Facetas

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Hazel Valdez Blackmore.-

Una fábula

No hace mucho leí una fábula que me pareció graciosa y que tiene mucho de verdad.

Relata que Dios creó al burro y le dijo: “Serás bueno, trabajarás incansablemente de sol a sol cargando bultos en el lomo, comerás pasto, no tendrás inteligencia y vivirás 50 años, serás burro”.

El burro contestó; “Seré burro, pero vivir 50 años es demasiado, dame solo 20 años”.

Dios se lo concedió.

Dios creó al perro y le dijo: “Cuidarás las casas de los hombres y serás su mejor amigo, comerás los huesos que te den y vivirás 25 años, serás perro”.

El perro contestó: “Señor, vivir 25 años es demasiado, dame solamente diez años”.

Dios se lo concedió.

Dios creó al mono y le dijo: “Saltarás de rama en rama haciendo payasadas, serás divertido y vivirás 20 años, serás mono”.

El mono contestó; “Señor, vivir 20 años es demasiado, dame solamente diez años.

Dios se lo concedió.

Finalmente, Dios creó al hombre y le dijo; “Serás hombre, el único ser racional sobre la faz de la Tierra; usarás tu inteligencia para preponderar sobre los animales, dominarás al mundo y vivirás 20 años”.

El hombre respondió; “Seré hombre, pero vivir 20 años es muy poco, dame Señor los 30 años que el burro rehusó, los 15 que el perro no quiso y los 10 que el mono rechazó.

Así lo hizo Dios y desde entonces el hombre vive 20 años como hombre, se casa y pasa 30 años como burro, trabajando y cargando el peso en el hombro; después, cuando los hijos se van, vive 15 años como perro, cuidando la casa para luego, llegar a viejo y vivir diez años como mono, saltando de casa en casa, de hijo en hijo, haciendo payasadas para divertir a sus nietos.

Para quienes hemos pasado más de 60 años viviendo como seres humanos, hemos trabajado como burros por más de 30 años; cuidando nuestro hogar, como perros más de 15 años y tenemos más de diez años de tratar de divertir a nuestros nietos.

No estaría mal tomar las cosas con calma, quejarnos menos y dar gracias a Dios por todo lo que nos ha dado. Pudimos trabajar por tantos años (y lo seguimos haciendo), nuestro hogar está cuidado y seguro, convivimos y divertimos y nos divierten nuestros nietos que son, en gran parte, la razón de nuestro diario vivir.

Consideremos todo lo buenos que tenemos. El secreto de la felicidad está en simplificar nuestra vida. En combinar nuestros roles de esposo (a), padre/madre, empleado(a), trabajador(a), etc., pero no buscar la perfección en todo lo que hacemos y arreglárnoslas para que quede un poco de tiempo para nosotros.

Y en especial, demos gracias a Dios porque todavía podemos ser: “burros”, “perros”, “monos” y sobre todo, seres humanos agradecidos y felices.

 

 

 

 

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