Lili Saldívar

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¿Quién quiere un gato?

 

Palabras sabias: “Es raro que a las mujeres les gusten los gatos. porque son independientes, no obedecen, no hacen caso cuando se les llama a comer, les gusta estar afuera toda la noche y al regresar quieren comer, en suma las mujeres quieren a los gatos por las mismas razones que detestan a los hombres”.

Ms. Bulver.

(Rusia)

 

Lilia García Saldívar

Aquel gatito jugaba con todo, le encantaba jugar con tenedores y corbatas, cucharas y cucharones de servir y cuando tenía hambre le llevaba a Silvia el cucharón grandote la seguía por todos los cuartos, se metía detrás de Silvia le lloraba hasta que ésta se fastidiaba de tanto oír maullar al condenado gato, le daba la bolsa de las croquetas, el gatito se la llevaba gustoso y se la llevaba a la sala y con dientes, manos, patas y mucho ingenio rompía la bolsa se regaban las croquetas y empezaba a comerlas meneando la cola de contento, por supuesto siempre dejaba la bolsa rota, papeles y croquetas tiradas en la alfombra y eso era la desesperación de Silvia y se preguntaba ella ¿Por qué no se las sirvo yo? Y luego se contestaba. . . “Para ya no oírlo maullar tanto, además me desespera oír sus maullidos, por eso se las aviento, luego pensando más reflexionó. A Roberto le hago lo mismo cuando llega tarde con olor a vino, y a cierto olorcito de colonia barata que no es la de él, por eso me enojo, aunque él me explique mil veces que trabajó hasta tarde, a veces hasta llora para que le crea, pero lo que más me gusta, es que vuelve a salir y luego me trae un collar, un anillo, o una cosa bonita y luego ya contentos le digo “Oye esa pulsera está lindísima, me va hacer falta un vestido del mismo color y allí Roberto con cara de “ya no lo vuelvo hacer”, me pone una serie de billetes y pregunta. ¿Con eso completas? Bueno tal vez para una falda, pero vi en un aparador un vestidito con encajes azules que le quedaría “Divino”, ¡y así Roberto resignado se saca otros billetes y le da. ¿Así? Y entonces Silvia más contenta que unas castañuelas recoge el dinero y se va al centro, pero antes le dice a Roberto. ¡Adiós vidita, eres un sol! No me tardo, sobre la mesa dejé tu cena, recoges la mesa. “Bye, bye eres un sol” Y así pensó Silvia, el gato me la hace a mí, y después a media noche me da maullidos lastimosos debajo de mi cama, hasta que le doy la bolsa de las condenadas croquetas, y luego tengo que recoger su mugrero! Mmmmm, creo ya me tomó la medida, igual que se la tomé yo a Roberto, pero un día las cosas se complicaron Roberto llegó borracho, embarrado la cara con labial rojo subido, y cabellos rubios en la cabeza , en la solapa del abrigo, y qué raro –pensó–, “También, traía cabellos en otro lado y encontró tres en su pecho, Roberto dormía, así que fue manipulado con confianza, traía más cabellos en la bufanda y se dijo a ella misma; “Válgame, me gustaría decirle a esa pirujilla que sea más discreta, pero una sonrisa de satisfacción salió en su cara y pensó “Pero el trajecito morado con la bolsa que vi serán para mi” y acabando de desvestir a Roberto, sonrió satisfecha y se acostó a su lado. Hoy… ¡Dormiría contenta vestido y bolsa morada serían suyos! Mientras el gato con una sonrisa y lamiéndose los bigotes pensaba, “Creo que estas croquetas están más sabrosas, mañana me doy un atragón y me las acabo ¡Hay que linda es la vida! FIN.

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