Hablando de…

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Eso que llaman felicidad

Norma Ledezma de Hernández

 

 

 

Quiero proponerle, amable lector, que hagamos el siguiente ejercicio, le haré unas preguntas y usted se tomará el tiempo para responderlas mentalmente. ¿Qué significa para usted, ser feliz? ¿Qué o quiénes le producen esa felicidad? ¿La felicidad es un sentimiento ó una decisión? Y por último y muy importante: ¿Es feliz?

En diferentes ciencias, como la filosofía o la psicología se han planteado si la felicidad realmente existe y si es algo transitorio o permanente. Creo que a cada una de estas preguntas, habrá un sinfín de respuestas, y estás dependerán, como siempre, de quién las responde y en este caso en particular, a qué le llama felicidad esa persona.

También han intentado establecer líneas que definan y separen  dos conceptos muy relacionados entre sí, como son alegría y felicidad. En lo personal, creo que la alegría es una emoción, y es, esa energía que surge de algún acontecimiento y puede durar, desde minutos, hasta horas. Cuando esa emoción, la combino con pensamientos, es que surge un sentimiento, en esta situación: la felicidad.

Pero eso que llaman felicidad, ¿es realmente un sentimiento o es una decisión? Hay personas que a lo largo de su vida han sufrido lo indecible y son felices, otras, han sido privilegiados toda su existencia, sin embargo, no son felices. Lo que nos lleva a entender, que no es la situación o el contexto lo que determina tu felicidad, sino, cómo decides tú, sentirte respecto a eso que te ha tocado vivir.

Mucha gente va por la vida buscando la felicidad sin escatimar  recursos, se llenan de actividades, se rodean de personas, compran lo que acaba de salir al mercado en cualquier rubro, buscan los trabajos más redituables, frecuentan los lugares de moda y al final del día, sienten un vacío que les confirma, que no han encontrado la felicidad. Quizá porque la buscan como una adquisición, y no como algo que se experimenta, o porque creen que es destino y no un trayecto.

Cuando creemos que la felicidad la vamos a encontrar en cosas materiales, será algo efímero, ya sea porque aquello se nos quiebra o se nos pierde, o porque ha salido al mercado algo más novedoso y lo queremos tener.

Existen quienes basan la felicidad, en cosas más importantes o quizá sencillas: los momentos en familia, el logro alcanzado de un hijo, encontrar una pareja, un momento con los amigos, un atardecer disfrutado en soledad, una buena plática acompañada de una copa de vino, los brincos alegres de su perro cuando los ven llegar, leer un buen libro, una taza humeante de café entre las manos mientras se observa el horizonte, sin ninguna preocupación en mente, etc.

Son estas personas, las que pueden sentirse felices, porque son estos pequeños o grandes momentos, los que nos brindan esos destellos de alegría, que sumados, uno a uno, nos brindan la felicidad. Pues ésta se encuentra en las experiencias vividas y no en las cosas adquiridas. Sin embargo, como lo dije anteriormente, cada uno tendrá su percepción, de lo que para ellos es felicidad.

Ahora, muchas personas no logran vivir felices, porque son saboteados por sus propios pensamientos, que cargados de negatividad, cortan de tajo con aquello maravilloso que estábamos viviendo. Ojala fuéramos como los niños que no tienen un archivo en sus mentes llamado “todas las cosas que podrían salir mal”. Ellos disfrutan el momento, sin importar cuánto durará o si algún día acabará.

Nunca me había percatado de mi obsesión por la felicidad, hasta que hace unos días leí el proyecto de vida que hizo mi hijo hace unos años, cuando estaba en preparatoria, en algún párrafo decía: “mi mamá siempre me dice que busque la felicidad en todo lo que haga”. En ese momento recordé, que muchas veces mientras decidía qué carrera elegir me preguntó: “Má, tú de qué me ves”, mi respuesta siempre fue: lo que sea que hagas, pero que te haga feliz.

Y es que parece que damos por sentado que seremos felices o lo dejamos para un segundo término. O tal vez pensemos que al lograr algo, alcanzaremos la felicidad. Un día cuando daba una plática en un retiro para padres y padrinos de niños que harían la primera comunión pregunté: ¿cómo ven a sus hijos de grandes? La respuesta fue la más variada selección de profesiones, algunas apenas conocidas, otros los situaban en países lejanos, pero tristemente, nadie me dijo que lo veían feliz.

Que esa sea nuestra única preocupación, porque cuando lleguemos con nuestro buen Padre Dios no nos preguntará qué carrera elegimos o a qué nos dedicamos, si tuvimos el iPhone más avanzado, o si construimos una mansión. Como Padres tampoco evaluará la calidad de vida material que les dimos a nuestros hijos. Sólo una cosa preguntará: “¿Amaste?”

Fuimos creados para amar, ser amados y ser felices. Así que ¿quiénes somos nosotros para cambiar el perfecto proyecto de Dios en nuestras vidas? Quiero terminar reformulando la pregunta de líneas arriba ¿Usted, es realmente feliz?

Que tenga una semana muy bendecida.

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