Lili Saldivar

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¡Día de muertos!

Palabras sabias: “Pedirle a Dios en oración por el que se fue es algo digno de su misericordia”.

(Reflexión Árabe)

 

Lilia García Saldívar.-

 

Cuando preguntaron a Jesús ¿Cuánto tiempo se debe guardar luto por el que se muere? Contestó… “Lo que dura debe ser hasta que le das sepultura” A Ofelia, linda estudiante del siglo que ya pasó tuvo la mala suerte de no saber esto hace mucho, mucho tiempo. Ella y su mamá habían quedado solas, con ellas vivía el papá de Ofelia, al que ella le tenía respeto, pues en aquel entonces solía suceder que se les tenía respeto a los padres, cosa que ahora se ha ido perdiendo la costumbre pero bueno, el suceso fue cuando su padre murió y ella jovencita y su mamá quedaron ya solas, un hermano generoso de Ofelia les dio una casa un poco más pequeña que la que tenían y allí vivieron las dos varios años; el luto en aquel entonces era riguroso y aparte del vestido impecablemente negro, y las carísimas medias igual, la mamá de Ofelia la obligó a traer tapada la cabeza con un feísimo chal negro, que le dejaba su pelo ligeramente rubio escondido, bajo aquel chal negro, le apachurraba el pelo y se lo dejaba electrificado, además el gracioso peinado se escondía en aquel riguroso luto; un día domingo la muchacha salió con su novio, era domingo, antes del luto solían ir al cine, pero como ahora había luto, además de disfrazarse toda de negro, sólo había una plática en la Alameda, si acaso un refresco comprado a un ambulante, y regreso a casa. Ofelia ya venía enojada con ella misma, a la media se le habían ido dos grandes hilos y el calor de mediodía le traía la cabeza encrestada, no sólo de dolor, si no que el insoportable chal le había dicho adiós a su coqueto peinado y las puntas de su sudoroso pelo se hallaban lisas y puntiagudas, ¡Adiós peinado! Y el acaloramiento de la cabeza tapada la traía ya de mal humor, llegaron a su casa, el novio se despidió y ella enojada, casi furiosa, se quitó el chal lo aventó a la cama y le dijo a su mamá: por fin, me quito este mugroso chal que me pusiste, como si no fuera suficiente vestir toda de negro ahora en el verano ¡Este maldito chal, ya no me lo pongo! Y lo arrojó al suelo, a lo que su mamá respondió… ¡Válgame hijita, no querías a tu papá! ¡Qué tiene que ver el chal y la ropa negra mamá!, yo podría andar de blanco y no como la llorona gritando por la calle “Ay mis hijos” y aventando lejos de ella la ropa negra, se puso un vestido de algodón rosa y se fue enojada ¡Ahora que haría! Pasando el patio de su casa, había un corral con borregos que tenía su hermano y después saliendo de él, un precioso jardín con huerta, a la cual se salió a caminar y calmar su coraje que traía. En México y principalmente en la isla de Janitzio y el sur del país, la costumbre de llevarles flores y comidas a los panteones, se usa mucho, yo no digo que mantener un sepulcro limpio y sin hierba sea malo, pero sí esa reverencia de hasta dejarles comida y tal vez, platicar de cómo eran, comer sobre la lápida sucia y volver a llorar a gritos y escandalosamente ¡Ay porqué te fuiste Ramón! Todos tenemos que afrontar ese último paso que damos aquí en la tierra, y hacerlo sin escándalo de parte de los que aún viven, es algo fuera de lo común, recordarlo pedirle a Dios que lo tenga con Él y platicar con la familia de algún recuerdo del muerto. ¡Está bien! Así las nuevas generaciones podrán saber qué hicieron sus ancestros y si se puede imitarlos en las cosas buenas que tenían; pero llorar a gritos ¡porqué te lo llevaste! Reprochándole a Dios su deseo, no sólo es impropio, es ridículo. Pidamos a Dios en oración, que todos los que se han ido estén con él, con la luz, y que tengamos paz en el corazón es algo bueno, lo demás son costumbres ancestrales que deben desaparecer, un buen recuerdo que se fue, es algo magnífico, hagamos lo posible de que nos recuerden así. …

 

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