Desde Argentina

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Estados Unidos y Argentina: Una tensa relación que podría ahondarse con Trump

 

Hernán Andrés Kruse

 

La relación entre Estados Unidos y la Argentina se tensó a partir del ascenso al poder de Perón en 1946. La república imperial siempre vio con malos ojos a un líder que proclamaba, en el orden internacional, la tercera posición. Para colmo, la Argentina había decidido romper con el eje Roma-Tokio-Berlín pocos meses antes de que se definiera la segunda gran guerra a favor de los aliados. Estados Unidos situaba a Perón en el bando del enemigo y apenas asumió la presidencia el cuatro de junio de 1946 le hizo la cruz.

El 16 de septiembre de 1955 se produjo el derrocamiento de Perón. Fue un golpe cívico-militar protagonizado por el antiperonismo que contó con el visto bueno de Estados Unidos. A partir de entonces y hasta el retorno de Perón en 1973 la Argentina sufrió un proceso de inestabilidad política que le provocó un daño inconmensurable. Durante esos 18 años el peronismo estuvo proscripto, hubo varios golpes de Estado cívico-militares, la violencia política aumentó y la situación económica empeoró. En esa época Estados Unidos estuvo más cerca de los gobiernos militares que de los gobiernos civiles. En ese entonces se había expandido por toda Latinoamérica la doctrina de la seguridad nacional para combatir la amenaza de la subversión marxista bendecida por el gobierno de Fidel Castro.

De esa manera, a lo largo de esas décadas se fue incubando un sentimiento hostil hacia Estados Unidos cada vez más fuerte. Una buena parte de la población argentina, de tendencia nacionalista, popular y católica, no soportaba a una república imperial que se presentaba ante el mundo como el modelo de democracia liberal y capitalista. Ni qué hablar de la izquierda. En septiembre de 1973 Perón fue elegido nuevamente presidente de la Argentina. En ese momento el sentimiento contrario a los Estados Unidos alcanzaba su máximo esplendor. El slogan “Patria sí, Colonia no” era más importante que nuestra Constitución nacional.

El 24 de marzo de 1976 se produjo el derrocamiento de la presidente peronista Marí Estela Martínez de Perón. El golpe cívico-militar contó con el apoyo explícito de Estados Unidos. La guerra fría estaba en su apogeo y la república imperial apoyó la decisión de la dictadura militar de aplicar el terrorismo de Estado. En ese momento Gerald Ford era el presidente y Henry Kissinger el secretario de Estado. La relación se tensó con la llegada de Jimmy Carter al poder, preocupado por la situación de los derechos humanos en el país. El vínculo se quebró definitivamente a raíz de la guerra de las Malvinas en 1982. El apoyo de Ronald Reagan a Margaret Thatcher hizo que el sentimiento contrario a Estados Unidos alcanzara su máxima expresión.

Con el radical Raúl Alfonsín en la presidencia a partir de diciembre de 1983 la relación continuó siendo tensa, pero no de manera tan intensa como durante el conflicto por las islas del Atlántico Sur. Reagan no veía con buenos ojos a Alfonsín, a quien consideraba defensor del gobierno sandinista de Nicaragua. En julio de 1989 asumió la presidencia el peronista Carlos Saúl Menem. Su lema fue, en materia internacional, tener relaciones carnales con la república imperial. Por primera vez en la historia hubo un alineamiento incondicional de semejante magnitud de nuestro país con Estados Unidos. Es por ello que George Bush y Bill Clinton se hicieron “muy amigos” de Menem. El sucesor de

Menem, el radical Fernando de la Rúa, intentó continuar con las relaciones carnales pero no fue lo mismo. Su incapacidad para ejercer el poder y una oposición impiadosa provocaron su caída el 20 de diciembre de 2001.

El peronista Eduardo Duhalde fue presidente entre el uno de enero de 2002 y el 25 de mayo de 2003. La relación entre ambos países se tensó nuevamente. La república imperial no soportaba a Duhalde porque lo consideraba una especie de reencarnación de Perón. Pero fue con la llegada al poder del kirchnerismo que el vínculo entró en un prolongado freezer. En efecto, la política exterior de los peronistas Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner fue contraria a los postulados fundamentales de la república imperial. W. Bush y Barack Obama ni se interesaron por la Argentina, enemistados con dos presidentes que durante 12 años y medio no hicieron más que desafiar al coloso del norte.

El diez de diciembre de 2015 asumió la presidencia el conservador no peronista Mauricio Macri. En política exterior su principal decisión fue la de acercarse nuevamente a Estados Unidos. Tal es así que en marzo de 2016 se produjo un hecho que no sucedía desde 1997: la visita oficial de un presidente norteamericano a la Argentina. Macri y Obama se hicieron “amigos” y en las elecciones presidenciales norteamericanas Macri se la jugó entero por Hillary Clinton. Pero sucedió lo inesperado: el triunfador fue Donald Trump, un antiguo “amigo de negocios” del señor padre del presidente de la nación y del propio Mauricio Macri. En efecto, Trump y el clan Macri se conocen desde comienzos de la década del ochenta  del siglo pasado. Por lo que se sabe, la relación se enfrió por una cuestión de negocios. El destino quiso que Trump y Mauricio Macri fueran elegidos presidente de Estados Unidos y Argentina, respectivamente, al mismo tiempo. ¿Cómo será la relación entre ambos personajes? Por ahora cabe decir que por un tiempo el vínculo entre ambos países no será tan “amigable”. Pero como se trata de dos hombres de negocios, al final lo más probable es que prime entre ellos lo que los une: el amor por el poder y el dinero.

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