De Política Administración y Resultados

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Liderazgos populistas

Jaime Elio Quintero García

 

 

En todos los análisis (y no exagero al decir que en todos), sociológicos y políticos que se han publicado y a los que hemos tenido acceso, sobre el surgimiento o el resurgimiento de liderazgos populistas, en cualquier parte del mundo donde se den circunstancias, bien sean de coyuntura o sistémicas, de orden, público-administrativo, social o políticos, que los engendren; aparece de manera constante un poderoso componente mediático que perturba la razón de los electores, divide opinión y enfrenta a los pueblos.

El aludido componente mediático, que transforma con inusitada sencillez el dicho y la ocurrencia fácil y ridícula, en noticia que el público devora con inocente avidez, y convierte en tema de debate nacional, algo que ni siquiera podría, en el buen sentido, alcanzar la categoría de tema a discutir. La pregunta obligada es porqué los medios de comunicación masiva, que no los de análisis y reflexión, siguen con tan manifiesta urgencia, al cínico que miente, y le ayudan como inexplicables asistentes a poner en la agenda nacional temas insulsos y copados de sin razón, de manera gratuita y no poco ociosa.

¿A quién beneficia todo esto?, y en dónde queda la responsabilidad social y moral de la clase periodística y de información que hace empresa internacional, nacional o local, y que se dice, o se esperaría fuera, portadora de verdad y congruencia ciudadana. En tanto depende, sería fácil de pensar, entonces, siempre en busca de una respuesta veleidosa también, la viabilidad y solvencia económica de los medios, que han de recurrir a tan dañina y engañosa frivolidad, que a su vez, y por efecto secundario, intencionado o no, convierte en líder y puntero de encuestas, a un personaje cuyo único recurso conocido es la insensatez, la terquedad y el nefasto voluntarismo personal.

El fenómeno en cuestión, es constante en todos los casos de la filosofía rampante del populismo, los medios contribuyen en mayor o menor medida, a que el líder populista se adueñe e imponga, con temas insulsos, de la agenda nacional, que distraiga la atención de lo importante y se privilegie lo anodino. En México, por ejemplo, “la mafia en el poder, tirar la reforma educativa, revertir la relativa a los energéticos, destruir las instituciones republicanas” y decenas más de tonterías. Respaldado todo en dichos y haciendo creer que en este país la política y el quehacer ciudadano, es de dichos y no de hechos, como debería ser.

Vale más entonces, y como conclusión, podríamos decir, lo que se dice sin verificar, que lo que en verdad se hace y logra, vale más el argumento político denostador que la razón y la verdad. Un pueblo que se deja manipular y consiente que entre a su hogar y conciencia el dicho insulso y cargado de maldad y verdadera pobreza, merece, por tanto, volver a pagar el precio y el triste destino del subdesarrollo y la perenne miseria.

Una clase mediática que propicia con su frivolidad la consagración de un líder que amenaza con destruir al país, y lo logrado hasta ahora, con múltiples esfuerzos y sacrificios de todos, debemos todos (y en verdad que no exagero), ponerle grandes y numerosos signos de interrogación y desconfianza. Gracias amigo lector, por su atención y paciencia.

Nos vemos y leemos el próximo martes.

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