Desde argentina

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Un salto al vacío

Hernan Kruse.- En su edición del 28 de octubre, La Nación (Buenos Aires, Argentina) publicó un artículo de su corresponsal en España Silvia Pisani titulado “Un plan que aún tiene un escollo, la resistencia”.

Escribió la autora: “Es una de las situaciones más complicadas que le toca vivir a España. El Gobierno dio la orden de disolver el Parlamento catalán y desalojar a sus autoridades autonómicas. Pero, ¿qué pasa si se resisten? ¿Quién hará cumplir en Cataluña lo que se dispuso a 600 kilómetros de distancia?”

“Malas noticias: la Asamblea Nacional Catalana (ANC), uno de los brazos del independentismo, llamaba anoche a resistir. “No tienen que atender” las órdenes de las nuevas autoridades, fueron las “instrucciones” que bajaron ayer con miras a los puestos de trabajo que, el lunes, estarán ocupados por otros. Es un llamado a la resistencia en toda la línea y, sobre todo, en las calles, que ha sido el fuerte del independentismo” (…) “La resistencia popular está presente en el imaginario político como uno de los fantasmas más poderosos. Pero no lo suficientemente temible como para enfrentar a un estado que no le quedaba más remedio que hacer valer su autoridad”.

“Si no puedes garantizar el cumplimiento de tu propia legalidad, más vale que te despidas de ser un país serio”, decían ayer fuentes de la Moncloa, que explicaron a corresponsales extranjeros los alcances de las medidas” (…) “Jueces y fiscales dieron ayer una señal poderosa. “Estamos con la Constitución y con la legalidad”, dijeron las distintas asociaciones. Si hay alguien a quien obedecerán será a ese marco y no otro”.

“El voto independentista de ayer -con la vergüenza de haber sido producido en secreto- fue demostrativo de hasta qué punto le temen al poder de ese Estado del que se declaran independientes. Dicen que se separan pero, al mismo tiempo, se tapan la cara para estar a salvo el día en que ese Estado reaccione. Los que pagarán el pato, en todo caso, serán los de siempre. Los que ese mismo independentismo usa como fuerza de choque en las calles” (…) “El alcance de esa resistencia se empezará a medir muy pronto. Y la Moncloa no parece estar asustada”.

He aquí la visión del orden conservador argentino sobre el salto al vacío dado por el Gobierno catalán comandado por Puigdemont, quien por estas horas está refugiado en el país que le prometió asilo político: Bélgica. Porque de eso se trató, en última instancia, la declaración de la independencia del Estado español efectuada por el Gobierno catalán: un salto al vacío. Evidentemente, tal como se están desarrollando los acontecimientos, lo más probable es que el proceso secesionista colapse y junto con él las ansias de independencia de aquellos catalanes que salieron a las calles a dar rienda suelta a su euforia una vez conocida la noticia. El problema es que al menos la otra mitad de Cataluña apoya al Estado español, con lo cual el proceso secesionista carece de una sólida legitimidad popular.

La pregunta del millón es por qué Puidgemont y la presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, se lanzaron a semejante aventura sin medir los riesgos que ella implicaba. Porque lo cierto es que por estas horas da toda la sensación de que el Estado español tiene la situación bajo control, lo que beneficia enormemente a Mariano Rajoy. Mientras tanto, el pueblo catalán está ferozmente dividido en dos sectores antagónicos: por un lado, los independentistas; por el otro, los españolistas. He aquí el costo que Cataluña deberá pagar de aquí en más por esta aventura irresponsable de un presidente que está dando muestras de poseer la peor cualidad de quien tiene a su cargo los destinos de una sociedad: la cobardía.

Hernán Andrés Kruse

(Rosario, Argentina)

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