Reflexión Dominical

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Antonio González Sánchez.-

Cuando acaba de pasar la celebración de los fieles difuntos, la Palabra de Dios que se proclama y se escucha este domingo viene a reafirmar la esperanza en la vida futura.

Pasada la frontera de la muerte, se abre para el creyente el horizonte de la plena comunión con Dios. “Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti” exclama hermosamente el autor del salmo 16.

Para llegar a esa intuición feliz, el Antiguo Testamento recorrió un largo camino, como una lección lenta y progresiva que a través de dudas y oscuridades llevó a la luminosa profesión de fe que se encuentra en el segundo libro de los Macabeos, 7, 1 – 2. 9 – 14, que hoy se proclama como primera lectura. En esta celebración del heroísmo de los hermanos mártires durante la revuelta macabea, el discurso se centra teológicamente en la repetida profesión de fe en la resurrección.

El creyente del Antiguo Testamento que habla en esos textos, inspirado por el Espíritu Santo, está convencido de que el vínculo de amor que se ha establecido entre Dios y el hombre justo, durante la existencia terrena de éste, no puede dejar de llegar a una perfecta floración más allá de esta vida.

Este tema es también el que domina en el pasaje del Evangelio, Lc 20, 27 – 38, que presenta una de las “controversias” que Jesús tuvo en Jerusalén con los diversos grupos teológicos del judaísmo de aquella época. Aquí está en acción los “saduceos”, el partido aristocrático- conservador, al que pertenecían los altos miembros del sacerdocio judío. Los saduceos polemizaban con los “fariseos” especialmente sobre el tema de la resurrección, que aquellos negaban.

Por medio del “caso” que presentan a Jesús, tratan de enredarlo en las mallas de una discusión teológica, que tiene también sus aspectos políticos y de juego de poder, para asegurarse la mejor posición en la vida religiosa del judaísmo de entonces.

Jesús deshace esa red hipócrita y aprovecha la ocasión para exaltar el esplendor de la comunión con Dios y la verdadera actitud del creyente. Contra el miedo de la muerte, contra las curiosidades morbosas sobre el futuro del hombre, Jesús opone la esperanza pascual, ligada con el Dios de la vida.

Se puede orar con palabras del Salmo 16: “ Protégeme, Señor, como a la niña de tus ojos, bajo la sombra de tus alas escóndeme, pues yo, por serte fiel, contemplaré tu rostro y al despertarme, espero saciarme de tu vista”.

Que el amor y la paz del buen Padre Dios rico en misericordia permanezca siempre con ustedes.

 

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