Cronos

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Vecinos y Casas de La Alameda (V)

Francisco Ramos Aguirre.-

Cronista de Victoria

A finales del siglo pasado, la calle Hidalgo de Ciudad Victoria, se convirtió en el espacio apropiado para el progreso del comercio y la instalación de plazas públicas, mercado y edificios de gobierno. En cambio, la Alameda adquirió una categoría especial, gracias a numerosas familias que construyeron residencias o casonas en ese espléndido sector. Algunas de ellas, sobreviven en el catálogo del patrimonio histórico y arquitectónico. Para su construcción, los ingenieros y arquitectos, utilizaron diversos materiales, entre los que predominaban: sillar, ladrillo, adobe y piedra.

Una de las ventajas de los amplios solares rústicos, era la posibilidad de instalar huertas de árboles frutales, regados por el agua de las acequias. La Alameda, fue escenario de juegos y risas de numerosas generaciones de infantes. Vivir en este sitio, significaba un privilegio insuperable, debido a la relación directa con la naturaleza. Gran cantidad de edificios con fachadas planas, fueron diseñados en variados estilos. Por ejemplo en La Casa del Campesino -17 Rosales-, se incluyen curiosos elementos, enmarcados en la corriente: Art Deco, de principios del siglo XX. Desde siempre, el entorno armónico de los inmuebles, conserva una fragancia propia del ambiente, conformado de álamos, olmos, flores, encinos, flamboyanes, fresnos y otras plantas endémicas.

Algunos victorenses recuerdan con nostalgia la casa de don Ascención Gil Machado y Eustolia Reyes Terán. Abarcaba un espacioso terreno, entre el 17 Juárez y Callejón 18. De acuerdo a la memorable descripción de su nieto Roberto Higuera Gil, en el libro: Su Casona, La Vega, La Labor y Huanimba (ITCA/2001), dicho inmueble fue edificado con bloques de sillar, lo cual ayudaba a menguar el extremoso calor durante el verano y las bajas temperatura en inverno. Como el mismo autor menciona, era una residencia con todas las comodidades, propia de familias pudientes.

La fachada principal de la casona, estaba frente a la Calzada 17: «Contaba con cinco especiosas habitaciones, tres de ellas para recámaras y la de en medio para sala…la quinta habitación se localizaba para el lado norte, utilizada para diferentes usos. Un corredor que seguía el trazo de la casa, era habilitado en parte como comedor, por órdenes de mi abuelo, en donde comían agradablemente los días calurosos…»

Dentro del hogar, existía un extenso vergel que a cambio de agua, proporcionaba a sus inquilinos, abundante sombra y suculentos frutos: limones, mantes, aguacates, duraznos, nísperos, limas, uvas, orégano, yerbabuena y menta. Había por supuesto, un horno panadero y la cocina típica regional, con chimenea y tres fogones, donde las mujeres preparaban platillos de la cocina norestense. Por ejemplo, ricos almuerzos de bocoles, migadas, huevos en salsa de chile piquín del monte, asados de boda, frijoles en jarro y chilaquiles norteños. Roberto Higuera, rememora aquellos atardeceres victorenses frente a una taza de chocolate, acompañada de hojaldres y conchas, del panadero Ibáñez, probablemente originario de España.

Otro de los edificios emblemáticos, es el Banco de Crédito Rural, donde ahora se localiza la Secretaría de Salud. Fue construido en la década de los treinta, por el gobierno de Marte R. Gómez. Uno de los profesionistas que contribuyó a levantar el mencionado edificio, fue el ingeniero Rubén F. Morales Aguilar, director de obras públicas. Gómez, contrató varios ingenieros y arquitectos foráneos, quienes dejaron evidencias de su estilo, en numerosas construcciones que contribuyeron a la transformación urbana de la capital tamaulipeca. Por ejemplo: Alberto J. Pani y Stepanenko de origen ruso, quien radicó varios años en Ciudad Victoria en una casa ubicada en el 11 y 12 Juárez, propiedad del señor Alberto Montelongo Cepeda. El primero diseñó el estadio olímpico y el segundo, probablemente contribuyó en la edificación del Banco Rural.

Para documentar la identidad, contexto social y solvencia económica de algunos vecinos de la Avenida Francisco I. Madero, consultamos el censo del 2o. Distrito Electoral que aparece en el Periódico Oficial de Tamaulipas -18 de junio de 1924-. Ahí consigna variadas profesiones y oficios de: Felipe Romero (comerciante/Madero y Méndez), Martín Rodríguez (comerciante/Madero y Rosales), Esteban Soto (panadero/Madero y Ocampo), Ramón Valero (empleado/Madero y Colón), José y Antonio Zorrilla (Madero No. 30), Agustín Córdova (jornalero/Madero y Colón), Fernando Elizondo (empleado/Madero 57), José Jiménez (cochero/Doblado y 17), Anselmo Ramos (jornalero/Madero entre Juárez y Zaragoza), José María Guevara (carpintero/Madero No. 10), Juan Báez (empleado/Avenida Colón y Madero), Gilberto Martínez (dulcero/Alameda 15) y muchos más. Es notoria la ausencia de mujeres, porque la Constitución Mexicana, no les concedía derecho al voto.

 

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