Relatos De Todo Y De Todos

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Nunca es tarde para amar

Eduardo Narváez López.-

Juan Platas accidentalmente le pegó un balonazo a Carmita, cuando ésta iba a la tienda a comprar unos refrescos. El golpe hizo caer a Carmita, quien de inmediato fue auxiliada por el propio Juan. La acompañó a su amplio departamento de Narvarte. Le dio un masaje ligero sobre el vientre, pasándole las manos por su terso cuerpo, Juan percibía que Carmita se estremecía, vibraba y temblaba.

-Creo que el golpe fue grave, debemos llamar a un médico, no vaya a tener alguna hemorragia interna.

Carmita sintió un alivio que Juan supusiera que se estremecía de dolor, cuando en realidad era por la emoción de sentir sobre su piel unas manos juveniles, fuertes, nervudas, varoniles. “No se preocupe joven, pronto pasará, le agradezco sus atenciones. Quédese un rato mientras se toma un café que enseguida le prepararé”

-Usted debe reposar, yo prepararé café para los dos, me llamo Juan Platas. Usted es …

-Mary Carmen Mendizabal y Arenas. Dígame Carmita.

-Mientras está listo el café, ¿le gustaría que le aplicara un masaje en la espalda? Cuando jugaba futbol americano en la universidad, el masajista del equipo me enseñó cómo hacerlo.

En realidad Juan tomó un curso de masajes eróticos para aplicarlos con sus clientes, que no en pocas ocasiones enloquecían de placer. Como ahora Carmita, que hacía esfuerzos por contenerse, lo que no pasó desapercibido para Juan, quien por costumbre empezaba a medir la libido de su compañía en turno. Tres horas después Carmita y Juan platicaban como si se conocieran mucho tiempo atrás.

-Juanito, abusando de su generosidad ¿podría practicarme un masaje en el cuello y en el pecho?, son taaan deliciosos. Estoy segura de que por primera vez en mucho tiempo harán que duerma como angelito. ¿Cuándo podría venir de nuevo? Me ha agradado tanto su compañía que por momentos pienso que ha sido tan sólo un sueño.

Carmita estaba sorprendida de sí misma: hace mucho que no trataba con alguien por más de una hora. Ahora llevaba cuatro con Juan sin que lo hubiera increpado o tenido alguna contrariedad. Es más, nunca vertía más de un elogio. Su marido siempre la satisfacía con cuanto deseaba. Y ella creía sin dudas merecerlo todo por su mediana belleza. Muy pagada de sí misma. Sus hijas se habían casado con buenos partidos, por lo que no tenían necesidad de congraciarse con ella para ganarse la herencia. Mary Carmen tenía unas siete amigas con las que reñía constantemente. Todo por deslenguada. Cuando las invitaba a comer a su departamento no aceptaba que llevaran un vino o un postre: “Aquí nadie viene de “traidora”. Tengo suficiente de todo, a mi no me traigas tus cosas corrientes”. Si la amiga pedía repetir un plato, comentaba a las demás que fulana era “una muerta de hambre”.

Tiempo después confesó a Juan Platas sus desmedidos despropósitos, por lo que a veces, por meses, no recibía tan siquiera de sus hijas una llamada telefónica. Es cuando se sentía terriblemente sola, desconsolada y a punto del suicidio. Ahora que contaba con la compañía de Juan, de tratarlo amablemente y con un cariño creciente, se daba cuenta de que prácticamente no había vivido plenamente.

Juan Platas a su vez le relató su vida de estudiante preparatoriano cuando se inició como sexo servidor, justificándose porque no era uno de tantos que fácilmente caían en la degeneración. Él llegó a tener relaciones con mujeres maduras y muchas de más edad que ella, Carmita, casi siempre cultas, preparadas o millonarias, pero que carecían de amor o comprensión, o tener maridos abúlicos, sin interés en hallarle sentido a la vida. Él no se concretaba en servirlas sexualmente. Les proporcionaba cariño, comprensión, interés en saber de sus propósitos o metas. De varias se enamoró, pero rehuyó compromisos por salvar hogares. Fue acompañante de ejecutivos y diplomáticos con quienes podía sostener pláticas de altura sin llegar al sexo. En un par de ocasiones creyó haberse enamorado de ellos, pero al analizar detenidamente sus filias, determinó que sus sentimientos eran de admiración por la cultura, presencia y finos modales de sus clientes. También en dos ocasiones le solicitaron sexo sus clientes; en estas ocasiones les explicó que sus sentimientos hacia él, Juan Platas eran de admiración por sus virtudes que sin ser engreído sabía que las tenía.

Desde que se conocieron, Juan se percató, al masajear a Carmita, que ésta aun conservaba sus carnes macizas, consistentes, no tenía lonjas ni piel flácida y conservaba caracteres finos que adivinaban haber tenido una belleza juvenil. En aquellos momentos que ella lo miraba con cierta lascivia, pensó que no estaría mal si las circunstancias se prestaban para tener relaciones íntimas con ella. En diversos encuentros con señoras de edad se encontró con sorpresas agradables que disfrutó con creces.

-Oye Juanito, me estoy acostumbrando a tu compañía. Me decías que ganarás 50 mil pesos mensuales como subdirector de la dirección general del Gobierno federal en donde vas a ingresar, no obstante que no te gusta la vida burocrática que está llena de traiciones, servilismos y corrupciones. Te ofrezco que seas mi caballero de compañía por un poco más de esa cantidad. En poco tiempo podrás liberar la hipoteca de la casa de tus padres. Tú me dijiste que eso no era prostitución; que así como había damas de compañía de hombres o mujeres, había hombres acompañantes de otros hombres o de damas.

Un año después en el cumpleaños de Carmita, Juan la invitó a cenar a un restaurante en donde brindaron con champaña y bailaron gran parte de la noche pegando sus mejillas. Y sucedió lo que tenía que darse, como si se hubiera dado tiempo atrás. Carmita por primera vez en su vida lucía radiante de felicidad. Sus hijas y nietos no podían creer el cambio, incluso recuperó sus amistades que le festejaban su conquista. Juanito le correspondía sin sentirse un prostituto, porque realmente la amaba. La presentó a sus padres, quienes en un principio se desilusionaron por no tener nietos por parte de Juanito, aunque aprobaron el compromiso al saber feliz a su hijo. Juan liberó la hipoteca de la casa de sus padres, consciente de que su trabajo era honesto y que de paso logró la felicidad aunque por momentos le entristecía pensar que no tendría hijos.

En los restaurantes o eventos sociales la pareja era la comidilla de todas las pláticas. Que la señora era una asalta cunas, que el joven era un conocido chichifo que causó escándalos entre gente de la alta sociedad. Ellos hacían caso omiso a los chismorreos y a los envidiosos de la felicidad ajena.

-Juan, mi nene hermoso me gustaría que pasáramos una temporada en Europa, lejos de comentarios insidiosos y malvados. Quiero disfrutar compartiendo mi fortuna contigo, olvidémonos de todo y de todos.

Fue el inicio de una serie de viajes por todo el mundo, sin que nadie empañara la felicidad de aquella pareja dispareja en edades, no así en cuanto a dichas.

Juan Platas tomaba la copa en un bar de Polanco. Reflexionaba sobre lo que le deparaba la vida al lado de Carmita, quien contaba 74 años y el ya era un hombre maduro de 40. Tenía la esperanza de que algo sucediera para que llegara a tener hijos. De pronto sintió la presencia de alguien parado a su lado. Era una damita de su edad que exclamaba: ¿Juan Platas? ¡Mi Juanito de oro y plata y de buena reata!, ¿pero es que no me recuerdas? Hace quince años de la universidad nos íbamos de pinta a Mi último Refugio, el motel cerca de C.U.

-¿Monina?, pero qué cambiada estás, más linda que nunca. Cuando regresaste de París.

-Hace ocho años, supe que andabas por Europa y después de trotamundos con tu pareja. Yo me regresé divorciada. Mi marido está casado con su dinero. Mi hijo ya es un adolescente. Para festejar el encuentro, ¿vamos a Mi último Refugio?

Carmita supo de los encuentros de Juan Platas con Monina, por lo que habló seriamente con él.

-Juanito, mi amor, sé que te estás viendo con una antigua compañera de la universidad. Fueron novios. Me llena de alegría que esperan un hijo. Sé que sueñas en ser padre. Sabiéndote feliz lo soy yo. Has de saber que en mi testamento estas como heredero universal de todos mis bienes. Ahora sé porque aquella famosa actriz murió contenta sabiendo que su caballero de compañía tendría una vida sin problemas económicos y recordándola por siempre. Visítame cuando puedas y tráeme a tu hijo para conocerlo. Que seas feliz ahora y siempre.

 

 

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