Déjeme Y Le Platico De Un Libro

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Izquierdas y derechas

Jaime Elio Quintero García.-

Hay una explicación elemental y cien por ciento empírica, atribuida a Sir Winston Churchill, sobre las diferencias prácticas entre las dos filosofías políticas que mantienen aún y desde fines del siglo XIX, divididos a muchos países y confrontadas a muchas sociedades contemporáneas. Me refiero al Socialismo y al Capitalismo, más popularmente conocidas como izquierdas y derechas.

Describía el ilustre político y estadista inglés, haciendo una impecable analogía, que en una ocasión, y en una universidad del Reino Unido, un maestro de economía solía decir que jamás había reprobado a un solo alumno, hasta que en una ocasión tuvo que reprobar a toda la clase, pues ellos insistían en sostener que el socialismo funcionaba si el gobierno sabía mediar entre la riqueza y la pobreza.

De esta manera, con un gobierno asistencial, regulador de la economía, nadie sería rico, ni tampoco nadie sería pobre, por el contrario, sería justo y equitativo para todos. El maestro atribulado y en busca de una idea práctica que hiciera ver a la clase no tan solo la diferencia entre una opción social y asistencial, y otra productiva y remuneradora, propuso a la clase un experimento muy elemental.

Vamos, les dijo a sus alumnos, a establecer un ejercicio académico muy sencillo, en el que promediaremos la calificación de los próximos tres exámenes, entre la calificación más alta y la más baja, y el resultado será la calificación para todos. En el primer examen, el promedio fue de siete, para cada uno. En el segundo lo fue de cuatro, y por último en la tercera evaluación el promedio fue uno de calificación para todos.

En el tiempo transcurrido entre el primer examen y el tercero, el descontento se fue generalizando, pues quienes habían estudiado más se disgustaron por haber recibido un siete de calificación, argumentando que tenían derecho a un diez, o nueve que en realidad habían obtenido, en cambio los que estudiaron poco o no se esforzaron lo suficiente, quedaron contentos porque con poco esfuerzo obtuvieron una calificación aceptable.

Al final, y después del tercer examen, el descontento y antagonismos imperantes, entre los que en un principio había hecho un buen esfuerzo y los que con poco trabajo obtuvieron un buen dividendo, esa consecuencia dividió profundamente a todos los estudiantes de la clase. El resultado fue que todos tendrían que repetir el curso, pues nadie logró aprobarlo, ya que el promedio fue descendiendo a cada paso hasta llegar a uno.

Luego entonces, el experimento socialista había fracasado, porque cuando la recompensa es grande, el esfuerzo por el éxito individual es también grande. Pero cuando el intermediario regulador (gobierno), quita las recompensas del esfuerzo y el trabajo, para repartirlas entre los que no batallaron para conseguirlas, resulta que nadie más querrá hacer un esfuerzo y trabajar por obtener beneficios. Es decir, se pierde el sentido más elemental de justicia.

Así las cosas, concluye Sir Winston Churchill, en nada ayuda, y menos aún para el propósito de la equidad social, quitar la prosperidad al rico para dársela al pobre, pues esto lleva por lógica, a concluir que por cada persona que recibe beneficios sin haber hecho su mejor esfuerzo por conseguirlos, hay otra que trabaja sin recibirlos. Es más, los gobiernos no pueden dar algo a alguien sin tener que quitárselo a otro. No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola a su vez.

Cuando una parte de la sociedad entiende que tiene que trabajar duro para mantener a la parte restante, todos entenderán que no vale la pena trabajar, y es entonces cuando se llega al final, cuando la gente pierde el interés y el deseo de esforzarse, y es así que las naciones pierden el rumbo y los gobiernos caen en el descrédito y llegan a su fin, cunde la anarquía y el descontento social.

Esto que explica, el viejo zorro inglés de la Segunda Guerra Mundial, en términos muy simples y entendibles para todos, son las diferencias centrales entre las izquierdas y las derechas, y es también en lo que los mexicanos habremos de tener mucho cuidado, al decidir por quién votar el próximo uno de julio.

Siempre es más sencillo elegir el camino fácil, vano, e ilusorio que proponen las izquierdas, que el de mantener el rumbo del esfuerzo y la disciplina económica, que lleva con el tiempo, al éxito social. No olvidemos, jamás, amigos lectores, que el costo de una mala decisión electoral ahora, será la condena y desgracia de las nuevas generaciones.

Recordemos que la perseverancia, el método y el trabajo duro y esforzado, son los mejores garantes del triunfo de una nación.

Por tanto, amigo lector, cuidado, mucho cuidado con su decisión.

Gracias por su tiempo

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