Gorda… pero feliz

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CIUDAD DE MÉXICO, noviembre 19 (Agencias)

Al igual que no teme hablar de las presiones que la llevaron a sufrir un desorden alimenticio en los inicios de su carrera, Kelly Clarkson tampoco tiene pelos en la lengua cuando se trata de defender el cambio que ha experimentado su imagen desde aquella época, especialmente en lo relativo a su aumento de peso.

En ese sentido, la cantante no tiene ningún reparo en reconocer que está “gorda” porque, en su caso, eso significa que ha dejado atrás los episodios más oscuros de su historia.

“Cuando estoy gorda es porque soy feliz. La gente piensa que debe haberme sucedido algo malo, porque he ganado peso. Pero no, lo siento, simplemente representa la felicidad de mi mundo emocional. En mi caso, generalmente cuando estoy delgada es porque algo no va bien”, explica la artista en una entrevista a la revista Redbook.

Las opiniones de otras personas sobre su aspecto, que nunca faltan en una industria como la de la música, y las inevitables comparaciones del “antes y el después” le importan poco con tal de garantizar su salud mental.

“No puedes guiar tu vida en base a lo que piensen otros, si lo haces acabarías en un estado de pánico constante al tratar de complacer a todo el mundo. La gente debería concentrarse en sus propias vidas, en su salud y su felicidad, sin importar lo que ello implique para ti; con eso debería ser suficiente para que te sientas feliz”, afirma.

Hasta lograr abrazar esta filosofía, la intérprete ha tenido que recorrer un largo camino y aprender a desligarse de situaciones y personas tóxicas. Un ejemplo claro fue su decisión de abandonar la compañía discográfica con la que firmó tras ganar el concurso televisivo “American Idol”, a través de la cual la presionaban para que se ajustara al estándar de belleza asociado tradicionalmente a una estrella del pop, hasta el punto de hacerle perder las ganas de cantar y de vivir.

“Cuando estaba muy delgada, quería suicidarme. Estaba increíblemente triste, por dentro y por fuera, durante cuatro años de mi vida. Pero a nadie le importaba porque estéticamente encajaba. Pensaba que la única solución era renunciar a la música. Tenía las rodillas y los pies destrozados porque lo único que hacía era correr: me ponía los audífonos y empezaba a correr. Estaba en el gimnasio todo el tiempo”, recordó recientemente sobre aquella etapa de su trayectoria en una entrevista para la revista Attitude.

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