De Política, Administración y Resultados

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Para fumadores

Jaime Elio Quintero García

 

 

Durante años, las grandes empresas tabacaleras internacionales han medido fuerzas con las autoridades sanitarias, a partir de sostener, por una parte que el tabaco no es tan dañino como se dice y por la otra, que sí es un generador de enfermedades pulmonares que llevan a padecimientos cancerosos. Estos dos puntos de antagonismo radical, estarán superándose en los próximos años, ya que ambas partes han encontrado un punto medio y alternativo.

Este punto alternativo consiste en hacer uso de la tecnología para atraer a los fumadores de tabaco hacia nuevas opciones que reduzcan los daños a su salud. No obstante de entender que es difícil satisfacer las necesidades de nicotina de los usuarios del tabaco, y más aún, lo es, modificar sus hábitos de consumo. Por lo que se necesita crear una estrategia de mercado que deje claro los perjuicios y beneficios que conlleva la utilización de sustancias alternativas que reduzcan el cáncer en los fumadores.

Modificar el mercado del tabaco, hacia la nicotina, es un acto de contra cultura, y por lo mismo de cuidados comunicacionales y desde luego de perseverancia en el tiempo. Por lo que las partes formaron una comisión que estudie marcos regulatorios eficientes y aceptables culturalmente, que adviertan los daños que pueden causar los medios alternos de consumo propuestos.

Resulta interesante, y en opinión propia, muy conveniente ver los compromisos de financiamiento asumidos tanto por el Gobierno en materia de salud, como por las empresas que expenden tabaco. Mire usted amigo lector, cómo no va ser interesante estudiar y observar la evolución de una estrategia de mercado, que busca mover los patrones de consumo seguidos por siglos y generaciones completas de fumadores que contaminan con humo de tabaco su entorno social y laboral, con lo que multiplican en forma importante los daños a la salud, hacia el consumo de nicotina oral, por medio de una pastilla, cápsula, o parche sobre la piel.

El intento de antemano es prometedor, y más aún, la evolución que han de seguir las empresas, el ente regulador y los mismos consumidores, así como la selección de las herramientas de mercadeo y las voluntades de millones de consumidores, que aparte del perjuicio a su salud, provocan un inmenso dispendio de recursos fiscales y privados en medicamentos, equipamiento y ocupación hospitalaria dedicados a personas enfermas que no se van a recuperar, ni volver a la vida productiva, pues el cáncer es, finalmente, una enfermedad letal.

Las sustancias que se propone emplear, ya están en el mercado, y se han empezado a utilizar algunas de ellas, con éxito probado, en países como Suecia, Reino Unido y Nueva Zelanda. En estos lugares el uso del snus, un estimulante de uso oral, que contiene nicotina y no requiere ser fumado, ha ayudado a baja r las tasas de morbilidad por cáncer pulmonar de manera importante, al provocar que tres millones de personas cambien a productos sin humo.

En este esfuerzo de transformación están participando en Estados Unidos, tanto el Gobierno federal como regulador, los empresarios de la industria del tabaco dispuestos a hacer ajustes históricos, a fin de diversificar sus productos, medios de producción y por supuesto sus herramientas y mecanismos publicitarios de mercadeo, además de organizaciones civiles que durante años han luchado legalmente y por otros medios en contra del uso pernicioso del tabaco.

En verdad se trata, amigo lector, de una recomposición y feliz encuentro, entre un añejo problema la salud pública y una industria dispuesta a cambiar e innovar, en bien de los consumidores y la racionalidad del gasto público en materia de salud. Un acto sano de administración pública y prometedores resultados.

Nos vemos y leemos el próximo martes.

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