Pilares del comercio

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El cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre, recuerda a una de las familias más emprendedoras de mediados del siglo pasado, quienes se convirtieron en grandes proveedores con sus negocios.
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Shalma Castillo.-

Cd. Victoria, Tam.- “A Dios le debo la vida… y la ropa a Los Medina”… rezaba la frase popular allá por la década de los sesenta, setenta y hasta los ochenta.

Aún la economía popular no estaba en auge en la Capital estatal y solo algunos cuantos empresarios locales, tenían sus negocios en el centro de la Ciudad.

En vehículos de lujo de diferente marca. Fidencio y Delia paseaban por las calles de Victoria…

Muy populares y conocidos… ellos eran identificados por todo mundo simplemente como… Los Medina.

Una historia pintoresca de personajes populares de nuestra Ciudad, que aún recuerdan nuestras personas adultas. Quizás ellos también debieron en algún momento la ropa a esta emprendedora familia…

Y para conocer un poco más sobre estos personajes, el cronista de nuestra Ciudad, Francisco Ramos Aguirre, nos relató sobre su historia.

“Los Medina, así se conocía a esta pareja de hermanos que eran Fidencio y Delia, fueron dos personajes populares que llegaron a tener buena celebridad en Victoria”.

Aunque la familia Medina Garza estaba integrada por Juan, Fidencio, Delia, y otros tres hermanos más que llegaron muy jóvenes a la Ciudad capitalina.

Eran procedentes de Cruillas, se instalaron en Victoria como comerciantes y pusieron una tienda en el 15 Juárez, enfrente de Palacio de Gobierno.

Este negocio denominado “La Económica”, además de ser mueblería, vendían todo tipo de utensilios y ropa.

La forma de venta de Los Medina, en su mayoría era por abonos, y fueron tan exitosos que mucha gente de Victoria se compraba su ropa y artículos ahí.

En aquel entonces los aboneros iban a las casas de las personas y ahí cobraban el artículo adquirido…

El resultado de su éxito los llevó a acumular mucho dinero, y por las características de las transacciones comerciales que ellos hacían, adquirieron muchos terrenos, bienes e inmuebles y residencias de mucho valor que ahora podemos admirar.

Uno de esos bienes fue la Casa Filizola, otro un hotel muy famoso en la época de los 40’s ubicado en el Ocho Abasolo, cuando la carretera nacional pasaba por ahí y era un tránsito obligatorio de los turistas, hacía que tuvieran muchos huéspedes en el lugar.

La casa donde ellos vivían está ubicada en el 16 Morelos, en la esquina, y parte de ese sector, incluyendo las antiguas oficinas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, eran terrenos que pertenecían a ellos, también en el 17 Juárez en la esquina, una residencia que fue construida en 1947, entre otros.

Después de tanto éxito en las ventas, de repente de un día para otro, sin remate, ni aviso a la ciudadanía, la famosa tienda cerró sus puertas en los años ochenta.

Que de acuerdo a fuentes de ese entonces, se presumió que fue debido a situaciones de conflictos emocionales que tenía Juan, el hermano mayor.

“Juan empezó a imaginar que había gente que pretendía para un noviazgo a sus hermanos, Fidencio y Delia, y esto lo hizo caer en una crisis emocional y cerraron el negocio de la noche a la mañana…

Uno de sus cobradores, Nicolás Hernández Barrón, recuerda que de repente Juan le dijo: “‘vamos a cerrar la tienda’, y ahí se quedó todo, ni siquiera un remate, ni avisarle al público, al último muchos que tenían abonos pendientes disfrutaron de esta concesión que se les dio”, mencionó el cronista.

Después de eso, Delia y Fidencio empezaron a tener problemas fuertes en cuanto al temperamento, pues se decían ser perseguidos.

Su paranoia llegó a tanto que publicaron dos desplegados en el periódico, uno en 1991 y uno en 1992, donde se quejaban de un acoso por parte de los “porros”, y señalaban que le estaban haciendo brujería.

Decían que ellos estaban siendo embrujados, en especial Delia, y esas brujerías tenían un objetivo específico, “en las partes nobles” y que eso había deteriorado la salud de su hermana…

E incluso una de las cartas se la dirigieron a Jorge Carpizo Mc. Gregor, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos a nivel nacional de aquel entonces, así como otras al que era gobernador de Tamaulipas en esa época, Américo Villarreal Guerra, donde se quejaban de esas situaciones de persecuciones, que en realidad eran imaginaciones de ellos.

“Dr. Jorge Carpizo Mc. Gregor, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. A la opinión pública… Sigue consumándose el crimen con brujería y torturas visibles e invisibles de la señorita Delia Medina Garza, hermana del suscrito…

El agente del Ministerio Público Investigador, Lic. Martín Alfredo de la Fuente, después de cinco meses 20 días de haberme ratificado el escrito en el que se señalaba domicilios contiguos al nuestro donde se introducen las personas no identificadas (porros) que están ejecutando la brujería, no ha iniciado investigación alguna para proteger la vida de mi hermana…

Ahora las agresiones con brujería afecta todos los órganos del cuerpo, pero principalmente las partes nobles, son con más fuerza e intensidad para que las torturas alcancen a lastimar, destruir los órganos y ocasionar la muerte…

Por lo anterior expuesto esperamos su valiosa ayuda en este moderno crimen que están realizando con toda impunidad las personas autores intelectuales y las que ordenan y lo ejecutan que pretenden quedar sin castigo como honorables asesinos”… atentamente Fidencio Medina Garza, publicado el 19 de febrero de 1992, decía una parte del escrito.

Desde entonces se volvió una característica muy peculiar de Los Medina el que hicieron de sus automóviles una especie de hogar o habitación, en los cuales transitaban por diversas calles de la Ciudad, principalmente por la zona de centro.

Delia y Fidencio permanentemente vivían en sus carros últimos modelos.

Los dos transitaban diariamente por el centro, ahí traían su ropa, ahí comían y seguramente hasta dormían también, eran coches con aire acondicionado…

Buscaban horas estratégicas del día para estacionar su automóvil e ingerir sus alimentos bajo la sombra de un árbol, la gente los veía, ellos sonreían.

“Se trataba una especie de delirio, persecución o paranoia que ellos padecieron, a diferencia de otros personajes populares que no tienen recursos económicos y se dedican a deambular por las calles para ganarse la vida, en cambio ellos eran personajes pudientes”.

Los Medina todo el día recorrían las principales calles de la Ciudad, gastando gasolina y disfrutando el aire acondicionado.

Era un carro lleno ya de artículos, a veces ya con desechos de comida y empaques.

Algo que recuerdan muchas personas era que a Delia le decían “la moñitos”, y el cronista nos compartió que era por un peinado característico que usaba y lo adornaba con una especie de moñitos chiquitos.

“Fue una pareja muy peculiar y conocida en el centro de la Ciudad, era una familia aceptable dentro de la clase alta porque habían reunido un muy buen capital económico”.

Dos de sus propiedades; la Casa Filizola que ahora ocupa la Pinacoteca y el inmueble del hotel Florida de la calle Ocho Abasolo fueron donados a Gobierno.

“Deberían ser dedicadas y tener reconocimiento en memoria de ellos, porque es de los pocos empresarios, aunque de manera involuntaria, cedieron para que se convierta en un museo”.

Los recorridos que realizaban en el carro, empezaron alrededor de 1889 hasta el final de su vida, pues vivían con esa persecución en su mente.

A Los Medina la gente los respetaba, hablaba de ellos como una cosa exótica, extravagante dentro de la ciudad, y nunca fueron molestados por las personas que los veían.

Y aunque son seis hermanos los que integran la familia Garza Medina, los personajes populares eran la pareja de hermanos Fidencio y Delia y Juan también porque era un comerciante exitoso que se hizo famoso con la frase; “mucha gente lo apreciaba, les dio empleo a muchas personas, ellos tres no dejaron descendientes, sus hermanos sí”.

También se dice que a la mamá de los Medina Garza en vida la veían en la terraza de la tienda, le gustaba tejer y ahí la apreciaban tejiendo chambritas, ya que tenía habilidad para eso.

Finalmente, Juan Medina Garza falleció el cuatro de marzo de 1994, y Fidencio Medina Garza el uno de julio de ese mismo año, y Delia Medina Garza el nueve de abril de 2003.

¿Y a quién no le han dicho que su coche parece al de Los Medina cuando lo traen un poco desordenado o con varios artículos dentro de él?.

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