Lili Saldivar

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¿Y tú, completas con tu quincena?

Palabras Sabias: ¡Muchas veces se confunden la mala administración, con el destino!

(Chon Landes)

 

Lilia García Saldívar

Ana María suspiró, se calzó los zapatos de siempre y se preguntó a sí misma, ¿Por qué tengo que ponerme estos zapatos que me aprietan?, si ahora en verano podría tener unas hermosas zapatillas de vistosos colores, no traer tacón que a veces me cansa horriblemente y a ningún vestido le queda, además los zapatos son negros, debía yo de traer en el verano una bolsa blanca con adornos negros para que me quedara algo que combina, pero no, nunca tengo dinero para comprar lo que yo quiero, primero son los cigarros de Rafael, el cuaderno de Chuyito y la lonchera de Mariana. ¡Ya estoy harta de tantas estrecheces, Rafael no hace nada por progresar, tener un trabajo más lucrativo, sólo irse con unos amigos al café donde no sólo toma un café, toma cuatro y el que le doy en la cena cinco. ¿Resultado? Que en la noche no me deja dormir, se levanta al baño como tres o cuatro veces, y luego viene maldiciendo porque se pegó en un dedo del pie descalzo en una silla según él, “estaba mal puesta”, me despierta, se enoja a las dos de la mañana, grita y a gritos me hace que me acerque, le sobe el dedo media hora llenándome de improperios por la silla fuera del lugar. ¡Esto no es vida¡ Es un remedo de vida, –pensó– luego se enoja por la chalina que le fue Lupita a vender, porque no tenía dinero para llevar a su niño al dentista, y ni modo tuve que comprársela ¿Qué gente tan gastadora ,en lo que va de año le he tenido que comprar la bufanda, el lápiz labial ya usado, la cosmetiquera verde que tiene un agujero, los aretes y los zapatos rojos porque no tiene con qué comprar el pan de día, o se les descompuso la licuadora ¡Ay, siempre vende y vende lo más usado que tiene! ¿Por qué será así? Porque yo me aguanto con lo viejo que tengo, bueno de vez en cuando si compro algo, por ejemplo ayer que fue Chuchita a venderme la bolsa roja no pude resistirme ¡Está lindísima! Lástima no tener de perdido una falda roja y ni modo, en la cartera solo traigo diez pesos, justo para el pan de hoy. Las compras “inevitables” que surgen en los trabajos dan al traste con la costumbre de no dejar escapar nada; parece que lo que te llevan a ofrecer aunque sea lo más insólito, a una le da pena cuando te dicen, es para la leche de mi bebé, en el bote ya no queda casi nada, y así se compran libros, lentes oscuros que se nos ven muy mal, bolsas casi, casi nuevas, bufandas, el frasco con menos de la mitad de perfume porque Arturito va a entrar ya a clases y le piden muchos cuadernos, libros y colores, y ahora hasta cera para encerar su mesa banco del próximo año. Bueno me fueron a ofrecer hasta una ardilla y un sapo barrigón, porque la ardilla se come las patas de las sillas del comedor, y como el comedor tuyo, tienen las sillas patas de metal… ¡A ti te conviene! Y ¿el sapo? –pregunté– “Oh es que me acordé que tú tienes muchas cucarachas en la cocina y el sapito se daría gusto allí; en la mía no hay muchas cucarachas, porque sabes que soy muy limpia y tengo que ir al basurero de la esquina a ver si siquiera me encuentro dos y que sólo haga una comida al día. “Bombas” aparte de que me vende algo que necesito, hasta me juzga de sucia, “Porque ella es muy limpia! Y así por ese tono, en los trabajos se venden toda clase de cosas que no necesitas, pero su apuro es tan grande que te da lástima y caes estrepitosamente; una vez llegó una conocida a venderme ¡Baratísimo! Su vestido de novia, porque sabía que mi niña iba hacer su primera comunión y según ella sólo que le quitara dos cuartas de la falda, el vestido le quedaría a mi niña, que era “una preciosidad de criatura”, y hasta de pilón me daba la corona de novia que se le iba a ver a mi niña “bellísimas” ¡Señor!, que de tretas para embaucar a incautos oficinistas que se privan hasta de un refresco al día, por tal de no gastar, pero de vez en cuando se encuentran a sus “Taraditas” que siempre gastan la quincena en cosas que no necesitan, y luego se quejan de su amargo destino, de no tener dinero para lo urgente y necesario pero compran todo lo que les llevan, hasta ardillas y sapos. ¿En qué país vivimos? O somos un pueblo sin conciencia, y como dice Fernando Seriñá Garza en Televisión “Hay se los dejo de tarea”.

Administrar el sueldo, es un arte que requiere sobre todo “No caer en tentación”.

 

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