Desde Argentina

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Polémica comparación de Vicente Fox

Hernán Andrés Kruse

 

 

El presidente de los Estados Unidos es una topadora que arrasa con todo. Desde que asumió (y apenas pasaron días) habló, gesticuló y tomó decisiones que enloquecieron a más de uno. 62 millones de norteamericanos decidieron que Donald Trump sucediera a Barack Obama el ocho de noviembre pese a que otros 65 millones optaron por Hillary Clinton. Pero como allá impera el colegio electoral, el magnate obtuvo más electores que la ex primera dama y se consagró presidente del país más importante de la tierra.

En lo que va de su mandato el país que más viene sufriendo los embates de Trump es México, al que el magnate considera un patio trasero poblado de gente de mal vivir. La relación entre ambas naciones se ha tensado mucho por estas horas luego de que se conociera la versión de un supuesto maltrato al que Trump habría sometido al presidente Peña Nieto cuando “dialogaron” telefónicamente hace unos días. Con semejante clima político, las pasiones se exasperan, la razón se obnubila, la sensatez desaparece; la convivencia civilizada se torna imposible, en suma.

Prueba de ello lo constituyen las declaraciones formuladas al programa “Vuelo de Regreso”, emitido por “FM Milenium”, del ex presidente de México, Vicente Fox, un dirigente con sobrada experiencia política pero que, en esta oportunidad, se dejó llevar por su pasión y no por su razón. En efecto, durante la entrevista el ex mandatario mexicano comparó a Donald Trump con Adolph Hitler, Juan Domingo Perón y el matrimonio Kirchner (Néstor y Cristina). Vayamos por partes. Comparar a Trump con Hitler implica, lisa y llanamente, una incalificable banalidad de algo monstruoso como lo fue el nacionalsocialismo. Trump será muchas cosas (bocón, verborrágico, prepotente, misógino, machista, racista, xenófobo, intolerante) pero ello no significa que amerite que se lo compare con uno de los tiranos más feroces de la humanidad. Cuando se efectúan este tipo de comparaciones (llama la atención que la haya hecho Fox, un dirigente con sólida formación intelectual) se desnaturalizan hechos que, como el nazismo, marcaron hitos en la historia de la humanidad. Jamás hay que olvidar que Adolph Hitler fue un totalitario implacable, cruel, un megalómano sin igual que se propuso extender el dominio de la raza aria a nivel planetario. Sólo una guerra de carácter global logró vencerlo. Trump, por el contrario, es un hábil demagogo y un petulante que deberá gobernar durante los próximos cuatro años controlado por un férreo sistema de contrapoderes que le impedirá hacer cualquier cosa.

Pasemos ahora a la otra comparación que hizo Fox: Trump es como Perón, y Néstor y Cristina Kirchner. Para el ex presidente mexicano Trump es un populista o, si se prefiere, un “peronista norteamericano”. Perón no ganó, como lo acaba de sostener Fox, solo por su verborragia y demagogia. Perón ganó porque fue capaz de percibir la existencia de millones de argentinos que jamás habían sido tenidos en consideración por el sistema político. Me estoy refiriendo, obviamente, a los trabajadores, a los sectores más humildes de la sociedad. El peronismo fue la lógica consecuencia de décadas de ejercicio del poder de una fuerza política, el conservadorismo, que siempre ignoró a ese importante sector de la sociedad argentina. En cierto sentido, algo similar acaba de suceder en Estados Unidos. En efecto, Trump tuvo la habilidad de emitir mensajes que calaron hondo en el corazón de millones de norteamericanos que desde hace mucho tiempo se sienten ignorados por el sistema político.

Respecto al kirchnerismo cabe decir que fue la consecuencia directa de la hecatombe de diciembre de 2001. En ese momento colapsó la convertibilidad que había impuesto el presidente Carlos Menem a comienzos de 1991. El 20 de diciembre de 2001, agobiado por una crisis que no podía controlar, renunció a la presidencia el radical Fernando de la Rúa, uno de los dirigentes más inútiles de nuestra historia. Entre ese día y el uno de enero de 2002, tuvimos cinco presidentes. ¡Cinco! El último, el peronista Eduardo Duhalde, convocó a elecciones presidenciales para abril de 2003. Al ganar esas elecciones, Néstor Kirchner sumió la presidencia el 25 de mayo de 2003. El panorama social, político y económico era desolador. El país era tierra arrasada. Ese dantesco escenario le permitió a Néstor Kirchner acceder a la Casa Rosada.

Rosario (República Argentina)

 

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