Voz ciudadana

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Porfirio Díaz, ¿héroe? o villano

 

Alicia Caballero Galindo

Primera parte

 

La Revolución Mexicana, se inició con el derrocamiento de Porfirio Díaz, quien se había convertido en un cruel dictador manteniendo hundido al pueblo en la más terrible miseria y sometido a violaciones permanentes de sus derechos ¿Qué sabemos de su vida? ¿Cómo llegó hasta la presidencia?

 

La Historia de México, se enseña por etapas; la prehispánica, la conquista, la independencia, Época juarista, etc. pero por desgracia no se enlazan una época con la anterior y la posterior, se forman islas informativas en lugar de una cadena bien articulada, lógica, congruente y secuencial para poder comprenderla mejor. Los personajes históricos, ya sean héroes o villanos, sólo sabemos qué hicieron bien o mal, pero desconocemos cómo se educaron y cómo crecieron hasta llegar al poder. Muchas veces desconocemos hasta sus nombres completos. . .

El detonador que encendió la flama de la Revolución Mexicana, fue indudablemente la cadena de injusticias cometidas por los terratenientes y extranjeros que poseían poder económico, encabezados por Porfirio Díaz, que por más de 30 años, gobernó el país para beneficio de una minoría. Para darnos una idea, el territorio total de la nación, estaba en manos de  un poco más de 80 terratenientes, que eran dueños, como en el feudalismo de las tierras y las vidas de las gentes que la trabajaban. El nombre completo de tan controvertido personaje es José de la Cruz Porfirio Díaz Mori; nació en Oaxaca de Juárez, entonces provincia de Antequera el 15 de septiembre de 1830. Hijo de José Faustino Díaz y  Petrona Mori. Aunque de origen español, su padre era  criollo y su madre  era, media sangre india de raza mixteca y media española. En 1846 Porfirio Díaz. Ingresó al seminario, que abandonó en 1850.  Después de conocer a su coterráneo Benito Juárez, ingresó al Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, de una ideología considerada herética por ser un tanto liberal. Tras egresar de dicho instituto, se unió a Juan Álvarez, quien dirigía la Revolución de Ayutla, contra Antonio López de Santa Anna. A la caída de Santa Anna, Benito Juárez, fue nombrado gobernador de Oaxaca, mientras que a Porfirio Díaz se le confirió el mando político en Ixtlán. En 1859, estalló la Guerra de Reforma, provocada por la promulgación de la Constitución de 1857, donde participó como militante en las fuerzas liberales al mando de Jesús González Ortega. Luego del triunfo liberal, Porfirio Díaz se convirtió en diputado por su estado natal, y en abril de 1861 le fue concedido el cargo de general de división por sus altos méritos como militar. Fue herido de gravedad más de una ocasión en batalla pero su naturaleza sana le permitió recuperarse satisfactoriamente.  Siempre tuvo una personalidad fuerte y  magnetismo personal, razones por las cuales, se le daba en forma natural gran poder de convocatoria por ser  conocedor y observador de la naturaleza humana. También tenía una especial habilidad para organizar ataques súbitos y emboscadas exitosas, cualidad que lo hizo merecedor de grandes triunfos y menciones honoríficas. Creó una fábrica de municiones, organizó una policía secreta y fue vencedor de 12 batallas durante la Guerra de Reforma.

Participó bajo las órdenes de Ignacio Zaragoza, el cinco de mayo de 1862, en la toma del Fuerte de Guadalupe. Por su arrojo al frente de sus hombres y su habilidad como estratega, logró vencer al enemigo y hacerlo correr. Por órdenes de Zaragoza no continuó la persecución de los franceses en huida. Ese mismo día, Juárez recibió una carta de Zaragoza mencionándole los detalles de la batalla, y haciendo hincapié en «el empeño y bizarría del ciudadano general don Porfirio Díaz.» Durante la intervención francesa, fue capturado y encarcelado en el Convento de las Carmelitas en Puebla, pero escapó, gracias a sus habilidades ya mencionadas de saber conocer las debilidades de los demás y aprovecharlas. Había entablado amistad con el encargado de la prisión, el barón húngaro Louis de Salignac, aunque éste descubrió la fuga, no quiso detenerlo, lo dejó ir.

Una vez libre, de inmediato se abocó a organizar de nuevo a su gente y con un centenar de hombres que reunió el 20 de septiembre de 1865, continuó su lucha contra los franceses. Se trasladó a Oaxaca, su estado natal después de un año de reunir soldados y pertrechos. A su llegada,  fue apoyado por el viejo cacique liberal Juan Álvarez. Reorganizó el Ejército de Oriente y con sus tropas triunfó el 3 de octubre de 1866 en la Batalla de Miahuatlán y el 18 de octubre en la Batalla de la Carbonera. Tras más de dos meses de preparación, toma de ciudades de Oaxaca, el Ejército de Oriente tomó la capital la noche del 27 de diciembre. De inmediato Díaz se erigió en gobernador provisional, destituyó y ejecutó a las autoridades francesas. Al Arzobispo de Oaxaca que trató de contrarrestar su autoridad lo mandó ahorcar por el delito de rebelión. Cuando Díaz salió de Oaxaca, en enero de 1867, nombró como gobernador sustituto a Juan de Dios Borja.

En ese mismo año, 1867, Napoleón III ordena el retiro de tropas francesas de México; con este hecho, se inicia la declinación y caída del imperio de Maximiliano. Durante toda la intervención francesa la figura del general Porfirio Díaz, fue de entrega y patriotismo como miembro del Partido liberal. Con el fusilamiento de Maximiliano en el Cerro de las Campanas de Querétaro, llega a su fin el imperio de Maximiliano. Cuando Juárez llega  triunfante a la capital del país, reconoce públicamente el valor del general Porfirio Díaz. En su discurso final del 15 de julio, día en que entró a la capital, Juárez reconoció públicamente a Díaz, quien fue premiado con una división y una hacienda en Oaxaca, conocida como Hacienda de La Noria, donde años más tarde sería proclamado el Plan de La Noria. Su hermano Felipe fue electo gobernador de Oaxaca, por votación popular, cargo en el que estaría hasta 1871. Tras ello, Díaz se retiró a Oaxaca a vivir.

En cuanto a su vida amorosa, sus biógrafos afirman que durante las guerras, se relacionó con algunas mujeres, pero a la que más quiso fue a Juana Catarina Romero, durante la Guerra de Reforma. Se dice que hizo  pasar el ferrocarril frente a la casa de ella para poder visitarla y saltar del vagón directo a su entrada cuando decidía visitarla. Mantuvo un amorío con la soldadera Rafaela Quiñones, durante toda la guerra de intervención. A principios de 1867 nació una hija de la relación entre Díaz y Quiñones, llamada Amada, quien vivió con su padre hasta 1879 y se quedó en México tras la caída del gobierno porfirista. Finalmente murió en 1962. En 1867, Porfirio Díaz, se casó con su sobrina carnal, Delfina Ortega Díaz, hija de su hermana Manuela; tuvo que pedir autorización de la Iglesia para la realización de este matrimonio consanguíneo. En de esa unión nacieron sus hijos Porfirio y Luz. Al morir su primera esposa se retractó por escrito aunque privadamente de haber apoyado las Leyes de Reforma. Con su esposa y sus hijas Luz y Amada, ésta nacida de una madre juchiteca en los años sesenta, se mostraba tierno y respetuoso. El trato con sus hijos varones, era muy duro, sobre todo con su hijo «Porfirito», a quien apodaban » el Chas» por su desagradable costumbre de estornudar en público; a los doce años lo mandó al Colegio Militar, donde fue tratado con severidad.

Continuará…

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