Hablando de…

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‘Maldita corrupción’

 

Norma Ledezma de Hernández

 

“Los terremotos no matan a nadie, lo que los mata, es la pobreza y la corrupción”. Cuánta verdad en esta afirmación, expresada por el periodista argentino, Andrés Openheimer.

Desafortunadamente, hasta que se presenta una tragedia como la del pasado 19 de septiembre, en la que una cantidad considerable de edificios se derrumbaron, provocando la muerte de 205 personas, en la Ciudad de México, es que las autoridades, queriendo “lavarse las manos”, salen a demandar o exhibir a quienes creen culpables. Pero bien dicen que cuando tu dedo índice señala a alguien, tres dedos  te señalan a ti.

Un año después del sismo de 1985, en que según las “cifras oficiales” murieron más de diez mil personas, unas 68 mil resultaron heridas y se derrumbaron aproximadamente 30 mil edificios, entró en vigor una ley, que exigía que constructores y arquitectos tuvieran en cuenta el estado del terreno, ya que gran parte del centro de la ciudad se encuentra sobre el sedimento de antiguos lagos, haciendo que el suelo sea menos firme. Esta ley exige también, que las autoridades supervisen e inspeccionen todos los procesos de construcción.

Sobra decir, que en cientos de construcciones, estos protocolos de seguridad no se llevaron a cabo, y seamos realistas, ni se llevarán, ya sea por la corrupción imperante o por la negligencia de los diferentes órdenes de gobierno.

Cuesta creer, que los cientos de condominios, que cada año son edificados en la gran ciudad, no reúnan todas las medidas de seguridad ¿A costa de qué se quieren hacer multimillonarios de la noche a la mañana las constructoras o inmobiliarias que ofertan sus servicios de construcción? No sé si usted, amable lector, tuvo la oportunidad de ver en las noticias, un edificio “nuevo” que se cayó. Claramente se podía ver que en lugar de varilla, fue utilizado alambre, quizá de los más gruesos, pero alambre al fin. El cemento de los techos, tendría algunos        centímetros de espesor, pero eso sí, mucho unicel.

Dicen sus habitantes, que se les vendió como un edificio de “primer mundo”, a precios que rebasan los dos millones de pesos. ¿Cómo entonces, es que se derrumba este edificio, si está recién construido? ¿En qué noticiero ha visto a las personas, inmobiliaria o buffete de arquitectos que construyeron este u otros inmuebles siendo acusados de fraude y de presunta responsabilidad por los daños ocasionados? “Los terremotos no matan a nadie, lo que los mata, es la pobreza y la corrupción”.

No puedo dejar de mencionar, el lugar que se volvió el ícono del sismo del 19 de septiembre: El colegio privado, Enrique Rébsamen, donde perdieron la vida 19 menores de edad y ocho adultos. Ahí fue, donde la mayoría de los mexicanos pusimos nuestro corazón, por tratarse de la vida de menores de edad, en su mayoría.

Según el Instituto de Verificación Administrativa de la Ciudad de México (INVEA), la mencionada institución, operaba de forma irregular, ya que su uso de suelo era habitacional y no para escuela

Supuestamente, el INVEA, al realizar una verificación, notifica la irregularidad. Pero los dueños del colegio, presentan un documento de “derechos adquiridos”, escrito que resultó ser falso. Ante este hecho, se levanta una denuncia penal por falsificación de documentos. Denuncia que obviamente no procedió, porque de ser así, no tendríamos las lamentables consecuencias que estamos viendo.

Al día siguiente de la tragedia, Francisco Fontano, un vecino del colegio, señaló en su cuenta de Facebook una serie de anomalías que había detectado ahí: “Era un colegio ilegal, construido a escondidas, violando sellos de clausura. Su secundaria operó tres años con sellos de clausura hasta que sobornaron a alguien para legalizarlo. La secundaria tenía un patio de tamaño ridículo, sin área de seguridad. Las columnas que lo levantaban invadían parte de las escaleras. En una emergencia, la única salida era llevar a los niños a la primaria y para hacer esto, el único camino era el edificio administrativo. El que colapsó”.

Y siguen saliendo más tropelías de esta institución: entre sus antecedentes está la suspensión de obras de ampliación por presuntas irregularidades; al menos tres clausuras, una de ellas por exceder la altura permitida para una escuela; además de la construcción de dos casas, que presuntamente eran de los propietarios de la escuela, y ubicadas en lo alto de edificios que se derrumbaron.

Ante esta vorágine de información nos detenemos a reflexionar: ¿Por qué siguió operando? ¿Por qué los padres de familia, mantuvieron a sus hijos ahí si veían por ejemplo, los sellos de clausura de los que se hablan? No logro entender, esta terrible omisión de muchas instancias. “Los terremotos no matan a nadie, lo que los mata, es la pobreza y la corrupción”.

Claudia Sheinbaum, la jefa delegacional de Tlalpan desde el uno de octubre del 2015, se deslinda de cualquier responsabilidad y este jueves, levantó una denuncia penal en contra de dos ex funcionarios de esa delegación y contra Mónica García Villegas, dueña del colegio, por su presunta responsabilidad, en este funesto acontecimiento.

Otro tema para reflexionar en esta tragedia, son los cientos de espectaculares que existen en la capital del país, y esa publicidad está prohibida o bueno, supuestamente está prohibida  en la Ciudad de México. Lo que me lleva a cuestionar: ¿Por dónde transita el señor Mancera que no ve ese delito que se está cometiendo? ¿O acaso es que no conoce las leyes que rigen a su ciudad? ¿O está tan metido en cuestiones políticas que deja de lado una de sus mayores  responsabilidades, la seguridad de sus gobernados?

Hay espectaculares que miden, más de la mitad del edificio en el que está fijado. Y esto hablando de edificios hasta de seis pisos. Son anuncios que llegan a pesar hasta 20 toneladas por el tamaño de su estructura. Obviamente, cuando los edificios son construidos, no se toma en cuenta la preparación tanto en la distribución de carga como de material, para tener en la azotea, tantísimo peso extra.

Esto pasó en el edificio ubicado en la calle Torreón esquina con Viaducto Miguel Alemán, donde un edificio que albergaba a una empresa colapsó, cuatro personas alcanzaron a salir, pero cinco quedaron atrapadas bajo los escombros. Al terminar las labores de rescate luego de tres días en este lugar, se dijo por parte de las brigadas, que rescataron a siete personas, sin embargo no existen informes oficiales que avalen dicha información. “Los terremotos no matan a nadie, lo que los mata, es la pobreza y la corrupción”.

Ojala que en cada rincón de nuestro querido México, pongamos atención y exijamos a las dependencias o personas responsables, que hagan su trabajo y supervisen legal y justamente la construcción de casas o edificios. No esperemos a que nos alcance la tragedia y que apliquemos el dicho: “Después del niño ahogado, tapan el pozo”.

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