Déjeme Y Le Platico De Un Libro

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La Cuarta Revolución

Jaime Elio Quintero García.-

En el número uno de la calle de Francisco I. Madero, del Centro Histórico de la Ciudad de México, se localiza el museo de las revoluciones, un edificio colonial adecuado para alojar un buen número de salas con documentos históricos y demás testimonios que acreditan los sucesos, motivaciones y ulteriores consecuencias, que dieron origen a tres de los más relevantes eventos sociales, económicos, políticos y culturales de México.

La Revolución de Independencia, la de la Reforma liberal y el Estado laico, y la Revolución social de 1917. Son las tres revoluciones a que se refiere el lugar en comento, y fue el ex presidente Adolfo Ruiz Cortines su promotor, de quien se dice, fue también, el último presidente de México que vivió el movimiento armado iniciado a fines de la primera década del pasado siglo XX.

El acercarse a un lugar con tal acervo histórico es en verdad, amable lector, un verdadero regalo para la reflexión, el conocimiento y el sosiego intelectual, que debe animar a cualquier mexicano o extranjero que pretende, en buena lid, entender a México y al Estado mexicano, en su forma constitutiva y en su funcionamiento práctico.

Son tan grandes y profundos los cambios digeridos y procesados por la sociedad mexicana en cada una de esas tres épocas, que bien vale traer a cuenta los también profundos y perturbadores cambios (congénitos de toda revolución), producidos por las 13 reformas estructurales recientemente puestas en marcha en México a iniciativa del presidente Peña Nieto, bajo el consenso de los partidos políticos y sus representaciones en el Congreso de la Unión. Tanto las reformas constitucionales como la creación de un grande e importante paquete de leyes secundarias, han cambiado sustancialmente la vida institucional y por supuesto la vigencia social, económica y política de este país.

A esta última reestructuración jurídico-constitucional ya se le llama la cuarta revolución, la revolución política sin violencia de 2012, y la nueva revolución transformadora, que pone a México a tono con el mundo moderno de Occidente. Es, con mucho, la revolución que nos abre de nuevo la puerta hacia la justicia social, la democracia participativa y el libre mercado.

Que reivindica y proyecta a México hacia mejores escenarios y posibilidades reales de una vida mejor para todos los que vivimos en este país y que, ciertamente, construye la indispensable plataforma para alcanzar, en el mediano y largo plazo, la máxima aspiración de igualdad social, que ha animado y fecundado las cuatro revoluciones vividas por poco más de 20 generaciones de mexicanos que juntos han forjado a México desde su independencia.

Estamos ciertamente ante un acontecimiento de gran transformación en paz social y en una realidad democrática y de consenso político. Es un cambio, que antes y sin excepción, en México no se había podido conseguir sin violencia armada y sin ruptura del orden social y jurídico. Es, sin lugar a dudas, una Cuarta Revolución que habría que sumar a las tres anteriores y ponerla, a su tiempo, en el Museo de las Revoluciones, y por supuesto en el contexto histórico de una gran nación que se apresta a tomar un lugar distinguido en el concierto histórico internacional.

No sin antes, habría que advertir a todos, pagar el costo de ser una gran nación. Costo que todas las grandes naciones de este planeta, a lo largo de la historia, han tenido que pagar.

Nos vemos y leemos el próximo martes.

 

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