Cronos

0
297
Tiempo aproximado de lectura: 4 minutos

Filemón Fierro y Terán

El Acaudalado Obispo de Tamaulipas

Francisco Ramos Aguirre

Cronista de Victoria

Al menos desde finales del siglo XIX y principios del XX, los obispos que llegaron a la diócesis de Tamaulipas, parecían estar condenados a morir en aquel inhóspito territorio. Recordamos por ejemplo, al tercer obispo del Nuevo Reino de León, don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés, quien falleció en Santillana, (actualmente Abasolo), durante una visita pastoral en 1799. Aunque en diferentes circunstancias, ese mismo destino tuvieron: Eduardo Sánchez Camacho, Filemón Fierro y Terán y José de Jesús Guzmán, quienes marcaron un parte aguas en la historia eclesiástica de la entidad. Su labor pastoral, arrojó hondas raíces y jugosos frutos en una geografía de tradición juarista; lo cual representó un reto para los enviados de la iglesia católica, en su tarea evangelizadora, siempre respaldada por los hacendados españoles.

Bajo estas circunstancias, la presencia de Filemón Fierro y Terán -tercer obispo de Tamaulipas entre 1897-1905, cayó como anillo al dedo para los feligreses de esa entidad. Efectivamente, debido a su origen notable, rápidamente se identificó con sus pares, quienes le brindaron apoyo para realizar una relevante actividad menesterosa en territorio el tamaulipeco y norte de Veracruz. A finales del porfiriato, Fierro y Terán, hizo de la doctrina católica, un factor importante en la construcción de la conciencia moral entre los católicos.

Vale mencionar que en ese momento, estaba de moda la Carta Encíclica Rerum Novarom, que el Papa León XIII promulgó en 1891. En su contenido, «además de velar por la causa de la iglesia y por la salvación común», exhortaba a los sacerdotes sobre la prédica relacionada con mejores salarios, garantías individuales, calidad de vida y benevolencias para familias vulnerables. En contraparte, el mencionado documento se oponía a las revoluciones armadas y el reparto de la propiedad privada entre obreros y campesinos: «Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio y gobiernan la nación.»

Así las cosas, gracias a la experiencia adquirida en su natal Durango, la aplicación social de la doctrina cristiana, fue cabalmente interpretada por Fierro y Terán. Para ello, dicho clérigo, emprendió una serie de gestiones de carácter social, relacionadas con la construcción de edificios, escuelas, iglesias y asilos donde atendía a la población más necesitada. Es decir, su obra espiritual estuvo emparejada con un importante legado material, suficiente para que prevaleciera en la memoria antigua de los tamaulipecos.

 

En Durango comenzó su carrera sacerdotal…

Prácticamente, la vida sacerdotal de Filemón Fierro y Terán fue muy breve, si consideramos que dicho presbítero originario de la Hacienda de Guichapa, San Juan del Río, Durango (1859), falleció por azares del destino a los 46 años de edad, mientras se encontraba en Ciudad Victoria, Tamaulipas. Hijo de José María Fierro, de raíces conservadoras, propietario de la mencionada hacienda y doña Margarita Terán, quienes poseían otras grandes extensiones de tierra. Una de esas propiedades era el Rancho Buenavista que compró Filemón al señor Genaro Valle en 1896. A su muerte, el predio fue heredado por su hermana María de Jesús Fierro y Terán.

A finales de la década de los setenta del siglo XIX, Fierro y Terán ingresó al Seminario Conciliar de Durango, donde obtuvo el sacerdocio bajo el reconocimiento de sus catedráticos. Gracias a los méritos académicos, con enorme sabiduría se desempeñó de maestro de Historia Eclesiástica en la misma institución. Entre sus condiscípulos destacan: Nicolás Pérez Gavilán, Felipe Arellano, Valentín Terrazas, Amador Ruíz, Miguel de la Garza, Efrén Gutiérrez y otros que recibieron la instrucción correspondiente y formativa para ejercer el ministerio. Debido a sus merecimientos y apoyo de sus maestros: el abogado y escritor Ladislao López Negrete y el sacerdote José María Laurenzana, recibió la consagración de obispo en junio de 1897. En medio de gran júbilo, la misa concelebrada se realizó en la capital metropolitana, presidida por Eulogio G. Gillow obispo de Antequera, Oaxaca. Vale mencionar que al mismo tiempo de su formación clerical, Fierro estudió la carrera de Jurisprudencia.

En septiembre de 1896, mientras se desempeñaba de canónigo y Secretario de la Sagrada Mitra en la catedral de Durango, se enteró que por disposición del Papa León XIII y probablemente las recomendaciones de Monseñor Averardi, nuncio apostólico del Vaticano en México, recibió el nombramiento de obispo de Tamaulipas. El asunto consistía en sustituir rápidamente al controvertido Eduardo Sánchez Camacho, quien había sido retirado del ministerio por expresar su duda acerca de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Vale mencionar que en esa época, gracias a los buenos oficios del presidente Porfirio Díaz, la iglesia católica recuperó algunos de sus privilegios perdidos, luego de las embestidas anticlericales promovidas por Benito Juárez.

En junio de 1897, antes de trasladarse a Ciudad Victoria para asumir el control de la Diócesis de Tamaulipas, Fierro redactó en la capital de Durango la Primera Carta Pastoral dirigida al clero y feligreses de la capital tamaulipeca: «¿Pero qué somos, qué valemos por nosotros mismos para conseguir un fin tan noble y sublime, como el que Dios nos tiene prometido, si le servimos con fidelidad? Nada absolutamente nada. Para obtener, pues, el eterno galardón que consistirá nada menos que en goce y posesión del mismo Dios…necesitamos indispensablemente de los auxilios divinos, y éstos indudablemente se nos concederán, si los pedimos con la instancia y humildad, y más aún si ponemos por intercesora y medianera a la Santísima Virgen María.»

Bajo el signo de estas palabras el nuevo obispo llegó a Ciudad Victoria, acompañado de su madre – recientemente viuda- y algunos de sus cuñadas y sobrinos. Se le recuerda como un hombre de aspecto joven y carismático, dispuesto a realizar una buena labor pastoral, pero sobre todo con la ilusión de reivindicar el amor y reconocimiento a la Virgen de Guadalupe, patrona de los mexicanos. Es decir, enfrentó el reto de restaurar la fe católica en peligro de quebrantarse, por culpa del anterior obispo. En general, a su arribo a estas tierras existía un buen ambiente y convivencia entre la jerarquía católica y feligreses de Tamaulipas.

En contraparte, también se apreciaba una fuerte corriente liberal contra los sacerdotes. Uno de los personajes adversario del clero, era el poeta y maestro del Instituto Científico y Literario de Tamaulipas, Juan B. Tijerina, quien escribía sus artículos en el periódico: El Progresista, bajo el seudónimo Harmodio. En tanto Ireneo Paz director de: La Patria Diario de México, tampoco vaciló en atreverse a denunciar el asunto de las colectas, limosnas y cobros de Fierro y Terán, a cambio de administrar los sacramentos y otros servicios espirituales: «…Filemón anda esquilmando de ceca en meca, toda la diócesis.» Este asunto pudo desatar un escándalo, pero el carisma y trabajo del obispo, evitó mayores críticas.

(Nota: En la pasada colaboración, menciono de manera errónea que la tienda Las Cuatas Marcos, estaba ubicada enfrente del Bazar Colón, por lo cual ofrezco disculpas por esa pecata minuta.)

 

 

 

Comentarios