Hablando de…

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Los escombros de un poderoso

Norma Ledezma de Hernández

 

 

Este día sesionará el Consejo Político Estatal del PRI, donde habrán de votar 600 consejeros, para elegir al nuevo líder de ese partido.

Cómo me gustaría decir, que la decisión de los votantes es personal y auténtica, pero en ese instituto político, como en otros tantos, la famosa “cargada”, hace más daño, que bien, al buen desempeño de sus actividades.

De los nueve aspirantes inscritos, quedan sólo tres, cada uno con su club de “fans” y por supuesto de detractores. Solo a dos de ellos tengo el ¿gusto? de conocer. A Oscar Luebbert, lo conocí allá por el ‘93, cuando era Presidente del CDE de PRI. En esa ocasión, arrancaba la “Campaña nacional de vacunación”. Él y su esposa, se unieron a la cruzada, en el otrora poderoso edificio, y estuvieron junto a las enfermeras asignadas, recibiendo a los niños y a sus papás.

A Alejandro Guevara lo conocí, en un restaurante que tuvimos mi esposo y yo, en 1998. Ahí llegaba este hombre, cuando era líder del FJR, acompañado de los jóvenes que lo seguían. Arrogante y déspota, es como lo recuerdo, en sus visitas al negocio, en el que por cierto, dejó un saldo pendiente, que nunca se pagó.

Y como ya es costumbre, estos últimos días, se ha sentido fuerte el “fuego amigo”, ya que algunos, al quedar fuera de la contienda por no reunir los requisitos estipulados en la convocatoria, se han dedicado a compartir información tendenciosa, que dañan la imagen de otros contendientes.

Es ahí, donde uno se puede dar cuenta, del fingido amor al partido. Porque cuando uno le tira patadas a los habitantes de una casa, golpea  a todos, incluida la casa y el mismo golpeador. ¿Cómo entonces dicen que quieren “rescatar” al PRI?

Claro que no es exclusivo de este partido, lo mismo vemos en otras instituciones, en donde los golpes bajos a través de terceros, y el exhibir errores pasados o actuales de los adversarios, es una práctica común, que lo único que hace es exhibir la bajeza y la poca calidad moral de unos y otros.

Pero regresando con los priistas, resulta obvio que no aprendieron nada de los resultados de las elecciones del año pasado, donde las ambiciones personales y las traiciones de muchos, los llevaron a la estrepitosa y sentida  derrota electoral.

En varias ocasiones he dicho, que el PRI, ya está  muerto y enterrado, porque la verdad, no se ve por dónde pueda algún actor político de esa organización, ser ejemplo de honestidad o rectitud. Y aunque sé que existen algunos que realmente quieren servir al pueblo, la corrupción y avaricia de algunos, está bien, ¡de muchísimos!, deja como una gota el actuar de estos pocos, en un océano de podredumbre y avaricia personal.

Sin embargo, la modificación a sus estatutos en aceptar candidatos externos a la presidencia de la República, abre una ventana en ese túnel de oscuridad, para que la ciudadanía, crea nuevamente y pueda brindar su voto a los candidatos de ese partido.

Atrás, muy atrás, han quedado los años gloriosos del PRI, en que el “carro completo” era la meta de este partido, en cualquier contienda electoral.

Pasó también el tiempo, en que el edificio del Comité Estatal lucía pletórico de militantes, que confiados en el poderío de la “maquinaria partidista”, se sentían y sabían ganadores. Da tristeza ver ese inmueble en los últimos días, no solo porque en la “entrada” principal, se puede ver una malla metálica que cierra el paso a cualquier persona y ahora sólo se puede entrar, por el acceso del estacionamiento. Sino porque sus oficinas están vacías, con apenas unos pocos trabajadores que desempeñan su trabajo, con los pocos recursos existentes.

Al PRI, le urge el liderazgo de alguien que anteponga aspiraciones personales y de sus amigos, por el bien y la unidad del partido. Alguien que aplaque los egos que tanto daño han causado y sepa unir voluntades y capacidades en pos del triunfo anhelado. Pero eso es algo que se antoja casi imposible.

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