Hablando de…

0
45
Tiempo aproximado de lectura: 6 minutos

¡El orgullo de ser mexicana!

 

Norma Ledezma de Hernández

 

¡Qué semana hemos vivido! Con tantas emociones a flor de piel, con tantas lágrimas derramadas, con noches sin sueño pero llenas de oración, con interminables agradecimientos por no ser la que estoy viviendo esa tragedia, con el orgullo de saberme mexicana, con la

Miles de imágenes son las que hemos visto acompañar las notas de los noticieros, vídeos en redes sociales que no ha hecho llorar como niños. Columnas de los más respetados editorialistas nacionales, que narran lo sucedido. Sin embargo, cuando leí la nota (de la que les quiero compartir un fragmento), se me erizó la piel y me hizo llorar largamente. Eran lágrimas de felicidad porque me hizo recordar el “Espíritu mexicano”, aquel que ante la tragedia, se limpia las lágrimas, se pone de pie y a tirarle fregazos a la vida”. Esta publicación fue compartida en Twitter por Raúl Cardós, un creativo de la publicidad en México, que ha ganado varios premios internacionales por sus geniales campañas publicitarias.  El narra lo que vivió el martes, pero logra transmitir, el espíritu, el coraje, la valentía y el amor de los mexicanos en momentos de crisis.

“Era la una de la tarde con 14 minutos. Salía de mi junta (afortunadamente, porque era en un décimo piso) e iba en el auto rumbo a la Academia Mexicana de Creatividad, situada en el corazón de la colonia Condesa, cuando sentí algo muy raro en el auto. El piso se movía de un lado a otro, como si se estuviera abriendo la tierra debajo. Vi de pronto a gente corriendo en la calle, gente que se bajaba de sus autos e hice lo mismo, justo en el instante que los enormes vidrios de una concesionaria estallaron frente a mí. El ruido fue ensordecedor. Sentí que el piso se movía más fuerte y empecé a marearme.

‘Está temblando otra vez’, pensé. Esperé un poco a que pasara, me subí al auto y me fui, asustado. Mientras bajaba por Avenida Constituyentes y escuchaba en la radio los primeros informes sobre el temblor veía pasar decenas de ambulancias en el tráfico.

‘Esto no es normal, estuvo mucho más fuerte de lo que reportan en el radio’. El resto, lo supimos después y, a estas alturas, ya todos lo sabemos.19 de septiembre. 32 años después, la vida, la naturaleza, lo que sea, nos pone a prueba otra vez.

Es mucho lo que aparece en las noticias, por las redes sociales y demás, han sido muchísimos los mensajes de apoyo y cariño que he recibido de mucha gente, no solamente aquí, en México, sino en el extranjero.

Lo pensé mucho antes de decidirme a escribir esto porque créanme, no exagero cuando les digo que cualquier cosa que pueda expresar sobre lo que está sucediendo se quedará muy corta en comparación con la realidad. Siento en estos momentos que ni el mejor escritor del mundo, ni el mejor relator de historias que exista, podría expresar con justicia la forma en la que los mexicanos nos unimos para salir de la adversidad.

Empezaré por contarles sobre mi visita al Costco por la tarde, donde me encontré con cientos de personas prácticamente vaciando la tienda, con carritos llenos de lo que fuera, agua, comida, refrescos, mantas, calentadores, medicinas, de todo. Colas y colas de gente comprando cosas al mayoreo para llevar a los centros de acopio, para ayudar a los que lo necesitan. La tienda, no les miento, prácticamente se vació durante el tiempo que estuve ahí.

Llegué a casa y me encontré con mi hija Ximena, que me comentó que a su amiga Romina se le había ocurrido “prestar la casa” como centro de acopio para recolectar víveres y llevarlos a algún lugar para ser distribuidos. Empezó a llegar gente y gente y gente. Amigos, vecinos, desconocidos, gente de todo tipo, a dejar cosas a mi casa. A las 8 de la noche nos fuimos al súper más cercano a casa, de donde nos dijeron que a las once saldría un tráiler con toda la ayuda de los vecinos. El tráiler estaba prácticamente lleno, al grado de que nos dijeron que necesitarían mandar uno más para seguir cargando. Ahí nos encontramos de nuevo con gente, haciendo cadenas de carga para vaciar la ayuda de los autos que prácticamente colapsó la avenida que llega a nuestro barrio. Hombres, mujeres, mujeres embarazadas, jóvenes, niños, todos cargando, todos ayudando, todos bajando cosas de los autos.

Estando ahí me crucé con un tipo que me pidió el celular (se le había acabado la pila) para llamar a su empresa de construcción y autorizar que todo su equipo de construcción dejara las obras y se pusiera a disposición del Gobierno de la ciudad. Me contó que se le había cortado la comunicación minutos antes y que su director de obras no quería mover las máquinas por miedo a que él se lo recriminara, “Pero cómo se lo voy a recriminar”, me dijo con lágrimas en los ojos mientras marcaba “mi abuelo falleció en el terremoto del 85. Si mi compañía quiebra por ayudar, me importa un carajo”.

Imágenes de gente ayudando, estoy seguro de que todos han visto por la televisión, en las noticias o en las redes sociales. Yo he recibido muchos mensajes de chicos de la agencia que están literalmente removiendo escombros en estos momentos, de amigos de productoras que han enviado equipos de iluminación para que los rescatistas puedan seguir trabajando durante la noche, de clientes que están donando productos, dinero, lo que sea. La ciudad, a esta hora de la noche, sigue despierta, viva, de pie: amigos llevando doctores en moto hasta los lugares que se necesitan, gente sacando gente de los escombros, rescatando animales, buscando.

Gente ofreciendo sus casas a gente desconocida para que puedan pasar la noche en un lugar seguro porque tienen miedo de volver a casa y que se dé una réplica en cualquier momento, gente subiendo a desconocidos a sus autos para trasladarlos a lugares seguros, en fin. La ciudad no dormirá hoy. Y seguramente tampoco lo hará mañana, ni los días siguientes, no hasta que se haya agotado hasta la última posibilidad de rescatar a alguien con vida, de ayudar a alguien a encontrar a un ser querido, o de brindarle su apoyo a alguien que lo necesita.

Eso, en esencia, es mi querido México. Cuando nos sucede lo peor, sacamos lo mejor. Cuando la tragedia nos invade, nos unimos y le pegamos un #$”%&” en la cara. Cuando las cosas parecen ir muy mal, hacemos que todo vaya bien. Ayudamos, todos. Los más pobres, los que menos tienen: ayudan. Más que nadie, quizás. Levantan escombros, dan de comer, se quitan el bocado de la boca para dárselo a alguien más. No paran. No paramos. El mexicano tiene una extraña capacidad para seguir, y seguir, y seguir. Para ponerse hombro a hombro y sacarlo todo adelante. Para hacernos sentir orgullosos, muy orgullosos de haber nacido aquí y de vivir en este país.

Hoy les contaba a mis hijos sobre el 85 y me dio mucho orgullo verlos a los cuatro preocupados, pero también ocupados. Haciendo lo que pueden, sin preguntarme. Juntando cosas, cargando un tráiler, celebrando con sus amigos cada botella de agua que alguien les daba para ayudar a otros. Y pensé en la enorme cantidad de gente en este país que hace lo mismo. Y por un instante, dentro de la enorme tragedia que estamos viviendo, me sentí feliz por ver que a este país no lo tira nada. Que nuestro espíritu es único y que siempre podremos salir adelante de lo que sea, todos juntos. Es mucho lo malo que se escucha siempre de México. En lo personal me da mucha vergüenza cuando el mundo se entera de lo corrupto que es nuestro gobierno, de lo mal que nos tiene el narco, o de la cantidad de violencia que se vive en muchas de nuestras ciudades. Pero todo eso, por más malo que sea, no se compara con la grandeza de la gente buena que hay en este país.

Hoy vivimos una tragedia, otra vez. Mis oraciones y mi cariño están con todos mis compatriotas que a esta hora no encuentran a un ser querido, o que se encuentran atrapados bajo los escombros de algún edificio esperando ser rescatados, o peor aún, que han fallecido o perdido a alguien. Es triste, muy triste ver de cerca a gente que lo ha perdido todo. Es muy triste recorrer las calles y ver lo que ha pasado hoy en mi querido país y en mi querida ciudad. Y sin embargo puedo asegurarte a ti, que me lees, que no existe otro lugar en el mundo en el que preferiría estar en estos momentos que aquí, porque de la misma manera que vi sacudirse a mi país esta mañana, estoy viendo muy de cerca lo increíbles que somos los seres humanos y lo increíble y grandioso que es nuestro espíritu.

Hoy más que nunca, me siento orgulloso de ser mexicano. Hoy más que nunca sé que a este país no lo tira nada y que de esto saldremos adelante, más unidos y más fuertes que nunca.

Que viva México, siempre».

Dígame si no es fabulosa la narración. Dígame si después de ver a los jóvenes que han pasado largas horas ayudando, o mujeres cargando pesadas piedras, o niños que reparten alimentos, no se siente un enorme orgullo ser mexicano. Diré lo que me dijo mi hijo ayer: “Mi niño interno al ver la gran ciudad llena de superhéroes, se dio cuenta que realmente hubiera querido ser rescatista, pero se sintió tranquilo al recordar que es  mexicano”.

Comentarios