Lili Saldivar

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¡Año nuevo… Vida nueva!

Lilia García Saldívar.-

Ecos de sabiduría: “Podremos pagar un préstamo en oro, pero moriremos endeudados para siempre, con aquellos que son bondadosos”

José Saramago, escritor.

 

La puerta crujió al cerrarla y Marianela se fijó que se había roto y ya no cerraba bien… ¿Qué haré ahora? -se preguntó- ¿Cómo voy a dejar la puerta abierta, ahora que hay tantos robos? Luego miró a su alrededor y vio un cuartito miserable, varias cajas servían de cama, y no tenía colchón, solo una vieja colchoneta y una cobija rota, el resto del cuarto era una cocinilla con un bracero, y unos cuántos platos y tazas en otra caja… ¿Qué me pueden robar a mi? -Se dijo Marianela- Soy más pobre que una rata, porque ésta de perdido corre, y yo… ¡Apenas puedo andar! Las fiestas de Navidad habían pasado con risas y júbilo para los que tenían dinero, pero Marianela sólo pudo adornar su casa con unas ramas pelonas que trajo del campo, las pintó, luego les colgó unos dulces que le dio Doña Tencha y eso sí, se esmeró en el portal de nacimiento donde colocó un sonriente niño, con los deditos rotos, y un raspón en la carita, pero sirvió todo para darle ambiente navideño ahora ya se preparaba para recibir el nuevo año, una carga de ilusiones bullía en su cabeza, y también de pendientes, y ahora el nuevo pendiente.. ¡La puerta de su casita rota!

Luego pensó en Damián el carpintero vecino de ella y se dijo… ¡Iré a decirle que me la arregle! Y como lo pensó… ¡Lo hizo! Fue a verlo…

-¡Damián, buenos días!

-¡Buenos, doña Marianela!… ¿En que la puedo servir?

-Ay Damián, fíjate que la puerta de mi casa se rompió, y queda mal cerrada, ¿Quieres arreglarla por favor?

-Claro, seño Marianela, hoy por la tarde voy, sólo termino este trabajo que tengo, y voy con “uste”…

-¡Gracias Damián!

Marianela se fue contenta, y pensó “voy a hacerle unas gorditas de manteca,” ¿Pues con qué le pago?

Llegó esa tarde Damián el carpintero con clavos martillo, pegadura y esmalte, amén de brochas y aguarrás, saludó, y empezó a componer la puerta siguió con los cajones de la cocina y le hizo un trasterito, le unió los cajones que servían de cama, le arregló la ventanita, tomó otros dos cajones y le hizo un buró, luego pintó de alegres colores el trastero, la ventana y el buró, le quitó las telarañas que había y le compuso con palmas el hoyo por donde se metía el agua, la casita de pronto se iluminó por que las sombras brincaron a esconderse, le compuso el cable roto de la luz, Marianela estaba encantada, y le decía una y otra vez a Damián…

-¡Ay hijo, que Dios te dé el cielo! Con qué te pago tanta ayuda…

-Pues… ¡Invíteme a cenar unas gorditas, de esas que está haciendo seño Marianela!

-¡Claro hijo, te las estaba haciendo a tí!

Se sentaron en dos banquillos que tenía Marianela y cenaron gorditas, huevo y frijoles… ¡Qué de cosas platicaron! Marianela habló de su niñez, del rancho donde vivía, Damián la escuchó con gusto, le hizo preguntas y luego le dijo…

-Seño Marianela, yo ya no tengo Mamá, la extraño mucho, déjeme ayudarle, arreglarle su casita platicar con “usted,” de todos mis sueños, mis equivocaciones, mis recuerdos, le traeré a mi esposa y mis dos niños, pa que les platique cuentos, historias y me los bendiga siempre…

Marianela enmudeció de pronto, pero luego una gran sonrisa apareció en su rostro, se sentía contenta, feliz, una familia aparecía en su vida, cuando más sola y olvidada estaba, luego abrazó a Damián y le dijo…

-Para tus hijos seré una abuela, para ti y tu esposa todo mi cariño, hoy con tu bondad me has hecho feliz, doy gracias a Dios… ¡La familia de un hijo aparece de pronto en mi vida! ¡Bendito seas tú, bendito Dios por sus bondades, un bendito año nuevo me llena la vida de gozo!…

-¡Año Nuevo! Ha llegado con su carga de ilusiones, de proyectos y de realidades plenas. – En una banca de la Iglesia escuchan la misa de media noche, una familia recién formada con aletazos de bondad, Damián, sus hijos y su esposa estrenan a una abuela, que llena de misticismo, y con el alma agradecida, platica con Dios. -¡Gracias Señor por darme en este nuevo año, unos hijos amorosos, mi alma está llena de tí Señor, protege a mi hijo Damián, consérvale su bondad, y dale a toda esta familia tu protección, yo seré Padre mío, la dichosa abuela de esta familia, es el mejor regalo que me podías haber hecho en este año nuevo!

¡Afuera los gritos los cuetes y los bocinazos de los carros, celebraban el nuevo Año! El año 2018, hizo su aparición, con una carga de alegría, bondades, y acción de gracias a Dios, y una abuela dichosa y recién estrenada da su amor a la familia que Dios, en su bondad, le mandó.

 

 

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