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Trump y su primer discurso ante el Congreso

Hernán Andrés Kruse

 

Donald Trump dio el martes 28 de febrero su primer discurso en el Congreso. Expresó que Estados Unidos no podía permitir que el país se transforme en un santuario para los extremistas. A su vez, prometió renovar el espíritu estadounidense y manifestó que el muro con México servirá para luchar eficazmente contra el crimen y las drogas.

Trump comenzó su discurso haciendo referencia a la importancia de la unidad de los estadounidenses: “estoy aquí para llevar a ustedes un mensaje de unión y fortaleza, y es un mensaje que viene desde lo más profundo de mi corazón”. “Nosotros podremos ser una nación dividida políticamente”, expresó. “Pero somos una nación que se une para condenar el odio y el mal en todas sus formas”. Más adelante, en una clara demostración de optimismo, prometió renovar “el espíritu estadounidense”. “Un nuevo capítulo de la grandeza está comenzando”. “Un nuevo optimismo y orgullo está comenzando”. “Lo que estamos viendo hoy es la renovación del espíritu estadounidense”.

Luego manifestó que es imperioso “restaurar la integridad y el imperio de la ley en nuestras fronteras. Por eso, pronto comenzaremos la construcción de un gran muro a lo largo de nuestra frontera sur. Se iniciará antes de lo programado y, una vez terminado, será un arma muy eficaz contra el crimen y las drogas”. “Mientras hablamos, estamos removiendo pandilleros, vendedores de drogas y criminales que amenazan nuestras comunidades y a nuestros niños. Esos tipos se están yendo mientras hablamos aquí esta noche, tal como yo lo había prometido”. Prometió que hará cumplir las leyes migratorias para promover el aumento de los salarios, la ayuda a los desempleados, el ahorro de miles de millones de dólares y la seguridad de las comunidades. El nuevo gobierno se ha encargado, manifestó enfáticamente, de responder “a las súplicas del pueblo estadounidense” para que se apliquen las leyes migratorias y de seguridad fronteriza. Defendió el polémico veto migratorio que afecta a siete países de mayoría musulmana: “no podemos permitir que nuestra nación se vuelva un santuario para los extremistas”.

En otra parte de su discurso criticó la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) con México y Canadá, y aseguró que su gobierno tiene en mente “una reforma tributaria histórica” (se bajará la tasa impositiva a las empresas para que la clase media no sufra tanta presión fiscal). “Hemos perdido más de una cuarta parte de nuestros empleos en la industria desde que se aprobó el NAFTA y hemos perdido 60 mil fábricas desde que China se unió a la Organización Mundial del Comercio en 2001”, sentenció. Más adelante, solicitó a los legisladores la aprobación de una ley que autoriza la utilización de un billón de dólares para inversiones en infraestructura con la que busca crear millones de nuevos puestos de trabajo. Su lema es “comprar productos estadounidenses y contratar a estadounidenses”.

Un tema central de su discurso fue el “Obamacare”. Dijo sin medias tintas que el “Obamacare está colapsando. La acción no es una elección: es una necesidad”. “Ordenar a los estadounidenses a comprar seguros de salud aprobados por el Gobierno nunca fue la solución para el país”. Más adelante, aseguró que su gobierno apoyará con todas sus fuerzas “a la OTAN, una alianza forjada por los lazos de dos guerras mundiales que destronaron el fascismo y una Guerra Fría que derrotó al comunismo. Pero nuestros socios deben cumplir sus obligaciones financieras”. En la parte final Trump aseguró que “el tiempo para los pequeños pensamientos ha terminado” así como el de “las peleas triviales”, e instó a los ciudadanos y legisladores a tener aspiraciones audaces. “Sólo necesitamos el coraje para compartir los sueños que llenan nuestros corazones. El valor para expresar las esperanzas que conmocionan nuestras almas. Y la confianza para convertir esas esperanzas y sueños en acción”. “De ahora en adelante, Estados Unidos se fortalecerá con nuestras aspiraciones, y no tendrá la carga de nuestros temores. Inspirado en el futuro, no limitado por los fracasos del pasado. Y guiados por nuestra visión, no cegados por nuestras dudas”. “Les pido a todos los que están viendo esta noche que aprovechen este momento y crean en ustedes mismos. Crean en su futuro. Y crean, una vez más, en los Estados Unidos” (fuente: Infobae, Argentina, 3 de marzo de 2017).

Ni John Wayne lo hubiera dicho mejor. Fue un discurso dirigido al corazón de los norteamericanos que la están pasando mal, a los que se sienten excluidos, a los “machos blancos” dominados por la frustración, la xenofobia y el racismo. Como sucede con todos los presidentes del mundo, Trump proclama una cosa pero en la práctica hace lo contrario. Desde que ganó en noviembre pasado no hace más que proclamar la necesidad de unir a los norteamericanos. Una vez en el poder, hace todo lo posible para profundizar esa grieta. En las últimas horas, no tuvo mejor idea que denunciar en Twitter un “Watergate” en su contra al acusar nada más y nada menos que a su antecesor, Barack Obama, de haber “pinchado” sus teléfonos durante la reciente campaña electoral. Dijo Trump: “¡terrible! Acabo de enterarme que Obama tenía mis “cables pinchados” en la Torre Trump justo antes de la victoria. Nada encontraron. ¡Esto es McCarthismo!”. “Cuán bajo ha caído el presidente Obama para pinchar mis teléfonos durante el sagrado proceso electoral. Esto es Nixon/Watergate. ¡Tipo malo (o enfermo)!”. Kevin Lewis, vocero de Obama, le contestó: “una regla cardinal de la Administración Obama fue que ningún funcionario de la Casa Blanca interfiriera con cualquier investigación independiente del Departamento de Justicia”. “Ni el presidente Obama o cualquier funcionario de la Casa Blanca jamás ordenaron la vigilancia de un ciudadano norteamericano. Cualquier sugerencia contraria es simplemente falsa” (fuente: La Nación, Argentina, Rafael Mathus Ruiz, “Donald Trump acusa a Obama de pinchar su teléfono y dice que es “un hombre malo o enfermo”, cuatro de marzo de 2017).

Rosario (Argentina)

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