El Universo De Maxwell

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La Navidad que detuvo la guerra

Rodolfo A. Echavarría Solís.-

“Creo que hoy he presenciado uno de los espectáculos más extraordinarios que nadie ha visto nunca”.

Alfred Dougan Chater, oficial del Ejército Británico.

 

Con mis mejores deseos de Navidad para todos mis lectores.

 

En esta ocasión, con motivo de las fiestas decembrinas, cambiaremos la temática de la columna. No hablaremos de ciencia, pero sí de uno de los sucesos más asombrosos que han ocurrido en la historia de las confrontaciones bélicas entre los hombres.

 

LA GRAN GUERRA

El 28 de junio de 1914 el archiduque Francisco Fernando de Austria fue asesinado a manos de un nacionalista serbio en Sarajevo. Un mes después, Austria-Hungría le declaraba la guerra a Serbia; en poco tiempo varios países intervinieron incendiando a casi toda Europa y a otros puntos de la Tierra.

La Primera Guerra Mundial (llamada originalmente “La Gran Guerra”) fue especialmente cruenta, significó el primer conflicto mecanizado. Aunque se seguían utilizando los caballos, las bayonetas y las palomas mensajeras, aparecieron los avances tecnológicos como los aviones, los tanques y los submarinos. Además, puso al servicio bélico los sistemas de producción industrial y de transporte, como el ferrocarril.

Atrás habían quedado los combates cuerpo a cuerpo, las modernas armas permitían matar a distancia sin ver al enemigo a la cara. El nuevo conflicto europeo se volvió una guerra de trincheras en la que los combatientes pasaban meses sin ningún avance. La conquista de unos cuantos metros en el campo de batalla se conseguía a costa de miles de bajas.

En la Primera Guerra Mundial intervinieron 70 millones de soldados y murieron diez millones, más seis millones de civiles por causas indirectas como las enfermedades y el hambre. Dejó además seis millones de discapacitados y ocho millones de caballos muertos.

 

LA VIDA EN LAS TRINCHERAS

Las trincheras están asociadas fuertemente a la Primera Guerra Mundial; se excavaron 40 mil kilómetros de estas zanjas –una distancia igual a la circunferencia de la Tierra– durante el conflicto. Es uno de los lugares más insalubres en los que ha vivido el ser humano. Los soldados vivían siempre empapados, acompañados de piojos, pulgas y ratas (que se alimentaban de los cuerpos de los heridos moribundos y de los restos de cadáveres).

Incluso, originó varios tipos de enfermedades propias, conocidos como “pie de trinchera” y “gripe de trinchera”. También florecieron supersticiones en las trincheras, por ejemplo, se decía que era de mala suerte ser el tercero en encender un cigarrillo. La explicación era muy simple: el primero cerillo alertaba al francotirador enemigo, al segundo le apuntaba y al tercero le disparaba.

Esta guerra también introdujo el uso de gases tóxicos, como el gas mostaza, para atacar las trincheras enemigas. Otro dato curioso es que los ejemplares de bolsillo de la Biblia se agotaron en Gran Bretaña, ya que todas las familias le enviaban una a sus seres queridos en el frente, con la creencia de que los protegerían de las balas enemigas. Aunque existen muchas historias al respecto, solo hay dos casos documentados en los que una Biblia en el bolsillo de la camisa –del lado del corazón– detuvo una bala.

La Primera Guerra Mundial significó el fin de los grandes imperios, incluso los países ganadores, como Inglaterra, vieron el término de su reinado como la mayor potencia y la aparición de los Estados Unidos de América en ese puesto. Este país entró a la guerra debido principalmente a dos sucesos: el primero fue el hundimiento del barco de lujo inglés “RMS Lusitania”, donde murieron 123 estadounidenses, y el segundo fue el envío de un telegrama que el ministro de Exteriores alemán, Arthur Zimmermann, envió a su embajador en México, el 16 de enero de 1917. En este lo instruía para que prometiera devolverle los territorios anexionados por los EU si México entraba a la guerra del lado alemán. Los servicios de inteligencia británicos interceptaron el mensaje; México no aceptó la oferta, pero EU sí, solo que del lado de los británicos.

 

LA TREGUA DE NAVIDAD

Al inicio la gran mayoría de los soldados pensaba que sería una guerra corta y para fines de año todos estarían de regreso en sus casas. Sin embargo, conforme se acercaba la Navidad de 1914 estaba claro que tardarían varios años en volver –los afortunados que lo consiguieran–. El siete de diciembre el Papa Benedicto XV propuso a los países involucrados una tregua durante la época navideña, pero no fue aceptada.

El 24 de diciembre de 1914 en las trincheras del frente en Ypres, Bélgica, ocurrió un suceso extraordinario: los soldados alemanes adornaron sus trincheras y comenzaron a cantar el más célebre de los villancicos –de origen austriaco–: “Noche de paz”. Los soldados ingleses respondieron cantando villancicos también (algunos historiadores sugieren que entonaron la versión en inglés, pero otros indican que este canto aún no era muy conocido en el Reino Unido).

Un soldado alemán se aventuró a la tierra de nadie entre las trincheras enemigas; al principio los ingleses pensaron que era una trampa, pero después un soldado británico se atrevió a salir a su encuentro. A ellos se sumaron cientos de efectivos de ambos bandos, comenzaron a intercambiar los regalos que habían recibido –chocolates, principalmente–, conversaron y se tomaron fotos. Incluso, organizaron un partido de futbol en el terreno que no estaba afectado por las granadas, usaron mochilas y cascos como porterías. Pronto la escena se repitió en varios puntos del frente occidental. La tregua duró en ciertos lugares hasta el 26 de diciembre.

El oficial del ejército británico Alfred Dougan Chater escribió una carta a su madre en la que le contaba lo siguiente: “Creo que hoy he presenciado uno de los espectáculos más extraordinarios que nadie ha visto nunca. Hacia las diez de la mañana, estaba asomado por encima del parapeto, cuando vi a un alemán agitando los brazos e inmediatamente a dos de ellos saliendo de sus trincheras y acercándose a la nuestra”.

Otro de los soldados británicos declaró que había fumado un cigarrillo con el mejor tirador del ejército alemán, un jovencito de 18 años que ya había matado a más hombres que 12 de sus compañeros.

En la carta Chater también anotaba que habían acordado una tregua similar para la llegada del Año Nuevo. Sin embargo, nunca se llevó a cabo, los altos oficiales, al enterarse de lo sucedido, prohibieron cualquier confraternización con el enemigo, bajo amenaza de llevarlos ante una corte marcial. El oficial Chater fue herido de gravedad tres meses después, pero afortunadamente sobrevivió para regresar a su país para casarse con su novia y fallecer hasta el año de 1974.

 

CONCLUSIÓN

No todos los soldados estuvieron de acuerdo con esta tregua, uno de ellos escribió en su diario: “Estas cosas no deberían pasar en tiempos de guerra ¿No tienen los soldados alemanes sentido del honor?”. Ese soldado era el cabo alemán Adolf Hitler. Un par de décadas después traería al mundo un horror que haría parecer pequeño lo acontecido en la Primera Guerra Mundial.

Esos mismos soldados que habían convivido e intercambiado regalos durante la Navidad seguramente tuvieron que dispararse a matar unos días después. Sin embargo, esta tregua representó un oasis de paz en medio de un conflicto que mostraba los peores niveles que podía alcanzar la estupidez humana. Pero es en esos momentos de la historia cuando surge también lo más sublime de la raza humana. Recordemos este evento en estos días, en los que celebramos la llegada de un ser que cambiaría la historia de nuestra civilización.

 

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