Déjeme Y Le Platico De Un Libro

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Anomalías democráticas

Jaime Elio Quintero García.-

Es tanta la ansiedad pública que han creado, en su propia ansiedad, los medios de comunicación, cuya histeria, por cierto, camina de manera paralela a la esquizofrenia comunicativa que se ventila en las llamadas redes sociales, que han enviciado tanto y de tan fea forma el entorno cívico electoral de este país, que podría suponerse el advenimiento de un final político trágico y lamentable.

De por sí este un país asediado por mil anomalías institucionales, sociales, políticas y económicas que muchas veces, mucha gente, se pregunta qué diablos vamos a hacer con esta democracia mexicana, que no logra alcanzar la serenidad, prudencia y ecuanimidad, que para bien de todos, pide y exige la nación entera. Es hasta ahorita, la democracia mexicana, una suerte de actitudes beligerantes, ofensas por todos lados, y de todos contra todos, difamaciones aberrantes y nada edificantes que tan solo han servido para enfrentar a la sociedad mexicana.

Mire usted, amigo lector, es tan epidémico el mal ambiente que se vive en el libertinaje de la intercomunicación personal digital (redes sociales), que tan solo prevalecen en sus mensajes y dichos los insultos y agravios, en un lenguaje de carretonero y propio de los estratos sociales más bajos y ruines, sin que esto tenga que ver con la pobreza y la educación académica, y sí, por el contrario, con la cultura, entendida esta como el cuadro de costumbres, valores, creencias, usanzas domésticas y de familia (buenas costumbres), que le dan cohesión y viabilidad a una nación.

Cuando la competencia política se vuelve lucha guerrera, y sale de las esencias de un conjunto de políticas públicas ordenadas y jerarquizadas en un plan y propuesta de gobierno, todo o casi todo se pierde, ya no hay referentes serios que orienten o definan las rutas del desarrollo consolidado y benéfico para todos, y el elector entonces, lucha también entre sus pasiones y arengas irresponsables de los actores políticos, y el buen sentido común, con lo que la reflexión serena y edificante se ausenta del escenario y se pierde el rumbo y el destino.

Tan solo mire usted, amigo lector, el consolidado de las encuestas más serias de la semana que hoy concluye: le dan al señor López el 25%, al señor Meade 23%, y al señor Anaya el 22%. Pero al renglón de indecisos le dan el 30%. Luego entonces, la lectura elemental de estas cifras es sin duda, que la mayor parte de los encuestados son personas que buscan algo más que el espectáculo mediático del día a día, que mal ofrece la perniciosa lucha electoral.

El complemento y razonamiento de estos datos viene cuando se compara el nivel de conocimiento que se tiene de cada uno de los actores, contra la determinación del voto. Es decir, cuando se confrontan las preguntas: conoce usted al señor López, y la cifra sumada es 97%, votaría usted por él para la Presidencia de la República, y la sumatoria es 30%. En el caso del señor Meade, el primer dato llega al 83%, y el segundo al 57%. Lo que significa que al señor López lo conoce casi todo mundo, pero solo un tercio estaría dispuesto a darle su voto. Por otra parte, al señor Meade lo conoce menos gente, pero estarían dispuestos a votar por él 70% de los que lo conocen.

Las cifras para el señor Anaya están por debajo de las antes expuestas, lo que significa, en primera instancia, que hasta ahora la lucha pareciera encaminarse hacia dos adversarios principales. Si a esto se le agrega el supuesto de que quienes deciden más con las pasiones y las vísceras ya se han decantado, bien podría suponerse que una buena parte siguen de cerca las reflexiones, propuestas, experiencia y preparación de los señores Meade principalmente, y Anaya subsecuentemente.

GRACIAS POR SU TIEMPO.

 

 

 

 

 

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