Lili Saldicar

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¡Saber dar amor!

 Palabras Sabias: ”Comprendamos que hacer bien a los demás no es un deber es una alegría pues aumenta nuestra salud y nuestra felicidad, que cuando somos buenos para los demás, también somos mejores para nosotros mismos, pues siempre queda algo de fragancia en la mano que da rosas”.

(Dale Carnegie) Editorial Heres.

 

Lilia García Saldívar

 

Manuel no podía dar crédito a lo que leía, allí en aquel libro decía que cuando somos buenos para los demás, somos mejores para nosotros mismos; “Eso no es cierto –pensó– si yo tengo ganas de salir y Eva mi mujer no, porque dice que le duele la cabeza, pues yo me salgo y lo que puedo hacer bien por ella es darle una aspirina y vendarle la cabeza, porqué me voy a quedar a oír sus quejas –pensó–” Aquí dice que hacer el bien a los demás no es un deber si no una alegría; ¡pues qué tontería! creo que el que escribió esto está loquito, porque me voy a quedar yo si tengo ganas de salir, tomar una copa o de perdido un refresco y oír la música en la plaza, hoy viene Denys la mejor orquesta de Estados Unidos y me voy a quedar sin oírla por el dolor de la cabeza de Eva, ¡Ni pensarlo! Ya le di la medicina, y le ayudé a acostarla, le vendé la cabeza y ¡bye! Eva … ¡Que lo disfrutes, yo me voy, me voy! ¡Tú alíviate y mañana que se te quite el dolor, averiguaremos; porque estoy seguro me vas hacer un cirquito… ¡Eso ya lo tengo pensado y decidido! ¡Adiós Evita! Me pongo traje azul, el que me gusta más, el sombrerito nuevo y veré a quién me encuentro, ¡Ay ojalá! ¡Ya sé a quién! ¡Como me gusta la muchachita esa! Pero ni modo me conformo con unas miraditas ¡Porque a ella le pasa lo mismo! Me mira sonriente, incitadora! Pero no, yo soy un hombre casado, me conformo con verla y saludarla pero… ¡Que tontería dice ese libro! Y diciendo y haciendo, Manuel se vistió, se atusó el naciente bigote y pensó; ¡Que autor tan tarugo! Ha de ser un viejo chocho, amargado, y saliendo quedamente de su casa se subió a su coche y ¡Vámonos! ¡Noche de gloria!. Llegó a la plaza con tan buena suerte que se encontró a Ernesto su amigo y juntos se bajaron a la plaza, encontraron una banca y alegres departieron el momento, la orquesta afinaba en esos momentos y el locutor instalaba su micrófono; Ernesto y Manuel no vieron la enorme nube que cubría el cielo, charlaron vacilaron y presumieron ambos, uno de sus coche y el otro de su nueva casa; el locutor dio principio y la orquesta terminando de afinar dio principio. ¡Qué momentos agradables! Platicaron, escucharon los últimos éxitos y de repente se oyó un trueno y un traicionero rayo calló junto a ellos, el estruendo, las gotas de lluvia y el rayo los aventó a los jardines recién regados, se levantaron asustados quejándose del dolor, sus brazos quemados y como cayeron a Manuel se le rompió un brazo ¡Qué susto! ¡Qué dolor! ¡Qué desconcierto!, todos corrieron y la plaza llena se transformó en una avalancha destructiva que los arrastró, pisoteó y asustados se fueron a sus carros, Manuel lleno de dolor, pensaba ¿Cómo manejaré? Batallando, enlodado, el brazo lleno de dolor, llegó a su casa, Eva sin dolor ya le dijo al llegar, ¿Pero a quién se le ocurre salir con esta lluvia, y viéndole el brazo le dijo ¡Vamos al hospital! Ella manejó, le ayudó a vestirse, no se equivocó en nada, le entablillaron el brazo y le dijeron; ¡Esta noche se queda aquí! Lo pasaron a su cuarto y entones Eva le dijo; menos mal que sólo fue tu brazo, dice el doctor que mañana si Dios quiere sales, estarás varios días en la casa, yo te cuidaré, ya te pusieron una inyección para el dolor. ¡Ah se me olvidaba! Gracias por la aspirina que me diste! El dolor se me quitó, y mañana que estés en la casa iré con Elsa de compras al centro, hay un vestido lindísimo que quiero, sólo te quitaré de la cartera mil pesos, pero Julia la recamarera se quedará contigo mientras salgo. ¡Bye Manuel que te diviertas con la tele! Y Eva se fue dejándolo solo con su dolor ¡Que injusticia pensó Manuel!

FIN.

 

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