formidable!.

 

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