Cronos

0
73
Tiempo aproximado de lectura: 4 minutos

El Hotel Ambos Mundos y otros hoteles

Francisco Ramos Aguirre

Cronista de Victoria.-

La escritura de la crónica acerca de los hoteles en Ciudad Victoria durante el siglo XIX es un tema interesante, porque se encuentra estrechamente relacionado con viajeros, personajes, políticos, comerciantes y cuantas personas hicieron uso de ellos. Los orígenes de estos lugares de hospedaje fueron las posadas, albergues y hostales, donde se proporcionaba a los turistas comida caliente y una habitación donde dormir, luego de largas jornadas en carruajes, caballos y diligencias. En algunos de estos lugares se ofrecía caballerizas y pastura para sus animales. Paralelamente, a finales de dicha centuria, aumentaron notablemente las vías de comunicación, el flujo de los viajeros y, con ello, la necesidad de hoteles que prestaran servicio a los forasteros. Lo que también se convirtió en buen negocio para los inversionistas.

Uno de los primeros centros de hospedaje en la Capital tamaulipeca fue el Hotel Ambos Mundos, de sugestivo nombre. Estaba ubicado en la calle Hidalgo, enfrente de la Plaza de Armas, donde ahora se localiza el Hotel Sierra Gorda. Originalmente, en 1878, en dicho espacio existió un importante almacén comercial, perteneciente a don Pablo Lavín, uno de los primeros comerciantes españoles, quien inició su residencia en la Capital tamaulipeca años después de la Guerra de Independencia. Al transcurrir el tiempo, el hotel se convirtió en el principal centro de hospedaje en Ciudad Victoria. Se infiere que su nombre hacía referencia al encuentro cultural entre México y España. América y Europa, dos mundos diametralmente opuestos que se fusionaron durante la colonia.

Las crónicas periodísticas mencionan que en ese lugar se instaló el Cinema Olimpia. Efectivamente, de acuerdo a una información aparecida en: Alma Patria, editado en Ciudad Victoria, en la segunda década del siglo XX se proyectaron las primeras películas de cine mudo. Probablemente las funciones tuvieron lugar improvisadamente, en alguno de los espacios del inmueble, acondicionado con dos plantas, con vista a la Plaza Principal. En esa época existía un tranvía de tracción animal que comunicaba el mercado con la estación del ferrocarril y la hacienda de Tamatán, donde vivía el coronel Manuel González. Precisamente, cerca del hotel Ambos Mundos, había una estación donde los pasajeros abordaban el transporte.

En 1911, era administrado por Paulino Fernández y Compañía. El restaurante, de factura internacional, se especializaba en comida española, francesa y mexicana. Los cuartos de asistencia costaban entre 2.50 y 4.00 pesos. La clientela podía disfrutar de cantina, billares y balcones de hierro forjado, donde los huéspedes veían pasar la gente, contemplaban la Plaza de Armas y la Iglesia del Refugio. De igual manera, era posible comunicarse por teléfono a cualquier parte de la República. En una de sus habitaciones se hospedó el teniente coronel Ismael Alardín, pariente de la poeta tamaulipeca Carmen Alardín. El revolucionario escribió una carta a su homólogo Alberto Fuentes, donde le solicita que comente al general Pablo González acerca de algunas intrigas en su contra.

En efecto, durante la época de la Revolución Mexicana dicho lugar se convirtió en uno de los hoteles preferidos de los militares, especialmente los carrancistas, quienes se alojaban cómodamente y remitían partes militares y correspondencia a sus jefes superiores. Generalmente sobre las batallas que libraron a partir de 1913, durante su estancia en la Capital tamaulipeca. En el libro “¡Viva Carranza! Mis Recuerdos de la Revolución”, su autor, Javier Echeverría A. Marquina, recuerda que un tres de abril se alojaron en ese hotel, mientras organizaban los preparativos para uno de los ataques, donde probablemente participó el general Luis Caballero.

En el ámbito de la política, el Hotel Ambos Mundos fue escenario de acontecimientos, protagonizados por dos grupos que se disputaban el poder en Tamaulipas. Sobre este tema, el Diario de Debates del Congreso Nacional registró en sus páginas el asunto de un diputado matamorense, quien, derivado de las elecciones de 1920, alegaba el derecho de instalar la legislatura del estado en una de las habitaciones del mencionado hotel. En esa época eran diputados: Candelario Garza y Emilio Portes Gil.

En 1935, Faustino Fernández liquidó la empresa y cambió la razón social por Hotel González, perteneciente a la Asociación Mexicana de Hoteles. Años más tarde, el histórico inmueble fue demolido y en su lugar, el ingeniero Francisco Benítez Leal mandó construir en el mismo lugar el famoso Hotel Sierra Gorda. Para entonces, gracias al paso de la Carretera Nacional, se revitalizó la economía de la Capital, debido en gran parte al tránsito de miles de viajeros norteamericanos y canadienses, quienes, desde América del Norte, se trasladaban por esta ruta rumbo a la capital del país y otras ciudades de la República Mexicana.

Vale mencionar que a finales del siglo XIX y principios del XX la presencia del ferrocarril alcanzó enorme apogeo. Gracias a este medio, algunos comerciantes establecieron negocios en las calles aledañas a la estación del tren. Por ejemplo, surgieron restaurantes, cafés de chinos, casas de huéspedes, cantinas y hoteles, entre ellos El Hotel El Ferrocarril del Golfo, propiedad de Ramón Sottil, fundado en 1894: “Magnífico Hotel, preferido y recomendado por los excursionistas del Estado de Tamaulipas”. Por ese mismo rumbo, frente a la Plaza Colón, operaba la Fonda El Ferrocarril del Golfo, probablemente en el mismo sitio del hotel: “…la más antigua…y más acreditada de esta Capital. Mucho aseo y esmero en los trabajos culinarios; constante y variado surtido de platillos de lo mejor que aquí puede conseguirse. Admite abonados a precios módicos y sirve a domicilio, entendiéndose con su propietario Tomás Navarro.”

Otros de los espacios, relativos a la próspera industria hotelera en aquellos años, era el Hotel Navarro, probablemente propiedad de Tomás Navarro, cerca de la estación del ferrocarril. En sus amplias, cómodas y bien ventiladas habitaciones se hospedaron algunos maestros participantes en el Primer Congreso Pedagógico, celebrado en 1899. El Hotel Palacio, ubicado en la calle Colón (Hidalgo), era propiedad de un empresario de Nuevo Laredo; el Hotel de la Gran Sociedad, con elegantes balcones de forja, al poniente de la Plaza Principal -actualmente Hotel Ramada Inn-, a escasos metros de la línea de tranvías: “Cuartos cómodos y limpios. Restaurant, Cantina y Billares de Primera Clase. Departamentos Especiales para Turistas y Agentes Viajeros. Propietario Juan Botello”; el Hotel Universal, cercano a la Plaza Hidalgo; frente a la Plaza Principal estaba el Gran Hotel de Osorio y Arroyo, inaugurado a mediados de 1907. Años más tarde, en la calle Hidalgo y callejón Nuevo León, se abrió el Hotel Barcelona, administrado por el cantante español José Barella.

Lecturas recomendadas: Fragmentos de una Memoria, Tomás Reséndez González/UAT/2000; Periódico El Progresista/1906-1907/Fondo Hemerográfico Joaquín Meade/Instituto de Investigaciones Históricas de la UAT. Fotografía: Magazine Panamericano 1907/Fondo Gilberto Gómez Canseco/Instituto de Investigaciones Históricas de la UAT.

Comentarios