Lili Saldivar

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¡Un padre como pocos!

Lilia García de Arizpe.

RECUADRO:

La vida en palabras: “Nunca se da tanto, como cuando se dan esperanzas”

(Anatole France)

 

Azadonada la tierra con cuidado, los pedazos grandes los tomaba con la mano, y la tierra se –escurría por entre los dedos, su papá le había dicho:

– Mira Miguel, para que la semilla fructifique pronto y nazca la matita, la tierra debe ser suave, ligera, nada de terrones, lo que el arado no pueda romper, pues allí están nuestras manos hijo, así tendremos una cosecha buena, después de las últimas lluvias, la bezana está lista para recibir la semilla y ya verás que pronto la cosecha empieza a crecer.

Miguel hacía las cosas como su padre se lo decía, pues sentía por él un inmenso cariño, no era regañón como el papá de Luis su amigo, le enseñaba todo con una sonrisa en el rostro, cuando él tenía ganas de algo, le daba esperanzas, como cuando le compró la bicicleta, nunca le dijo “No tengo dinero”, –le dijo– Con la cosecha de trigo nos va a hacer falta una bicicleta para traer recados rápidos, “se me hace que tu bicicleta llega antes de lo que pensamos”… y la bicicleta con canastilla en el frente llegó, no cabía duda, era un padre esperanzador, lleno de risas, de sabios consejos y se comportaba como el mejor amigo.

Miguel estaba en secundaria, y últimamente le iba mal en matemáticas, entonces su papá habló con él, no había furia en el hablar, le dijo…

– Mira Miguel, en casi todas las carreras necesitan las matemáticas, pero más aún, en la que quieres tú, si quieres ser ingeniero civil, tendrás que darle duro a ellas, así que todo tu tiempo libre ejercítate, no quiero andar detrás de ti, pero tienes mi permiso para buscar quién te ayude, no te apures hijo, yo pago el maestro, y no olvides que eres mi esperanza.

Miguel entendió el mensaje, le dijo a su profesor si le daba clases extra y arregló todo para que sus clases no interfirieran en sus demás estudios, a fin de mes, ya se había emparejado con sus notas escolares y vio con satisfacción que había hecho un esfuerzo, pero que se tradujo en mejores notas y sobre todo que su papá estaba contento, eso le daba una enorme satisfacción.

Así pasó las horas del estudio, tranquilo iba con su papá a pescar, a remar, a bañarse al río, a recoger la fruta de los árboles y luego ofrecerla en venta para sus vecinos, y era una satisfacción que cuando llegaba de la venta, vaciaba sus bolsillos y le entregaba a su papá todo, entonces su papá cogía una cantidad y se la entregaba a Miguel

– ¡Ten, todo trabajador debe ser remunerado! –le decía–.

A Miguel le intrigaba porqué sus compañeros no podían entenderse con sus padres y siempre que los nombraban decían.

“El viejo es un necio, regañón, yo tan pronto salga de la escuela, me iré lejos de él”, y trataba de decirles a sus compañeros, que no debían hablar así de su padre.

– ¡Tú porque eres un lambiscón, y te contentas con lo que él te da!

Miguel entonces reflexionaba y se decía a sí mismo:

– Yo quiero mucho a papá, y todo lo que él me aconseja lo hago y me va bien, siempre dándome consejos y siempre lleno de esperanza, yo creo que mi papá es único, pues todos mis compañeros hablan mal del suyo, cuando yo tenga un hijo seré como papá, él me lo ha enseñado todo.

Miguel pensó que él no era la esperanza de su papá, que al revés, su padre siempre daba palabras de aliento y que la esperanza brotaba de ellas, y se sentía contento y fortalecido con ese trato que le daba, se apuró mucho para entender las matemáticas y ese semestre lo pudo pasar con magnífica calificación, y lo mejor, es que él ya entendió lo complicado de esa materia, devuelta pensó en su papá, y vislumbró que a su papá le interesaba tanto su carrera, porque tenía puestas sus esperanzas en él, y agradeció a Dios de corazón el haber tenido un padre tan generoso, tan atento y servicial, que en toda ocasión veía el futuro de su hijo, su trabajo futuro, su calidad de vida, que desde los comienzos se adelanta y piensa en lo mejor para los suyos. Y con todo el amor que le era posible, y sintiendo el amor de aquel padre preocupado por él, elevó una oración de amor y de gracias por el mejor amigo que Dios le había dado… ¡Su padre!

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