Facetas

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Hazel Valdez Blackmore

Disculpas que no son.-

Algo que cuesta mucho trabajo es pedir perdón, pedir disculpas. Y es que es muy difícil reconocer cuando uno tiene la culpa de una situación. Lo más fácil es echarle la culpa a otro, hacernos disimulados y si acaso, pedimos disculpas, la mayor parte del tiempo no lo son.

Al disculparnos, con frecuencia decimos; “lo siento que estés disgustado”, pero, ¿en realidad lo sentimos? Sería más sincero decir que sentimos haber actuado de cierta manera lastimando los sentimientos de la otra persona, aunque quizá no haya sido esa nuestra intención.

Decir “lo siento” ya se ha convertido en hábito en muchas personas que al fin y al cabo siguen haciendo lo que quieren, conscientes o no de que están molestando u ofendiendo y simplemente con un “lo siento” creen que todo queda arreglado.

No olvido cuando nuestro difunto presidente José López Portillo (hace muuchos años). Pidió perdón a nuestros “pobres-pobres”, por la situación en que se encuentran. Creo que esa disculpa no lo fue pues, lamentablemente hizo tan poco por acabar con la pobreza, pasó el tiempo, el ya murió y nuestros “pobres-pobres” aumentaron en número y siguen igual o peor.

Hay personas a quienes invitamos a una reunión y sabemos que llegarán tarde con su acostumbrado “lo siento” y alguna excusa que a veces es difícil creer y seguirán llegando tarde.

Una amiga me habla siempre por teléfono a la hora de la siesta y me pregunta si me despertó, a veces me da a mi más pena decirle que sí, pero ella, tan tranquila, se disculpa y me vuelve a despertar.

Algunas veces se trata una situación que nos afecta y cuando damos nuestro punto de vista, no falta quien, con un simple: “Me dispensas mucho” o “lo siento mucho, pero…” y echa por tierra nuestra postura. La verdad es que ni lo siente mucho ni mucho menos está de acuerdo con nuestra decisión.

Igual sucede con situaciones en las que una persona queda mal con un compromiso o una deuda o promesa, pero no lo reconoce y cuando el ofendido le reclama se hace la víctima o se queja porque lo están haciendo sentirse culpable. Entonces quien resultó ofendido queda en la posición de pedir perdón o disculparse.

Este comportamiento denota un gran egoísmo y, por lo regular, quien actúa así desconoce los sentimientos de culpa, pena o remordimiento, que son esenciales para vivir civilizadamente en este mundo tan complicado.

Debemos aceptar la culpa por lo que hemos hecho mal y si pedimos disculpa, hay que sentirla y tratar de remediar lo que hemos causado.

A la conclusión que se llega es que el disculparse o pedir perdón han perdido valor. Se dicen de manera hueca, por costumbre, pero quien lo dice no tiene ninguna intención de dejar de ofender o molestar. Le importa poco el prójimo y lo que le fastidie. Seguirá revolviendo el periódico que encontró en orden, seguirá dejando la servilleta de papel dentro de la taza de café a medio llenar, (que molesta tanto). Seguirá apachurrando la pasta de dientes, seguirá llegando tarde y despertándonos con sus llamadas y seguirá diciendo “lo siento” de dientes para afuera.

 

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