Cronos

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Villa de Aguayo en la Guerra de Independencia:

Traiciones y Lealtades

Francisco Ramos Aguirre.-

Cronista de Victoria

La madrugada del 16 de septiembre de 1810, en el atrio de la parroquia de Dolores, Guanajuato, un grupo de insurgentes encabezado por el cura Miguel Hidalgo, se levantó en armas en favor de la independencia novohispana. Rápidamente, las autoridades virreinales emitieron una alerta a las comandancias militares. Respecto a la Provincia del Nuevo Santander, debido a lo alejado del territorio, la gravedad de la noticia se conoció hasta el 27 de ese mes. En efecto, cinco días antes, a través de una carta, el general Félix María Calleja, comandante de la Décima Brigada, con autoridad sobre las tropas de la mencionada provincia, ordenó al gobernador teniente coronel Manuel de Iturbe e Iraeta, el reclutamiento de un contingente de 250 hombres, bien montados y armados en la capital San Carlos, porque la guerra acababa de iniciar.

Bajo estas circunstancias, los pocos pobladores -menos de mil almas- de la Villa de Santa María de Aguayo, actualmente Ciudad Victoria, no permanecieron ajenos a los acontecimientos. Al respecto, el historiador Juan Fidel Zorrilla, asegura que durante las primeros meses del levantamiento rebelde, lejos de presentar batalla, los soldados de la guarnición, acaudillados por los capitanes Guerra y Benavides, se levantaron en armas y proclamaron la independencia, inspirados en los sucesos de Dolores. Lo mismo sucedió a principios de 1811 en Santander, San Carlos, Padilla y Santo Domingo de Hoyos. Mientras tanto, el gobernador Iturbe y el capital Joaquín Vidal de Lorca, al no poder controlar la situación, decidieron huir hacia Altamira.

En medio de la incertidumbre y a falta de un plan concreto en las operaciones militares, los insurrectos de Aguayo, que habían sido infieles a los realistas, a su vez fueron traicionados por Benítez, quien a través de una carta quiso poner al tanto de la situación a Calleja, pero dicha misiva fue interceptada en Tula por gente de Bernardo Gómez El Huacal. Benítez fue hecho prisionero y en su lugar nombraron a Juan Nepomuceno Jiménez, originario de la Provincia del Nuevo Santander. Así las cosas, los aguayenses no tuvieron más remedio que nombrar a Juan Nepomuceno Jiménez, jefe de las tropas.

Dos protagonistas insurrectos, claves en los inicios de la guerra independentista en Nuevo Santander, fueron los frailes Ildefonso Blancas y Luis de Herrera, quienes comandaban algunas fuerzas, que después de algunos triunfos, fueron derrotadas en el Valle del Maíz, San Luis Potosí. Antes de huir de tierras potosinas, Blancas, quien se caracterizaba por su crueldad, ordenó degollar once españoles prisioneros. Por ello, y ante la promesa de sumar a su causa elementos insurgentes de Villa de Aguayo, ambos se trasladaron a esta población a donde llegó primero Blancas, y recibió de manos del coronel Jiménez, el mando de la guarnición. Mientras tanto, Herrera, quien había tomado el camino de Santa Bárbara se reunió a los pocos días con Blancas.

Las tropas insurgentes que proclamaron la independencia en Aguayo, sumaban unos ochocientos, entre soldados y oficiales, lo cual representaba un buen contingente para dar batalla a los realistas que se encontraban en camino. En efecto, el Brigadier Joaquín de Arredondo, procedente de Veracruz, se encontraba en las goteras del Nuevo Santander, con el propósito de reforzar al ejército realista de Calleja, pero sobre todo hacerle frente a los rebeldes que amenazaban apoderarse de todo el territorio santanderino. A su llegada a Altamira, el 28 de marzo de 1811, brigadier expidió una proclama ofreciendo su benevolencia a los rebeldes, en caso de que entregaran las armas. De igual manera, integró dos compañías de caballería a las que denominó Fernando 7o.

A principios de abril, lo encontramos en la Villa de Aguayo, donde recibió el apoyo del sacerdote Rafael de la Garza, quien le comunicó que gran parte de los insurgentes se habían alineado con los realistas. Es decir, otra deslealtad más a la causa, junto con el cura de la Garza. En tanto, respecto al cabecilla Fray Luis de Herrera que se intitulada Mariscal de Campo, fue tomado prisionero: “…y otros cuatrocientos, incluso cincuenta oficiales, desde brigadier abajo, como igualmente diez cañones de varios calibres, con algunas municiones y un considerable número de armas de fuego y blancas.” (Gaceta del Gobierno de México/04/23/1811).

Así las cosas, con el camino despejado, y gracias al espionaje del cura de la Garza y Gaspar Lores, el 12 de abril de 1811, Ildefonso Blancas, Martín de Herrera, Ignacio Villaseñor y Luis Marín, fueron vencidos y tomados prisioneros por Arredondo. Como era de esperarse, los insurgentes pagaron con sus vidas en la plaza de esta villa; mientras algunos de sus acompañantes, fueron a la cárcel, cercana a la Plaza de Armas, actual Plaza Hidalgo. A los prisioneros se les condenó a trabajos forzados, por ejemplo el empedrado de las calles de la Villa de Aguayo.

Arredondo dejó Aguayo y dispuso su traslado a Palmillas y Tula, ubicadas al pie de la Sierra Madre Oriental para continuar la guerra. En abril de 1811, el brigadier español recibió una propuesta de Juan Villerías para que se uniera a él, mostrando una actitud de desesperación. Mientras tanto, en Palmillas, Arredondo y algunos colaboradores como el capitán Cayetano Quintero y el cadete Antonio López de Santa Anna, controlaron rápidamente una sublevación indígena simpatizante de la insurgencia, y se dispuso perseguir a al fraile Villerías, a quien vencieron cerca de Matehuala. En Palmillas, ahorcaron a tres de los jefes. Por su parte Villerías, resultó muerto el 13 de mayo en una batalla protagonizada en las inmediaciones de Matehuala.

En esos momentos, el último reducto de la guerra de independencia era Tula y sus alrededores; principalmente el pueblo de Nahola, donde los indios mostraron una fuerte resistencia. Como parte de la operación militar, el 22 de mayo, después de algunas escaramuzas donde venció fácilmente al adversario, Arredondo entró a Tula y tomó prisionero al líder Mateo Acuña y varios de sus seguidores, a quienes tomó prisioneros y ahorcó, colgándolos de los árboles como ejemplo para los infidentes.

Así las cosas, después de pacificar esta región, el general Arredondo regresó con su división a la Villa de Aguayo, donde tranquilamente fijó su cuartel general. Sin embargo, al poco tiempo apareció en la región el célebre indio Bernardo Gómez de Lara alias El Huacal, quien desde 1810 luchaba en contra de los españoles, utilizando sus propios recursos y armas rústicas. Sin embargo, poco pudo hacer porque fue obligado a retirarse con su gente a la zona de Matehuala, donde logró varios triunfos, sin embargo al ser derrotadas sus tropas, se dirigió hacia el bajío. En noviembre de 1811, fue fusilado en San Miguel el Grande, Guanajuato.

Debido al protagonismo en los momentos cruciales de la guerra de independencia en el Nuevo Santander, a la posición geográfica y cruce de caminos que comunicaban con poblaciones importantes de las Provincias de Oriente, en 1815, Aguayo se convirtió en la residencia del gobierno del teniente coronel Juan Echeandía, quien firma el 30 de septiembre de 1815, un pronunciamiento denominado: Acta de la Villa de Aguayo, donde junto al cura Rafael de la Garza y los alcaldes Lorenzo Sánchez Castillo y Juan del Castillo, dan muestras de conveniencia y oportunismo político, refrendando su lealtad a Calleja, se congratulan de su contribución al triunfo de los realistas y celebran la muerte de “las gavillas rebeldes”, evitando la revolución, y: “…de un asombroso desastre, y de un desolación escandalosa que le amenazaba la tiranía de unos hombres desnaturalizados que cometieron la enorme catástrofe que quizá en esta desgraciada época no se ha visto…Si Aguayo no tuviese tan acreditada su fidelidad al soberano con las públicas demostraciones de júbilo a cualquiera de la favorable noticia durante la ausencia y cautividad de su amado rey, y con la dulce y vehemente sensación de sus corazones cuando la restauración de S.M al trono.” (La Gaceta del Gobierno de México,/cinco de diciembre de 1815)

 

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