Catón

0
41
Tiempo aproximado de lectura: < 1 minuto

Catón.-

De política y cosas peores

Babalucas fue a una casa de mala nota y preguntó por la tarifa, tasa, coste, honorarios o arancel de las muchachas que ahí prestaban sus servicios. “Mil pesos” -le informó con laconismo la madama. “Sólo traigo 200” -manifestó apenado el badulaque. “Con ese dinero -replicó desdeñosa la mujer- apenas te alcanza para un trabajo manual”. Babalucas salió de la mancebía sin decir palabra. Poco después llegó de nuevo y llamó a la puerta del establecimiento. Apareció la mamasanta: “¿Qué quieres ahora?” -preguntó impaciente. Babalucas le entregó dos billetes de 100 pesos y le dijo: “Vengo a pagar”. (No le entendí)… El borrachín del pueblo agonizaba en el hospital de pobres, víctima de sus excesos. Un sacerdote acudió a impartirle los últimos auxilios de la religión. “Dime, Beodio -le preguntó-. ¿Renuncias a Satanás?”. Contestó el borrachín: “Perdóneme, padrecito, pero no. En la situación en que me encuentro no creo conveniente indisponerme con nadie”… Tres amigos expertos en amoríos hablaban de un tema interesante: la ropa íntima femenina. Dijo uno: “A mí esa ropa me gusta sencilla y sin adornos”.