Lili Saldivar

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¡Una vana ilusión!

 

Palabras sabias: “El matrimonio es como manejar la batuta, dar saltos mortales o comer con palillos chinos, todo parece fácil, hasta que no lo intentas”

(Herber Rusell)

 

Lilia García Saldívar

 

Lo había conocido en una fiesta de 15 años, a la cual Ernesto no quería asistir, pues para sus veinte años, le parecía una fiesta de quinceañeras muy infantil, pero al verla por primera vez había quedado extasiado de ella, de la cual no sabía su nombre, pero su mirada, su sonrisa y el delicado paso que tenía lo dejó sin habla, la siguió con la mirada y le preguntó a Pepe con quien platicaba en ese momento…

–Oye Pepe, ¿conoces a esa chica que viste de rojo?

–Sí claro, acaba de llegar a la ciudad, su papá es el ingeniero mejor pagado de la Harvest, y el otro día que estábamos en junta llegó ella preguntando por el ingeniero, como estábamos ya terminando la junta el jefe nos la presentó, se llama Azucena, y en verdad parece una flor ¿no te parece?

–Oye Pepe, preséntamela… tal vez si la invito a bailar quiera… está rete chula, no me voy de aquí sin conocerla.

–Pepe conocía a su amigo como era de cargado a veces y le dijo…

– ¡Está bien, vamos y te la presento!…

Y se encaminaron hacia donde estaba Azucena, que en ese momento platicaba animadamente con una amiga, Pepe se adelantó y les dijo

– ¡Hola amigas, platíquenme el chiste, pues se ríen muy sabroso! Las dos dijeron…

– Hola Pepe cómo estás. . .

– Bien, oyendo esa preciosa música, mira Ernesto, te presento a la hija del ingeniero Domínguez, se llama Azucena y su amiguita Silvia.

Azucena quedó deslumbrada con la sonrisa y el comedimiento de Ernesto, que en vez de estrecharle la mano, la tomó delicadamente y mirándola a los ojos le besó sus dedos, luego oyó que murmuró “Al fin te conozco Azucena, eres bellísima”, ese fue el principio, luego bailaron, platicaron y cada uno se llevó en su mente que habían conocido a su perfecto amor… ¡Los ojos les brillaban!… las palabras delicadas les decían entre líneas a los dos “Eres mi pareja perfecta!, y el tiempo pasó, se siguieron viendo, se hicieron novios, y el siguiente paso era el matrimonio… ¡Que dulces ensueños!, ¡Que ilusión tan perfecta tenían los dos!, y el día llegó y ambos prometieron amarse hasta el último día de su vida pero… ¿Había algo perfecto en la vida?

La vida matrimonial comenzó con delicadeza y emoción, después del viaje de bodas se instalaron y cada detalle del arreglo casero, les parecía un paso más hacia la felicidad perfecta, aunque Azucena notó que todo lo que reportaba un gasto, era pagado por Ernesto con disgusto, y en varias ocasiones le dijo ¿Es necesario comprar esto?, Azucena decía dulcemente, se verá hermoso en el recibidor, hasta que un día Azucena le dijo:

– Veo que te disgusta comprar algo bello para nuestra casa, ¿qué te pasa Ernesto?

– Dime Azucena, ya tenemos las lámparas, ¿qué eso no es suficiente?

– Sí pero ese rincón se iluminaría mucho y se notarían más los cuadros que ya tenemos

Ernesto compró la lámpara de mala gana, y burlándose expresó…

– ¡Ay sí, el rincón se verá precioso!, ¿pero quién es el que paga, o la vas a pagar tú?

Azucena por vez primera hizo un gesto de disgusto y expresó

– Al señor no le gustan las cosas bellas, pues estas le reportan un gasto en el bolsillo.

Y de ahí en adelante se sucedieron incidentes, unas veces por dinero, otras por la comida y la ropa, hasta que de ellos cayó la máscara del encantamiento y los dos se mostraron, orgullosos a veces, otras con el disgusto retratado en la cara, palabras burlonas e hirientes iban y venían, y al cabo de medio año de casados, los dos no se hablaban, salían cada uno solos, se disgustaban por todo, el amor se convirtió en crítica, y el encanto desapareció, que arrepentimiento de parte de los dos, y un día Azucena llegó con los papeles del divorcio, y aquello que había comenzado bajo los mejores auspicios se derrumbó, porque Ernesto al ver que ella daba el primer paso para la separación, firmó con un gesto de decisión, y acto seguido hizo su equipaje y se fue. ¡El amor había terminado!, ya nada le gustaba de Azucena y a ella nada le gustaba de él. ¡El encanto era ficticio y los dos actuaron como adolescentes, creyeron fácil el matrimonio, y éste resultó una tortura difícil de llevar.

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