Reflexión Dominical

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Antonio González Sánchez.-

En el ritmo de la Liturgia de la Iglesia católica, el lunes pasado con la festividad del “Bautismo del Señor” se terminó el  tiempo de Navidad. Y ha iniciado la primera parte del Tiempo Ordinario. De tal manera que se puede decir que las lecturas de este domingo, –que ya es el segundo del tiempo Ordinario–, son continuaciones de esta fiesta.

De manera particular el texto del Evangelio, Jn 1, 35 – 42. La primera lectura tomada del primer libro de Samuel 3, 3 – 10. 19, habla de un joven que se iniciaba en la experiencia de Dios mediante el servicio al Templo, bajo la guía espiritual del sacerdote Elí. Su poca experiencia no le permitía distinguir la voz de Dios de entre las demás voces, cuando él lo llama y pronuncia su nombre: “Aún no conocía Samuel al Señor, pues la palabra del Señor no le había sido revelada”.

En el texto del Evangelio se presenta otro encuentro: el de los discípulos de Juan el Bautista, Andrés y Simón. Ellos bajo la guía espiritual del Bautista, se iniciaban en el compromiso con el Reino de Dios. Juan les ayuda a reconocer al Señor cuando pasaba delante de ellos: “Éste es el Cordero de Dios”. Título con el que el evangelista san Marcos identifica a Jesús (1, 11) cuando es ungido por el Espíritu Santo después de ser bautizado en el Jordán.

“Los discípulos, al oírlo hablar así” (Jn 1, 37) respondieron y dispusieron su vida tomando la decisión de seguirlo, previendo, tal vez, que habría un compromiso. “¿Qué buscan?”. A partir de ahora, ya no serán Elí o Juan los guías. Por eso, la pregunta “¿dónde vives?” viene seguida de una respuesta retadora: “vengan a ver”, que pone en tensión, aún más, la disposición de los seguidores, pues ese lugar puede ser cualquier sitio. “Vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día”. Ese encuentro da como primer resultado un testimonio fecundo y fértil.

El creyente, cuando escucha y reflexiona esta Palabra de Dios debe aprender a estar atento a la voz de Dios, y tener el valor de decir a los demás lo que dice Andrés “Hemos encontrado al Mesías”.

Se puede orar con palabras del Salmo 39: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu  voluntad. En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es Señor lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón”.

Que el Buen Padre Dios les acompañe cada día de la semana.

 

 

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