Reflexión Dominical

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Antonio González Sánchez.-

Hoy se inicia la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos.

Para celebrar la Pascua Jesucristo subió a Jerusalén acompañado de sus discípulos. La entrada en la ciudad fue espectacular: Jesús recibido como rey y aclamado por el pueblo como Mesías. Tal hecho, que desbordó el ánimo de la gente al verlo, provocó a los maestros de la ley, fariseos y sacerdotes, quienes tomaron la decisión de acabar con él: ¡matarlo!

La Semana Santa se abre con este acontecimiento para hacer ver que las obras de Jesús siempre incomodaron a las autoridades judías y este nuevo acontecimiento es el pretexto perfecto para proceder según sus planes, ya que “buscaban un motivo para apresarlo” (Mc 14, 1) e iniciar un proceso en su contra, mismo que se irá plasmando en la liturgia a lo largo de la semana: captura, juicio, condena y crucifixión (la pasión del Señor).

Hoy la liturgia presenta dos hechos contrastantes: se pasa de la fiesta y el gozo a la tragedia y la muerte. Mientras que una parte del pueblo reconoce a Jesús como Mesías liberador; otros ven en él, y en su predicación, una amenaza contra el orden político-religioso y contra la moral tradicional; los primeros lo reciben con el corazón abierto y agradeciendo la llegada de un Reino de justicia y paz: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!; los otros con el corazón endurecido, lo rechazan y lo desprecian.

¿Cuál es la invitación?

A que el Domingo de Ramos no sea una procesión más en nuestra vida, sino un momento de reflexión, sincero y profundo; para preguntarse cómo y de qué manera hemos recibido al Señor en nuestra vida. ¿Qué representa él para nosotros?

A que el recuerdo de la Pasión del Señor no sólo mueva y saque de nuestro interior los mejores sentimientos, sino que nos haga compasivos, es decir, capaces de padecer con los demás, tomando, también nosotros, la condición de siervo.

A que veamos más allá de lo narrado y que, como dice el profeta Isaías, “mañana tras mañana, el Señor despierte nuestro oído para que escuchemos como discípulos” (50, 4).

Se puede orar con las palabras de la misa de este domingo: “Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se hiciera hombre y padeciera en la cruz para dar al género humano ejemplo de humildad, concédenos benigno seguir las enseñanzas de su pasión y que merezcamos participar de su gloriosa resurrección”.

Que todos ustedes vivan una Semana Santa en la oración, reflexión y contemplación de la Pasión del Señor Jesús.

 

 

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