Déjeme Y Le Platico De Un Libro

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Reinventar a México cada seis años

Jaime Elio Quintero García.-

El libro del reinvento sexenal mexicano se ha convertido a lo largo del tiempo en un círculo vicioso, que nos ha llevado a la vez a escribir y vivir cruelmente una historia de fracasos programáticos e ideológicos, sucesivos, por décadas y décadas, durante el pasado siglo XX, y que por desgracia amenaza aparecer nuevamente en el proceso electoral 2018.

Es hora ya de advertir al electorado del grave riesgo de caer o seguir en el pernicioso afán de querer y proponer a la gente, destruir y satanizar lo hecho y logrado hasta la fecha. A nadie beneficia volver al engaño de que lo conseguido está mal y por eso todo el país está mal y es necesario cambiar todo y quitar todo lo conseguido.

Es de evidente reconocimiento que los países que han logrado convertirse en potencias económicas y sociales es porque han persistido en un solo proyecto de nación, consolidado en cuatrienios, quinquenios o sexenios sucesivos, perfeccionando y mejorando cada vez sus políticas públicas y acciones de gobierno, siempre en concordancia con los sectores privados y mirando por el bien común.

Este nefasto vicio del reinvento sexenal, para el caso de México, y cuatrienal para otros países, ha representado por muchos años el descontinuismo, y ha perpetuado en el consciente colectivo la noción de que perseverar en un propósito definido es malo y además responsable de nuestras desgracias. Es más, a la continuidad planeada y estratégica se le ha satanizado con el conocido eslogan de MÁS DE LO MISMO.

Tal vez, los sociólogos y antropólogos sociales lo podrán constatar, podría venir de esta nefasta consigna política, de las luchas revolucionarias de 1910, en las que se sembró y arraigó la bandera de la no reelección, como símil de continuar en un régimen de gobierno que hizo a un lado el desarrollo social, las garantías y derechos civiles del pueblo mexicano.

Lo cierto y evidente es que después de cien años las realidades mexicanas son otras, ahora el desarrollo social, el económico y el político, van de la mano, y en democracia creciente, los cambios se dan ahora, en el contexto de reformas innovadoras y correctivas en su caso, pero con la mira puesta siempre en un único e invariable fin, denominado Proyecto de Nación Fuerte y Competitiva.

Con buena educación y salud de calidad, con políticas económicas de empleo bien remunerado, y de comercio abierto e integral, que si bien tardan en dar resultados, como sucede en todos los países que se afanan en formar parte del mundo moderno, son con mucho, el mejor camino hacia el desarrollo compartido y sostenido.

Ya no es tiempo, luego entonces, de pensar o creer que al destruir lo conseguido la vida será mejor para los mexicanos, los beneficios y la grandeza de una nación no surgen por decreto, o por visiones anacrónicas y mesiánicas, concebidas por imberbes o decrépitos caudillos, cuya ambición de poder es más grande que el futuro del México moderno y progresista que todos queremos.

Una vieja y campirana conseja mexicana sirve para hacer una analogía que viene como anillo al dedo, en este tiempo electoral presente, y a propósito de los candidatos a la Presidencia de la República, dicho sea esto, con todo respeto para los aludidos actores: “No ponerle el cencerro al becerro, porque pierde el rebaño, y menos ponérselo al miembro más viejo, porque tiende a no salir del corral, ponérselo sí, al que conoce el camino y sabe llevar a buenos pastos al conjunto del rebaño”.

Gracias por su tiempo.

 

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