Cronos

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Gobernadores y militares en La Alameda (VI)

Francisco Ramos Aguirre

Cronista de Victoria.-

Al menos tres gobernadores de Tamaulipas fijaron su residencia en la Avenida 17. Se trata de Alejandro Prieto, Guadalupe Mainero, Enrique L. Canseco y Marte R. Gómez. El primero radicó en una casona, donde ahora se localiza el Palacio Municipal. Originalmente, dicho inmueble tenía solo una planta, construida entre 1889-1891, por el ingeniero Manuel del Bosh y Miraflores. Debido a sus amplias dimensiones, y con el propósito de habilitarla como palacio de gobierno, años más tarde, Prieto solicitó al Congreso del Estado su adquisición en 25 mil pesos. Mediante esta operación, el nuevo edificio sustituyó la antigua casa de gobierno, localizada frente a la Plaza Hidalgo.

De acuerdo al cronista Vidal Efrén Covián Martínez, en 1904, el gobernador Pedro Argüelles decidió construir la segunda planta, así como ampliar y remodelar el resto del Palacio del Ejecutivo. Para agilizar las adecuaciones necesarias, contrataron en Matamoros varios maestros albañiles y compraron 70 mil ladrillos. Sin embargo, hubo un retraso en la obra, debido a la carencia de cemento, fierro y acero, adquiridos en Monterrey. Dicha demora fue más notable en: caballerizas, puertas, ventanas y escalera principal. Aunque ya operaban algunas áreas administrativas, probablemente la construcción en su totalidad, concluyó en 1910.

Otra de las residencias oficiales, habitada por gobernadores tamaulipecos, se localizaba en la Avenida 17 entre Juárez y Zaragoza, acera oriente. Se trata de un inmueble estilo europeo, compuesto de varias habitaciones con piso de madera, huerta, caballerizas, estacionamiento y sótano. La mansión fue construida entre 1921 y 1923, en un terreno colindante al callejón 16, donde operó varios años el Cine Terraza Alameda. Su primer dueño fue el Coronel Julio R. Dávila, correligionario del general carrancista César López de Lara, gobernador de Tamaulipas, quien lo nombró Jefe del Departamento de Hacienda, Estadística y Catastro.

Probablemente el militar habitó la casa únicamente unos cuantos meses, porque en diciembre de 1923, su jefe López de Lara se levantó en armas contra el presidente Álvaro Obregón. Bajo estas circunstancias, varios seguidores de Lara fueron acusados por el delito de rebelión. En cuanto a Dávila, un juez federal de Tampico, le fijó multa de 150 mil pesos. Para entonces, el coronel había abandonado su residencia de la Avenida Francisco I. Madero, exiliándose con el general López de Lara en San Antonio, Texas. Otros militares de Tamaulipas, implicados en la rebelión encabezada por Adolfo de la Huerta, fueron: Modesto García Cavazos, Alfonso Herrera, Antonio García Cuéllar y Ramón López de Lara.

En 1932, el Congreso del Estado asignó para el servicio de la casa de gobierno: $8,124.00, que cubría los sueldos de un intendente, un chofer y ocho mozos. En sus respectivos períodos, la mencionada casa fue habitada por Enrique L. Canseco González y Marte R. Gómez. El primero de profesión arquitecto, fue gobernador de Tamaulipas entre 1935-1937, en sustitución del doctor Rafael Villarreal, impuesto por Plutarco Elías Calles, en franco desafío hacia el grupo portesgilista. Canseco, se distinguió como uno de los principales constructores de importantes edificios de la capital tamaulipeca: Escuela Redención del Proletariado, Penitenciaría del Estado, Iglesia de San Isidro en Tamatán y Palacio de Gobierno.

El otro inquilino de la mansión de techos abovedados y columnas de mármol en sus interiores, fue el ingeniero Marte R. Gómez, quien lo hizo acompañado de su familia y su madre Esther Segura. Vale recordar que en 1939, mientras desempeñaba el cargo de gobernador, falleció su primera esposa Carmen Rodríguez. Cosas del destino, al poco tiempo de enviudar, mientras presenciaba desde el balcón de su residencia, el paso de un grupo de maestras de la Escuela Primaria Leona Vicario, descubrió entre ellas a Hilda Leal Reséndez, quien lo sorprendió por su belleza juvenil. A partir de ese momento, buscó la oportunidad de contactarse con la ex candidata a Reina de la Primavera. Por ejemplo, todos los días a la una de la tarde, la saludaba desde el balcón principal de Palacio de Gobierno.

Otro momento clave que desató aquel idilio amoroso, tuvo lugar durante la inauguración del Estadio Olímpico, cuando la profesora participó en un desfile de trajes típicos nacionales. Bajo estas circunstancias nació aquella estrecha relación sentimental que terminó en un casamiento duradero. Al concluir el gobierno de Gómez, la casa fue rentada por el general Alberto Bello Santana, quien se trasladó a vivir a La Quinta del Olvido. En la década de los 40 la adquirió el licenciado Francisco Hernández García.